Debate de política general

Isla y Sánchez y la idea de durar

El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, durante su intervención inicial en el debate de política general
08/10/2025
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Salvador Illa debe ser uno de los productos políticos más exitosos de eso que en el PP llaman sanchismo, una figura que ha pasado de las tareas siempre ingratas de la fontanería de partido a la primerísima línea política: primero como ministro de Sanidad, pero no un ministro de Sanidad cualquiera (un ministerio en principio poco atractivo, sino que tiene la mayoría de competencias transferidas), sino que tiene la mayoría de competencias transferidas, sino que tiene la mayoría de competencias transferidas. Y después como candidato a la presidencia de la Generalitat, pero tampoco un candidato cualquiera: fue el candidato socialista que certificó la pérdida de la mayoría absoluta en el Parlament por parte del bloque independentista, y el fin, por tanto, de la hegemonía independentista en Catalunya.

Una vez presidente de la Generalitat, el objetivo que Salvador Illa se ha propuesto, más que otra cosa, es durar. No la gestión, ni la normalidad institucional, ni el reencuentro, ni la anestesia de la revuelta ciudadana, que también. Durar es el quid de la cuestión. La presidencia de la Generalitat es un cargo siempre sometido a tensiones fuertes o muy fuertes, pero también es uno de los cargos políticos más importantes que existen en España, en su edificio institucional. Mantenerle es una prioridad para los socialistas, que hasta ahora han tenido dos presidentes de la Generalitat, Maragall y Montilla, ambos breves, con una legislatura cada uno. Un presidente de la Generalitat longevo es una fuente de poder relevante, y un punto de partida para construir obra de gobierno, un legado político, etc.

Para ello Illa se inspira evidentemente en el presidente catalán que más ha durado, y que tampoco era independentista: Jordi Pujol. Una de las primeras cosas que hizo Isla en llegar al poder fue rehabilitar a Pujol política e institucionalmente, al margen de lo que acabe saliendo del juicio por el llamado caso Pujol, que empezará en la Audiencia Nacional dentro de un mes. Y ha procurado imitarle en todo lo que le ha podido convenir: si Pujol, cuando ganó las elecciones por primera vez en 1980, proclamó que él y Convergència eran "los de los lunes", Salvador Illa parece buscar ese mismo talante para su gobierno. No lo tiene fácil, si el Parlamento va –como sugiere alguna encuesta– hacia una fragmentación que haría insuficientes todas las sumas de partidos tradicionales, y en la que tomarían cada vez más fuerza los partidos de extrema derecha como Vox y Aliança Catalana.

El amigo y mentor político de Isla, Pedro Sánchez, tiene también como objetivo durar en el cargo. No es sólo eso: para el presidente español, el sentido del poder es mantenerle. Tampoco lo tiene fácil, con el desgaste que le procuran la derecha nacionalista ultra de PP y Vox, y también aliados como Junts o Podem. Sin embargo, se da la paradoja de que su principal oponente, Feijóo, lleva camino de desgastarse tanto o más que él, y más deprisa, debido sobre todo a su incompetencia ya un PP que cada día disimula peor las tensiones internas. Isla y Sánchez, dos presidentes socialistas y un objetivo: no perder el poder.

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