La noche en que debían matar "toda una civilización"

Cuando este artículo aparezca impreso ya sabremos si “toda una civilización” habrá muerto “esta noche”. Al fin y al cabo, si Dios hizo el mundo en siete días, ¿qué podría impedir que el mejor presidente que jamás haya visto la Tierra desde la aparición del Hombre borrara Irán y sus miles de años de historia en una sola noche? La capacidad de Trump de convertir en mierda todo lo que toca es agotadora, de día y de noche.

Esto incluye el éxito planetario que está obteniendo la NASA con su misión espacial alrededor de la Luna. El contraste es elocuente y habla por sí mismo del mundo al que nos llevan los liderazgos patológicos. El presidente insulta y amenaza a Irán en los términos más vulgares y fanfarrones posibles al mismo tiempo en que sus astronautas, que están lejos de la Tierra como nunca lo había estado ningún ser humano, envían aquellas imágenes de una belleza serena que, por un momento, nos hacen ver nuestro mundo como una unidad minúscua en la escala del universo y, al hacernos levantar la mirada, nos hacen volar un poco más arriba el pensamiento. Dan ganas de estar en la Luna, más que en la Tierra. Trump mismo ha contraprogramado el éxito norteamericano. Solo habría una posibilidad para que Trump callara por un rato ante un evento técnico y científico admirable como el que se está transmitiendo en directo desde miles de kilómetros: que él fuera uno de los astronautas.

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Tenemos motivos para pensar que Trump es capaz de cualquier cosa en Irán y que el régimen de los ayatolás morirá matando, si es que muere. Lo que seguro que ha muerto es la civilidad entera que se le supone a una presidencia democrática.