Goteras en el tren

El sábado dejaron de funcionar los trenes por precaución, entre las siete de la tarde y las dos de la tarde del día siguiente. Como los trenes funcionan como un reloj y el día que tienen que hacer obras o hay alguna incidencia te tratan como a un súbdito, te piden perdón, te ponen autocares y te sonríen, no lo discutimos. Alguien puede decir que fue exceso de celo, pero venimos de un fin de semana en el que se han perdido vidas. El lunes los trenes ya funcionaban con normalidad, pero sonó la alerta a media mañana, cuando todos habíamos dejado a los hijos en su lugar y estábamos en los diversos trabajos.

Con este cambio climático que ya nadie niega (no se puede ser negacionista del cambio climático y pretender que te voten los agricultores, por cierto) hay muchas cosas que debemos reparar. Una de ellas son las estaciones de tren y metro. No puede ser de ninguna manera que cuando llueve fuerte se inunden. No puede ser que salgas del vagón chapoteando. No puede ser que entres al vagón buscando asiento seco. No puede ser que salgas del vagón y emprendas la travesía hacia el exterior esquivando goteras y charcos. No puede ser que haya zonas de una estación por las que no se pueda pasar si no es remando. Y no puede ser que tengas que esperar a un tren al aire libre, en medio del barro, y aguantando la lluvia. Hay estaciones en las que piensas: “Aquí seguro que no me atracarán, porque ningún atracador es tan idiota de llegar hasta aquí sin botas de agua”.

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Hicieron las estaciones en otro momento climático y también humano. No llovía poco y precipitadamente, como ahora. No había tantos trabajadores que cogían el transporte público para ir a trabajar lejos de sus pueblos o barrios, eso solo se veía en Londres. Una casa con el tejado mal hecho la tendríamos que reparar. La mayoría de los catalanes pasamos más horas al día en el asiento del tren, del bus o del metro que en el sofá.