1. En el mes de junio, Diego Fuoli, el portero del Sabadell, en plena celebración por haber ascendido a la segunda división del fútbol español, cogió el micrófono desde el balcón del Ayuntamiento y animó a la multitud que tenía delante: "Voy a soltar aquí una expresión y vosotros contestaís lo que os salga: «Pedro Sánchez...» ". Y sí, mucha gente sabía la respuesta, y se sumó, porque el cántico ya hace tiempo que circula. La asociación de vecinos denunció al portero aragonés por delito de odio, la justicia lo archivó, el futbolista pidió disculpas y hoy Fuoli sigue siendo el portero titular en el Sabadell.
2. En el mes de julio, un montón de gente se reunió en un bar de detrás del monasterio de Sant Cugat para ver la final del Mundial en una pantalla generosa en pulgadas, más grande que la que tenemos todos en casa. España ganó la final contra Argentina y, en vez de corear el nombre de Ferran Torres, el grito que más triunfó en la fiesta de calle fue el mismo: "Pedro Sánchez, hijo de puta". ¿Qué tenía que ver el presidente del gobierno con la euforia por la victoria? A falta de respuesta, empecé a intuir la relación entre el alud de banderas españolas y el grito del verano. A más bandera, más rato dura la cancioncita.
3. Un tercer ejemplo, menor pero significativo. A principios de agosto, en una discoteca en aquel tramo inhóspito entre Calella y Llafranc que ni Josep Pla reconocería, un grupo de amigas fueron a pasárselo bien. Había –dicen– más joven local que turistada. A la hora de cerrar, antes de encender las luces, en vez de poner la última canción, se entonaba un cántico que se convirtió en el ritual –etílico– de cada noche de agosto. "Pedro Sánchez, hijo de puta". El Empordà, 2026. Una realidad inesperada.
4. Y, claro, llegan las manifestaciones descentralizadas a favor de la gente de Ceuta de esta semana y tanto en la misma ciudad autónoma, como en Madrid, como en Badalona –con un García Albiol inflado como un gallo de pasas en su balcón–, el clamor es siempre el mismo. La cancioncita del insulto. De la manifestación de Tarragona se ha hecho viral la imagen de un niño muy pequeño que no solo va cantando lo mismo, bajo la mirada orgullosa de su madre, sino que ha fabricado una pancarta, bien colorida y con caligrafía infantil, donde reza exactamente el mismo lema. Muy edificante. Ya nos dijeron que en Cataluña adoctrinábamos niños.
5. El pistoletazo de salida de esta campaña devastadora, con tics tan poco democráticos, lo inició Isabel Díaz Ayuso, de una manera involuntaria, en el Congreso. El 15 de noviembre de 2023, en la investidura del mismo presidente, cuando Pedro Sánchez hizo referencia a los casos de corrupción del hermano de Díaz Ayuso, las cámaras de televisión la pillaron a ella, en la tribuna de invitados, diciendo "Qué hijo de puta". Al día siguiente, para arreglarlo, tiró de ironía para justificarse: "Sí, lo dije. Me gusta la fruta". He aquí el pistoletazo de salida de la campaña. El éxito ha sido tan barato como masivo.
6. Y, a pesar de todo, Sánchez aguanta. El desgaste por la corrupción de Ábalos, el caso Cerdán, el lío de Leire, las joyas de Zapatero y las triquiñuelas de la mujer y el hermano los ha ido encajando con muchos rasguños. Ceuta, sin embargo, parece el punto de no retorno. Su gobierno ha sacado todo el muestrario de ineptitud en este mes de una crisis preparada o no por Marruecos. No se enteraron de nada, no supieron reaccionar, fueron descoordinados, dejaron enquistar la situación, desatendieron a la gente de Ceuta, no dieron los mínimos vitales a los inmigrantes y se tragaron, a bocajarro, la gran trampa de una ultraderecha que ya se frota las manos. A Pedro Sánchez, sin embargo, no lo sacarán por la canción de este disco rayado sino por las urnas, por la democracia y por la propia incompetencia. El caso de Ceuta no era fácil, pero era difícil hacerlo peor.