Hoy hablamos de
Un joven utilizando un teléfono móvil
13/02/2025
Periodista
2 min
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Ha sido noticia la encuesta que dice que, en Catalunya, los hombres jóvenes son los que menos defienden el sistema democrático (veinte puntos menos que el resto de franjas) y que hay un 16% que prefiere un sistema autoritario que la democracia. Me ha venido a la cabeza la canción infantil del elefante: "Y pues, ¿qué creéis?" Con las redes, los medios tradicionales han perdido el monopolio de la creación de opinión pública, pero las escuelas, padres y madres y otras fuentes pedagógicas de toda la vida han perdido el oligopolio de la educación. La sustitución está siendo rápida, profunda y lo suficientemente eficaz para que haya aflojado todos los caracoles de la arquitectura de vinculación afectiva de lo que llamamos sociedad, con sus espacios de convivencia, y está avanzando hacia la creación derivierassobre escombros donde los ciudadanos se van convirtiendo en Montoyas que viven segregados y corriendo como pollos sin allá donde sopla la lluvia de algoritmos que cae incesantemente. Si es triunfante la pulsión autoritaria de la pareja de hecho Trump-Musk que el presidente Macron, hablando en la CNN de Gaza y del respeto a los derechos humanos, se dijo, como el que confiesa un fracaso: "A veces, en este mundo de hoy, te sientes pasado de moda cuando hablas de tener principios".

Con todo, que los hijos rechacen los valores de los padres es un clásico generacional. Los que nacimos durante una dictadura no podemos esperar a que los jóvenes entiendan como nosotros la experiencia de asco que causa vivir bajo un sistema autoritario que, entre otras cosas, quiere acabar con tu identidad nacional. Pero si en serio creemos que la democracia es mejor y que los derechos humanos son un valor absoluto, entonces estamos obligados a ser defensores activos. Tener miedo es comprensible. Tener pereza de educar es inadmisible.

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