Un supermercado 24 horas abierto en la avenida Diagonal de Barcelona
18/03/2026
Escriptor
2 min

El Senado ha aprobado la ley de multirreincidencia impulsada por Junts y asumida por el gobierno del PSOE, que ya fue aprobada en el Congreso (ahora habrá que volver para su aprobación definitiva) y que Junts muestra con orgullo como un gran logro de la presente legislatura. Se presenta como una herramienta para combatir la pequeña delincuencia, entendida como un fenómeno estrechamente ligado a la inmigración. Por ello incluye un notable endurecimiento de la ley de extranjería, con nuevos requisitos para obtener el permiso de residencia, así como el típico aumento de penas, como tres años de cárcel por pequeños robos, etc.

Hace unos días la número 2 de ERC, Elisenda Alamany, protagonizó un vídeo en el que aparecía ante un súper 24 horas, uno de esos comercios que son habitualmente regentados por inmigrantes, afirmando que, si ella fuera alcaldesa de Barcelona, ​​se detendría de conceder nuevas licencias a negocios que suponen "la sustitución de nuestros comercios, la sustitución de nuestros comercios, ciudad".

Tanto el aumento de la pequeña delincuencia como la proliferación de súper de 24 horas no son enfermedades en sí mismas, sino síntomas. No son causas, sino efectos. Si me permiten la anécdota, hace un par de meses me metieron la cartera en el metro de Barcelona (la recuperé, junto con la documentación que contenía, gracias a los buenos oficios de la gente de Seguridad de TMB: cuando el trabajo se hace bien, tampoco pasa nada por decirlo): lo explico porque, en caso de que hubieran pillado de nada al ladrón, cárcel. Ni a mí, ni a la sociedad. En cuanto a los pakistaníes, chinos y otros comercios típicos de inmigrantes, la gran mayoría se limitan a realizar su trabajo e intentar ganarse la vida, ya menudo los que más pestes les dicen son los primeros en ser clientes asiduos.

El cierre de los comercios más nuestras suele producirse por dos motivos principales: falta de relevo generacional o imposibilidad de pagar unos alquileres disparados por la especulación inmobiliaria. Como los inmigrantes que delinquen, son situaciones que se producen a consecuencia de un modelo económico basado en el turismo de masas: éste es el verdadero problema, pero resulta más cómodo criminalizar a los inmigrantes que cuestionar una gaveta tan productiva como la del turismo, que no muestra ninguna intención de autolimitarse ni de decrecer, sino en el contrario (Alamany sí mencionaba el "monocultivo turístico", pero el acento lo ponía en la "sustitución" de unos comercios por otros). Es cierto, como señala el economista Miquel Puig, que con los sueldos que ganan los inmigrantes en el turismo previsiblemente no podrán costear los servicios públicos que van a consumir. Pero esto tiene un remedio: pagar salarios más altos. Mientras, que los partidos catalanes de centroderecha y centroizquierda, junto a la patronal, se dejen intoxicar tan fácilmente por la extrema derecha, no presagia nada bueno para el bien común.

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