Usar la IA para comunicarnos con los demás?
Recibo a una profesora que viene a conocer la universidad. Compartimos proyectos de investigación y oportunidades de internacionalización. Nos comunicamos en inglés, la lengua que tenemos en común. Su nivel de inglés es bajo, según ella; el mío, no. Nos entendemos porque nos escuchamos, también, con los ojos: empleamos estrategias no verbales de forma inconsciente; cuando a ella no le sale la palabra que busca, entre las dos encontramos sinónimos que no terminan de encajar, pero los matices ayudan a que nos entendamos. El acto comunicativo es tranquilo, divertido, casi juguetón. Ella se relaja y se deja llevar lingüísticamente, experimenta con el inglés, comete errores que no impiden la comunicación, intercambiamos experiencias y voluntades que requieren un nivel alto de lengua que ella no tiene, pero se siente cómoda. Entre las dos creamos un espacio tranquilo de lengua, de bienestar plurilingüe, para que el encuentro sea efectivo.Nos despedimos.
Unos días más tarde recibo un correo donde nos agradece la acogida: es objetivamente perfecto, escrito en inglés bien estructurado y limpio. No es ella, no es genuino, quiero que me llegue su intención, pero las palabras no son suyas. La busco entre los verbos y las estructuras sintácticas descaradamente IA y no la encuentro. Invierto mucho más tiempo del necesario en entender su mensaje. No sé si me la creo.
La IA da soporte y ayuda a la comunicación. Nos hace ganar tiempo y, si sabemos usarla bien, aprendemos con ella. Es innegable su apoyo. También nos hace sentir bien. La IA nos rehace un texto "para que sea más institucional", nos encanta la nueva versión, casi que nos enorgullece, y nos satisface pensar que el texto no deja de ser "nuestro", ya que somos nosotros quienes, originariamente, lo hemos escrito. La IA genera bienestar, y eso la hace tremendamente adictiva.La IA, sin embargo, clona la comunicación si no sabemos usarla bien: los mensajes de agradecimiento son todos iguales, se homogeneizan los textos y las intencionalidades, desaparecen los matices, y el proceso comunicativo, tan humano y necesario —pensar qué quiero decir, cómo quiero decirlo, qué palabras elijo, cómo lo recibirá el receptor— queda aniquilado. La IA te saca de la pereza comunicativa.Y es tan perversamente golosa que también nos desvirtúa y nos deshumaniza. Ser quienes somos tiene que ver con cómo nos relacionamos con los demás, cómo nos comunicamos, tanto por escrito como oralmente. La IA puede pervertir el acto comunicativo, redibujarlo, y los usuarios debemos aprender a situarnos. Debemos saber encontrar el punto, haciendo un buen uso de ella, y, al mismo tiempo, siendo nosotros mismos.
Me imagino la situación al revés: un intercambio de correos institucionales pulcros y perfectos, y después un café: ¿una expectativa errónea? ¿Una presuposición lingüística de cómo nos relacionaremos? Usemos la IA, sí, pero sigamos comunicándonos humanamente.