Veronica Raimo fotografiada en la editorial Libros del Asteroide
27/07/2026 - 18:01 h.
Escritora
2 min

A menudo he hablado con editores y libreros sobre una cuestión que resulta bastante incomprensible: las recopilaciones de cuentos o narraciones –dicen unos y otros– son difíciles de vender. En la mayoría de los casos, todos los que participamos en la conversación estamos de acuerdo en que el cuento es un género excelente, que somos un país con una buenísima tradición de cuentistas, pero, ay, se ha instalado la idea de que los lectores no son partidarios, así que los cuentos se publican poco. También se escriben pocos, y no sabemos qué fue antes, si el huevo o la gallina. También es significativo que los premios de cuentos sean significativamente menos sustanciosos que los premios de novela.

Y, en cambio, cuando tropiezas con una buena recopilación de cuentos, la experiencia es formidable. Cada narración es una pieza trabajada y redonda, un universo creado en pocas páginas. Los cuentistas tienen una gran habilidad para crear una historia y unos personajes y presentárnoslo en un número limitado de palabras.

Este es el caso de La vida es breve, etcétera, la recopilación de narraciones de Veronica Raimo que ha publicado Libros del Asteroide, con traducción de Carlos Gumpert. La autora, nacida en Roma en el año 1978, es autora de novela, poesía y cuentos. También ha hecho guiones para el cine y ha traducido a Scott Fitzgerald y Ray Bradbury, entre otros.

En La vida es breve, etcétera, Raimo nos ofrece un amplio abanico de personajes femeninos que viven situaciones insólitas y a menudo incómodas. La autora tiene una mirada ácida que nos invita a ver la vida como una especie de juego que, a la vez, te enfrenta con una realidad a veces dura y a veces triste. En muchos casos el punto de partida es un malentendido, como en el cuento Los enanos no se miran: una italiana tiene que visitar Nueva York y una amiga le ofrece que se quede en casa de unos familiares suyos. Cuando llega, la familia la recibe como si ella fuera la prima italiana y ella no osa deshacer el error. Mientras ella vive esta situación sintiéndose casi secuestrada por sus anfitriones, se produce el atentado del 11-S, lo que añade un grado de surrealismo considerable a la situación.

A La sacudida, un pequeño terremoto pilla a la protagonista en la cama con un hombre que no es el suyo. A El regalo una chica se instala en un piso donde vivirá sola por primera vez. Al día siguiente, eufórica por su flamante independencia, se encuentra ante la puerta del piso un pepino enfundado en un preservativo. Aquí comienzan sus elucubraciones sobre quién puede ser el autor de la fechoría y, sobre todo, con qué intención lo debe haber hecho.

Para mi gusto, el mejor cuento es el que se titula Presencia, que tiene como único y potente argumento una ruptura amorosa. Las páginas de este cuento están llenas de posibles definiciones: “Una ruptura es una apuesta abierta”, “Una ruptura es una distracción”, “Una ruptura es un malentendido. Un tropiezo en los automatismos. La arrogancia del autocorrector”.

En el último cuento, El premio Generosidad, hay un retrato de la escuela católica que, para los que la hemos vivido, puede llegar a ser hilarante. ¡Leed cuentos!

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