«¿Me perdonarán algún día los españoles mis extravíos?»
—Juan Carlos I, Reconciliación
Si adaptáramos la idea de Tolstoi a la monarquía, podríamos formularla así: todas las monarquías estables se asemejan; cada monarquía en crisis lo es a su modo.
Pese a que el derecho monárquico tiene nula racionalidad democrática, las monarquías más o menos útiles comparten unos mismos pilares: neutralidad política efectiva, ejemplaridad personal de sus miembros, transparencia financiera y una relación simbólica sólida con la sociedad. Cuando estos elementos coinciden, la institución es discreta, previsible y garantiza continuidad. Pero cuando una monarquía entra en crisis, la fractura suele ser singular, cada una a su modo. Puede ser por escándalos económicos, por conductas privadas que erosionan la legitimidad pública, por un conflicto mal gestionado o por un cambio generacional que no conecta con la sociedad. En el caso español, la figura de Juan Carlos I baja a los infiernos por una suma de corrupción y arrogancia, lo que él mismo llama "extravíos". Por creerse por encima de la ley enriqueciéndose de manera fraudulenta, no pagar impuestos e instalar la enésima amante y socia en la Zarzuela antes de partir peras y por las comisiones.
La publicación controlada de los documentos del 23-F, que han consolidado la versión oficial, rey. Exactamente, cuando Sabino Fernández Campo evitó la entrada de Armada en la Zarzuela, desvinculando así a la Corona del golpe. monarca a su padre sobre la necesidad de que traslade la residencia fiscal a España demuestra que el rey actual sabe que la institución está amenazada y que la opinión pública española no ha podido ser del todo subyugada con la operación de imagen de su hija desfilando con uniformes de los diversos cuerpos del Ejército. 3 de Octubre. De hecho, es una anomalía que la figura del monarca disfrute de los privilegios constitucionales del artículo 56.3 que le consideran "inviolable y no sujeto a responsabilidad" y que en la práctica las causas decaigan cuando ya no reina por la dilatación de los plazos. Zarzuela. Si no mantiene su dinero en el extranjero debería explicar su origen para evitar ser investigado por blanqueo de capitales. las memorias para ver que aislado que está de la realidad y cómo su misma familia le ha desterrado para evitar la caída de la institución. Reconciliación, el emérito defiende estos vínculos como parte de una diplomacia personal intensa que habría favorecido contratos estratégicos para empresas españolas, especialmente en el ámbito de las infraestructuras, con el ejemplo emblemático del AVE Medina - La Meca. Su relato presenta la amistad con reyes como Abdalah o Salman como herramienta de estado: la proximidad personal facilitaba negociaciones en entornos donde la confianza directa es clave. En este marco, la transferencia de 100 millones de dólares procedentes de Arabia Saudí –que fue investigada judicialmente y finalmente archivada en España– es descrita como un "regalo" personal desvinculado de contraprestaciones contractuales. Una parte sustancial de ese dinero acabó transferida a Corinna Larsen, lo que amplificó el escándalo público y político. Juan Carlos reivindica su papel institucional.
Pero las relaciones con Arabia Saudí no pueden separarse del problema estructural de impunidad que caracterizó a la Transición. Ya en 1977 Juan Carlos I dirigió una carta al sha Mohamed Reza Pahlavi en la que le pedía apoyo financiero. El rey no fue sólo un facilitador diplomático, sino una pieza central de un sistema en el que los límites entre interés público y negocio privado están deliberadamente difuminados. Los episodios de fundaciones en el extranjero y transferencias opacas y el hecho de que el dinero terminara en manos de Corinna Larsen no serían anomalías, sino síntomas de un modelo político que protegía a la Corona del escrutinio ordinario. La normalización de una cultura de poder basada en relaciones personales con regímenes autoritarios y una escasa rendición de cuentas ha llegado hasta la fecha.