El hombre que 'regaló' Groenlandia a Roosevelt

Henrik Kauffmann, 1932 (cropped)
23/01/2026
Director adjunto en el ARA
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9 de abril de 1940. Dinamarca es invadida por los nazis con muy poca resistencia. Hitler permite que el gobierno legítimo siga en el cargo y que el monarca Cristiano X permanezca en el país. No se forma un gobierno títere, pero el ejecutivo pasa a ser tutelado y estrechamente vigilado por Berlín. Ante estos hechos, en Washington, el embajador danés de carrera Henrik Kauffmann (1888-1963) se opone desde el principio a lo que considera un vergonzoso pacto con el fascismo alemán y decide actuar al margen de las órdenes de Copenhague, desde donde se le acabará declarando traidor.

Kauffmann, cuya esposa, Charlotte MacDougall (1900-1963), está estrechamente conectada con el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, se mantiene firme y busca la manera de convencer a los estadounidenses para que apoyen su acto de rebelión. Al inicio, ni siquiera Roosevelt lo ve claro. EEUU de entrada quiere mantenerse al margen de la guerra. Pero el rápido avance del ejército nazi en Europa y el peligro de que también Inglaterra caiga en sus manos cambian las cosas.

Es en este contexto que Kauffmann y su hombre de confianza dentro de la embajada, Paul Bang-Jensen –una embajada donde, por otra parte, no todo el mundo está de acuerdo con él–, maquinan una oferta que, al fin y al cabo, después de una inicial negativa, será aceptada por el gobierno estadounidense. Ofrecen un acuerdo en EEUU que permita a este país defender el vecino territorio de Groenlandia, de soberanía danesa, de una posible agresión de la Alemania nazi con el establecimiento de una base militar que también puede ser útil en la defensa de Inglaterra. A cambio, Kauffmann tendrá la protección de Washington y acceso al oro danés depositado en Estados Unidos antes de la guerra, un dinero con el que financiará el mantenimiento de su embajada y de las demás que se habían apuntado a su gesto de resistencia.

El acuerdo, negociado en secreto, alcanzó el 9 de abril de 1941, justo un año después de la invasión hitleriana de Dinamarca, y lo firmaron el propio Kauffmann, erigido en representante de su país, y el secretario de Estado de EEUU Cordell Hull, que sería galardonado con el Nobel de la Paz en 1945, al final. El acuerdo, que también fue ratificado por el presidente Roosevelt, fue declarado nulo por el gobierno danés, pero las partes firmantes lo salieron adelante y se mantuvo después de la guerra, cuando Kauffmann, recibido como un héroe en Copenhague, fue nombrado ministro sin cartera del gobierno de su país, continuó de embajador en San Francisco y la representó D. las Naciones Unidas. Desde entonces, EEUU ha mantenido siempre una estratégica presencia militar en Groenlandia.

Por supuesto, ni los motivos ni las formas ni las circunstancias trágicas en las que actuaron Kauffmann o Cordell Hull tienen nada que ver con la zafiedad y la frivolidad agresiva de Trump.

La historia personal de Kauffmann tiene un epílogo triste. Tuvo un final dramático que explota la película The good traitor (2020). Se puede ver en Filmin. En 1963, enfermo de cáncer, su mujer, marcada por una historia de celos por la afinidad que su marido sentía hacia la hermana de ella, le apuñaló en la cama y se suicidó ella después, también apuñalándose dentro de la bañera.

Aún hay otro drama añadido. Unos años antes, el joven diplomático que había ayudado a Kauffmann, Paul Bang-Jensen, también murió en extrañas circunstancias en Nueva York después de haberse negado a entregar una lista de ochenta y uno implicados en la Revolución Húngara de 1956 a sus superiores de la ONU por temor a que la información fuera filtrada a la URSS y cómo. En 1959 fue hallado muerto con un disparo en la cabeza y una pistola en la mano. El FBI resolvió el caso como suicidio. Pero antes de los hechos, él había enviado una carta a su mujer con esta advertencia: "En ningún caso me suicidaría. Esto sería contrario a toda mi naturaleza ya mis convicciones religiosas".

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