La felicidad de un país como este
El amarillo, el verde y el rojo están explotando en todo el país. La prenda que hemos tenido que pagar este invierno tan neblinoso y lluvioso tenía recompensa: los colores están vivos, subidos de tono, y el sol, que ya está organizando los primeros simulacros de verano, lo hace lucir todo como si fueran a venir visitas. Con el blanco de fondo que aún aguanta en el Pirineo, uno tiene la impresión de caminar por el país desvelado y rico del poeta.
tal como nos recordaba este domingo Quim ArandaEn la plaza hablamos de Steiner, de Margarit, de Cabré y de Pla, cronista del estrecho de Ormuz, tal como nos recordaba este domingo Quim Aranda, dando valor a las canas en el periodismo. Mucha gente nos escucha terminando de desayunar o avanzando el vermú, y después, el patio de butacas se convierte en una pista para bailar a ritmo de swing. Arriba y abajo por la calle de las seis librerías (pronto serán siete), Sant Jordi hace un ensayo general. Lo que no es ensayo, sino vida real, es la felicidad de vivir en un país capaz de producir domingos como este.