Cómo legalizar seis gallinas, tres patos, tres gansos y dos burros
Me llamo Joan Estarriola y Vilardell. Vivo en Fontcoberta, en el Pla de l'Estany, en una masía del siglo XIV ubicada en una finca de unos 10.000 m2 de terreno. Aunque hace más de cinco años que estoy jubilado, todavía me siento campesino y me he aventurado a llevar un huerto, un pequeño viñedo y un pequeño olivo. Como quien no tiene trabajo el gato peina, me he propuesto transitar, con todos los matices y hasta donde sea posible, hacia la autosuficiencia y sostenibilidad.
Pensé que, para cerrar el ciclo, me iría bien tener media docena de gallinas y aventurarme a criar patos y gansos (tengo, entre todos, otros seis), por lo de comer huevos y una carne natural o, como lo llaman ahora, bien ecológica. Aparte, hace aproximadamente un año y medio me regalaron dos burros que me ayudan a controlar el herbazal ya limpiar el poco bosque que tenemos. Ni que decir tiene que este modesto ganado hace las funciones de granja-escuela para mis nietos (tenemos siete), que quisiera que no crecieran demasiado alejados de la tierra.
No me negarán que la idea es buena. Pues bien, no todo han sido flores y violas.
Hace un par de meses, el Ayuntamiento hizo un comunicado que informaba de que todo el mundo que tuviera animales para el autoconsumo debía declararlos, para confeccionar un registro y poder actuar con celeridad en caso de epidemias.
—Mira qué bien —pensé—. Por fin una tramitación fácil y práctica que se puede realizar desde el Ayuntamiento.
¡Qué equivocado que estaba! Cuando tuve un momento, me llegué. Pero, ¡oh sorpresa! Lo que pensaba que sería un puro y sencillo trámite —llenar un impreso indicando el número y variedad de los animales y su ubicación; esperar que desde el Ayuntamiento lo notificaran donde fuera necesario, enviaran a quien correspondiera a realizar la inspección para detectar anomalías en las instalaciones y me indicaran las correcciones que debería hacer— no ha sido así ni mucho menos.
Resulta que los trámites deben realizarse en las oficinas comarcales del departamento. Es necesario rellenar un impreso en el que conste el lugar donde están los animales, indicando quién es el propietario, el teléfono y la dirección con las coordenadas. Después, otro impreso para las aves de corral, indicando quién es el propietario, la dirección, el teléfono, un croquis de la instalación, las condiciones en las que se encuentra. Otro impreso para registrar los burros, con los datos del propietario, la dirección, el teléfono, un croquis de la instalación, las condiciones en las que se encuentra. Una vez entrado todo esto, los técnicos del departamento realizarán una visita para ver si la instalación cumple con la normativa. Si la cumple, firmarán el informe favorable; si no, será necesario realizar las correcciones pertinentes. Una vez terminadas, es necesario avisar para que vuelvan a comprobar si son correctas. Si son correctos, el informe será positivo. Después ya podré inscribir todo el ganado en el registro municipal.
¿Se termina aquí? ¡No! El 3 de diciembre llamaron de la oficina para decirme que debo acreditar la propiedad de la finca y que, mientras esto no ocurra, el expediente está detenido. Llevo 24 años pago la contribución de la finca. Todo va a mi nombre. ¿Ahora debo justificar su propiedad? ¿Ahora debo buscar la aceptación de la herencia y entregar una fotocopia?
Y todo esto para registrar seis gallinas, tres patos, tres gansos y dos burros. ¿No cree que esto es como matar moscas a tuberías? Si complicamos demasiado las normativas y los procedimientos, estamos incentivando que la gente las obvie y se las salte. ¿No podríamos hacerlo más sencillo? ¿Qué pedirán a quien tiene una explotación familiar agraria? ¿O a quien quiera montar algún negocio? No me extraña que los profesionales y emprendedores estén cabreados: aparte de ser valientes y atrevidos, deben salir de esta enorme telaraña burocrática. Nos quejamos de que desaparecen los oficios y las iniciativas empresariales, pero la administración, que debería ayudarles, sólo pone bastones en las ruedas.
En la mayoría de manifestaciones y quejas sectoriales existe un denominador común: la demanda de simplificar el papeleo. Toda la vida que siento ese clamor, pero cuanto más tiempo pasa, más lo complican. Lo curioso es que hay consenso. Todo el mundo con el que he hablado —políticos y compañeros de partido, alcaldes de diferentes colores, autónomos, campesinos y amigos— está de acuerdo en que tenemos una administración, en general y salvando excepciones, muy poco eficiente.
Estamos acostumbrados a echar las culpas de nuestros problemas al gobierno central. Pero vamos, hay muchos temas que no dependen de Madrid, que no cuestan dinero de solucionar ni necesitan permiso: sólo hace falta voluntad y sentido común. Me resisto a creer que en este país no haya nadie con esa voluntad y algo de sentido común que dé el primer paso para poner el cascabel al gato y empiece a cambiar las cosas. Todos ganaríamos.
Y yo podría registrar las aves de corral y los burros sin problemas.