04/05/2021

Madrid: 1971-2021

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La escena fue emitida por TVE y por el NODO, a pesar de que solo se trataba de la voladura de un edificio. Lo único que llamaba la atención, quizás, era que el bloque tenía menos de 25 años y ningún problema estructural. Esto pasó el 24 de abril del 1973. Era la sede del diario Madrid. El origen de aquella devastación en apariencia absurda, sin embargo, hay que buscarlo ahora hace apenas 50 años, el 8 de febrero del 1971, cuando el rotativo publicó un editorial ("Derecho y vida real: ni gobierno ni oposición") contra el régimen franquista que comportó para su director una voluminosa multa: 250.000 pesetas de la época. Hacía estorbo tanto al régimen como la oposición agrupada en torno a la órbita del PCE. Constituía una defensa de la democracia parlamentaria liberal, la que en aquel momento había en el Reino Unido o en cualquier otro país civilizado europeo. Conviene recordar que en aquel tiempo no eran pocos los intelectuales que defendían la Albania de Enver Hoxha, la Rumanía de Ceausescu o incluso la China de la Revolución Cultural, como en el caso de Baltasar Porcel, por ejemplo ("Hay en él [Mao] una inquebrantable obcecación o seguridad en la defensa de lo que creo correcto, combinada con una impulsiva sinceridad...", etc.).

Voladura del edificio del diario 'Madrid', en la capital española el 24 de abril de 1973.

Al régimen le daba miedo el "liberalismo trasnochado", según la expresión vejatoria repetida por la prensa franquista y popularizada por el humorista Forges, no la fraseología del marxismo de salón que en aquel momento empezaba a formar parte del mainstream. Y en el editorial del 8 de febrero del 1971 del diario Madrid el "liberalismo trasnochado", en su versión más conservadora y recatada, decía cosas como esta: "Los ministros o secretarios del Jefe del Estado no tienen color en España. ¿Qué más da el color que se les atribuya? Lo que importa son las decisiones del Jefe del Estado, cuyos Gobiernos son siempre homogéneos porque están bajo las fundamentalísimas leyes del 30 de enero de 1938 y 8 de agosto de 1939, leyes que no establecen más gobierno que el del propio Jefe de Estado". No, aquello no era de ninguna forma tolerable. No proponía como solución una dictadura comunista como la china, sino un país donde, para decirlo como Espriu, la gente fuera "culta, rica, libre, desvelada y feliz". Jugar a la revolución era una cosa, pero de aquellas ideas y actitudes tan europeas... ¡ni hablar! ¿Dónde iríamos a parar?

Para entender globalmente la situación todavía falta un detallito: el mismo año en que se publicó la editorial, la ciudad de Madrid presenció la concentración más grande en la Plaza de Oriente que se había visto hasta entonces (se conmemoraba el 35º aniversario del liderazgo político de Franco). El contraste entre la dócil respuesta popular y la actitud de unas élites aperturistas, o directamente contrarias al régimen, representadas por periodistas de renombre, profesores universitarios, gente de la cultura, líderes de los partidos en la clandestinidad, etc., es bastante impactante. Había un Madrid que entonces estaba contra el régimen y otro Madrid que, o bien ya le iba bien, o bien mostraba una considerable indiferencia. Cuanto menos en apariencia, el primero era una cosa de minorías, mientras que el segundo resultaba más o menos mayoritario.

Cincuenta años después del episodio que comentamos, hay elecciones en la Comunidad de Madrid. No son unos comicios rutinarios, porque la tensión ha llegado a límites preocupantes (nota bene: contra los pronósticos de Aznar, todo indica que antes se romperá Madrid que Catalunya). Al cabo de medio siglo, los herederos de Plaza de Oriente, representados sin ningún tipo de disimulación por el PP y Vox, han convencido a una buena parte de las clases populares madrileñas que la libertad consiste en cerrar los bares más tarde. Al otro lado de la trinchera están los herederos de aquellas élites intelectuales de la década de los setenta, representados por grupos que están a la izquierda del PSOE. Curiosamente, el padre intelectual de Pablo Iglesias, Jorge Vestrynge, es un compendio de todas aquellas contradicciones.

¿Y la democracia parlamentaria de matriz europea dónde se quedó? ¿Y qué fue de la postura que predomina allí donde dicen que la gente es "culta, rica, libre, desvelada y feliz" allá en el norte? Ojo, no me estoy refiriendo al centro ideológico, ni siquiera al liberalismo político, sino a una actitud flemática en relación a la política. Es una cosa poco vistosa y ahora mismo nada popular entre las legioni di imbecilli, para decirlo como Umberto Eco, que aprovechan el anonimato para insultar y amenazar. La flema va a menos incluso en aquel norte idealizado irónicamente por Espriu, donde avanza la extrema derecha. Sospecho que Madrid no será la excepción. 

Ferran Sáez Mateu es filósofo

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