Cómo mejorar los resultados educativos: el caso de Inglaterra

Nick Gibb, el político inglés que más ha reflexionado sobre educación, ha escrito uno de los libros pedagógicamente más estimulantes de lo que llevamos de siglo, Reforming lessons, que lleva este subtítulo: "Por qué las escuelas inglesas han mejorado desde el 2010 y cómo se ha logrado". Gibb fue ministro de Educación en la sombra en 2005, y ministro de Educación de 2010 a 2012, de 2014 a septiembre de 2021 y nuevamente entre octubre de 2022 y noviembre de 2023.

Si Inglaterra se ha convertido hoy en un referente pedagógico ineludible, en este libro se explica por qué. Pero también se encuentra una especie de manual para el político que tenga la pretensión de reformar la educación. Debo advertir que Reforming lessons es totalmente desaconsejable para quienes se pregunten de qué te sirven las matemáticas si tienes problemas emocionales, mientras que es imprescindible para los que creemos que, sean cuales sean tus problemas emocionales, en una buena alfabetización en lengua y matemáticas tienes más que ganar que perder.

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Gibb se propuso mejorar los resultados educativos mediante un cambio de mentalidad en el conjunto del sistema (con la excepción de las facultades de pedagogía, que son, como decían los escolásticos de Dios, causa sui) que quería desmantelar la agenda antiintelectualista palabra por palabra. Por eso se hizo con una sólida base conceptual, asumiendo las tesis de algunos de los psicopedagogos imprescindibles de las últimas décadas, como ED Hirsch (The schools we need), Daniel Willingham (¿Por qué a los niños no les gusta ir a la escuela?), Daisy Christodoulou (Seven myths about education), John Hattie (Visible learning), Doug Lemov (Teach like en champion) y, obviamente, Robert Peal (codirector de la escuela pública de alto rendimiento West London Free School, en Hammersmith, y autor del granProgressively worse).

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A partir de aquí se planteó los siguientes objetivos:

1. Tolerancia cero con el mal comportamiento y las altas expectativas escolares.

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2. Énfasis especial en el dominio de la lectoescritura: no es una parte de la educación del niño, sino su base.

3. Un currículum fuerte, porque es imposible adquirir pensamiento crítico sin una amplia base de conocimientos previa.

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4. Escepticismo hacia los resultados efectivos de expresiones como "aprender a aprender", "el alumno en el centro", "trabajo por proyectos", etc.

5. Primero los conocimientos; después, las competencias. No existen competencias generales.

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6. Poner fin a la inflación de notas.

7. El profesor, en el centro. "Sólo existe un medio de mejorar el reclutamiento y la retención de los profesores: mejorar la calidad de nuestras escuelas".

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8. Fomentar la instrucción directa, la lección bien planificada.

9. Conexión con el sentido común de las familias, que entienden que las dos tareas principales de la escuela son enseñar y aprender.

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10. Reducción drástica de la burocracia escolar.

11. Autonomía en los centros y evaluaciones externas.

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"El reclutamiento de docentes me hizo perder el sueño durante mi gestión", reconoce Gibb (pág. 213). Pero todo parece indicar que no lo convirtió en la mayor prioridad. Hoy, la escasez de docentes es el mayor problema que afronta el sistema educativo inglés. Pero no sólo el inglés. El último informe PISA señala que "la falta de personal docente ha sido identificada como la barrera más común para la enseñanza, tanto en Inglaterra como en el resto de la OCDE". El principal problema que impulsa a los maestros a abandonar la profesión es la carga de trabajo.

Dado que en educación cualquier nuevo ministro llega con más voluntad de fundador que de continuador, al acceder al gobierno los laboristas pusieron de inmediato en marcha una revisión integral del currículo. Sin embargo, parecen decididos a conservar lo central de la reforma conservadora, por el pánico que los resultados bajen.

Mientras que el sistema educativo de Inglaterra mejoraba, el de Escocia se hundía en la mediocridad. En 2004 el gobierno escocés empezó a diseñar el conocido como Curriculum for Excellence. Un verdadero monumento a la pedagogía progresista lleno de las más nobles intenciones y excelsas formulaciones. Para la secretaria de Educación escocesa, era el proyecto más ambicioso en décadas de transformación de la educación del país. En 2021 contaba, por supuesto, con las bendiciones de Schleicher, el factótum de PISA. Sin embargo, en 2023 Schleicher se vio obligado a reconocer, como hizo respecto a Finlandia, que había sido excesivamente optimista.

Por cierto, a favor de los docentes catalanes en huelga.