No contra la cerveza
En fin. TV3 retransmitió las campanadas y los presentadores brindaron con cerveza, lo que ha hecho que, naturalmente, el sector saque espuma por la boca, y no precisamente de lúpulo. Hay pocas ocasiones en las que está claro que el cava debe estar presente, y el Fin de Año es una.
Me gusta la cerveza y sé que no ganaremos ninguna guerra contra ella. Los jóvenes toman. No deben sufrir por ningún vaso adecuado. Se la beben a hocico, si es necesario. Tiene poca graduación. La venden en envases individuales. Es barata. Si pides no te viene ningún sesudo en contarte nada. Puedes encontrarla en cualquier bar. "Vamos a hacer una cerveza" es sinónimo de "Vamos a charlar". Lo tiene todo.
Al lado de la cerveza, y no en contra, hay que recordar que somos un país de vino y de burbujas. El volumen de trabajo que da la uva (a sumilleres, profesores, barmanes, enólogos, campesinos, transportistas, subastadores, cocineros, ganaderos, diseñadores, jefes de prensa, traductores, fabricantes de corcho, toneleros...) y, sobre todo, la orden que otorga a nuestro paisaje son de una importancia superlativa. No puede dejarse perder ninguna oportunidad de divulgarlo en un momento en que las leyes contra el alcohol se endurecen.
Me parece correctísimo cabrearse. Entiendo que la cerveza paga. Pero pienso –pienso por mí– que en lugar de mojar pan e iniciar polémicas de aquellas que sólo erizan, lo que debemos hacer, hoy, es abrir una botella de burbujas con tres seres queridos. Siempre digo que los jóvenes deben llegar al ancestral (un espumoso con una sola fermentación: dentro de la botella). Es divertido, goloso, informal, muchas bodegas que tienen gamas altas, maravillosas, de cava, Corpinnado o Clásico (sí, sí, yo también necesito un Excel, como ustedes), lo hacen. A menudo, la botella es una chapa, como con la cerveza.
El próximo año, las campanadas con ancestral. Y hoy, en casa, también.