La actriz Lupita Nyong'o.
hace 9 min
Escritora
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El imprescindible y querido Àlex Gutiérrez explicaba, en Pareu..., que hay una campaña de boicotcontra la adaptación de la Odisea de Christopher Nolan porque Helena de Troya será interpretada por una actriz negra, Lupita Nyong’o. Hemos visto la serie Los Bridgerton, ambientada en el siglo XIX, donde hay actores de diferentes razas haciendo de personajes de la alta sociedad, en un período en que esto no era así. La serie cuenta con actores que están buenísimos, de todas partes del planeta, lo que permite la venta a los cinco continentes. Hemos visto Hamlets protagonizados por mujeres, que es un cambio mucho más sustancial que la raza.

En la obra de Homero, Helena es descrita como una mujer de belleza deslumbrante, con brazos blancos como la nieve (unos brazos que serían incompatibles con los de Lupita Nyong’o). Pero cuando, en los cuadros, pintan a la virgen María, justamente, como una mujer rubia y blanca, no decimos nada. Entendemos que el pintor elige un modelo de belleza, el suyo, y adapta el personaje. Nadie pide realismo a la virgen María, a los Reyes Magos y al caganer. Tampoco al mozalbete rubio y blanquito que acaba siendo el protagonista de la historia.

Los modelos de belleza cambian en cada época. Cuerpos grasos o delgados, mejillas sonrosadas o pálidas... La blancura de los brazos de Helena nos indica no una cualidad física, sino moral. Si tiene los brazos blancos como la nieve, se protege del sol, está a resguardo; por lo tanto, no trabaja como las jornaleras. Esta es la verdadera belleza de Helena: no se ensucia las manos. En las novelas de Folch i Torres se critica la manicura en las mujeres por lo mismo, porque significan manos que no frotan platos. Estamos en la época de los tintes, gimnasios, depilaciones y dietas. Helena no es negra, blanca o amarilla. Es “bella”. No hay duda de que la actriz lo es.

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