01/04/2022

Jada Pinkett-Smith, alopecia y 'misogynoir'

3 min
L'acrtiu Jada Pinkett Smith en una imagen de archivo.

No, Jada Pinkett-Smith quizás no podía defenderse ella sola. El motivo: la misogynoir.

Sí, condeno la violencia. Sí, hay un tema de masculinidad en el asunto de la bofetada que dio Will Smith a Chris Rock. Pero no hablaré de ellos, sino de la mirada hegemónica sobre las mujeres negras y de cómo la interseccionalidad jugó un papel determinante en el asunto.

Para empezar, explico brevemente qué es interseccionalidad. Simplificando mucho, es un término acuñado por el afroactivista Kimberlé Crenshaw que explica cómo las opresiones que sufre una persona (específicamente ella hablaba de las mujeres negras) están mediatizadas por muchos factores. Es decir, una mujer negra en situación de pobreza y migrante, por ejemplo, será objeto de más complicaciones en su vida que una mujer negra, no migrante, y con dinero. Pasa lo mismo con cualquier otra persona: una mujer blanca en situación de pobreza tiene que afrontar menos problemas que una mujer negra en las mismas circunstancias. El concepto remarca las complejas redes de privilegios, o su ausencia, que determinan los prejuicios, los estereotipos y la discriminación que puede sufrir una persona.

El segundo concepto importante es el de misogynoir, acuñado por la feminista negra Moya Bailey, que, felizmente, introdujo en el debate la autora y divulgadora afroespanyola Desirée Bela a principios de semana. En este caso, Bailey habla de los rasgos que se asumen como propios y/o intrínsecos de las mujeres negras. Dentro de este término hay una variedad de estereotipos. De hecho, Bailey, en su libro Misogynoir transformed, hace un recorrido histórico por los roles que nos son dados desde la cultura popular... desde la hipersexualización del cuerpo femenino negro, hasta la mujer negra como cuidadora.

Dentro de estos prejuicios, además de los mencionados, hay tres generalizados: las mujeres negras tenemos mal carácter, nos ofendemos por todo y estamos resentidas. Yo misma os podría explicar las muchas veces que se me ha dicho literalmente que soy la típica negra incordiada, que estoy resentida, o que me lo tomo todo demasiado personalmente.

Este fenómeno, además, es especialmente delicado cuando hablamos de mujeres negras que se dedican al show business. Así, por el hecho de ser leídas como "negras problemáticas", artistas como Whoopi Goldberg, Lauryn Hill y, más recientemente, Doja Cat (por citar algunas) han recibido ataques furibundos y penalizaciones profesionales cuando no se han mostrado lo suficientemente complacientes. Una mujer negra que se defiende corre el peligro de un ataque todavía peor que el que motivó la defensa.

Así, cuando Jada Pinkett-Smith fue ridiculizada ante la profesión y millones de personas no nos encontrábamos solamente ante el ataque de un hombre contra una mujer y ante la reacción de otro hombre. Hablamos de un caso de misogynoir. Jada Pinkett-Smith se la habría jugado mucho si se hubiera “defendido ella sola”. 

Un segundo aspecto importante, en este sentido, es la relación entre los cabellos y la negritud y el tema de la alopecia que sufre la actriz afroamericana. El pelo afro, en general, es un tema sensible. Ha sido motivo histórico de persecución, ridiculización y penalización. Y los cabellos en una mujer también están vinculados al ideal de belleza hegemónica. Pinkett-Smith sufre alopecia y no solo tiene que enfrentarse a la presión estética que significa la calvicie y la afectación emocional que esto implica, sino que viene de otra presión estética como mujer negra con cabello afro. Es decir, sus cabellos de ninguna forma tendrían que ser objeto de mofa.

Sobre la "broma" añado un apunte: dicen los teóricos que el humor es verdad, dolor y distancia. Jada Pinkett-Smith no se puede reír del chiste porque para ella solo es verdad y dolor. Si la persona/colectivo del cual nos reímos no ríe, no estamos ante humor, sino ante una ofensa. Imaginaos que una persona muy querida de vuestro entorno muere. Imaginad que alguien se burla de la causa de su muerte el día de su funeral. ¿Os haría gracia? ¿Entonces el humor tiene límites? ¿O solo los tiene si nos tocan personalmente?

Para acabar: las personas que vivimos con la posibilidad de ataques constantes por cualquier aspecto que nos haga ser diversas, a veces no nos podemos defender. A veces te quedas en choque. A veces no sabes cómo. A veces no quieres. Y todo esto es válido. Y en estos casos, el hecho de que una persona con más privilegios nos defienda, prescindiendo de la violencia, puede comportar un alivio, porque nos cansamos de dar las bofetadas (metafóricas) nosotras, y el hecho de que alguien más se levante por ti y diga “basta” nos hace sentir un poco menos solas.

Denise Duncan es autora y directora de teatro