'Papuchi' en Teherán

El ayatolá Ali Jamenei culpa a EEUU e Israel de la ofensiva contra Al Asad. EFE
14/01/2026
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Las llamadas guerras culturales son un instrumento de propaganda utilizado originalmente por la derecha con el propósito de imponer versiones revisionistas, o negacionistas, sobre grandes hechos históricos, principalmente del siglo XX: el Holocausto, por ejemplo, o la Guerra Civil española. Pronto, pero se ha convertido en un automatismo, y cada noticia más o menos impactante genera su guerra o guerrilla cultural. Hay tantas que a menudo operan por yuxtaposición, o por acumulación desordenada. En el menú de guerras culturales de esta semana, han coincidido Irán y Julio Iglesias. Que el simple hecho de ponerlos juntos ya provoque una especie de estupefacción, o de embalse, forma parte del propio mecanismo de las guerras culturales, que para funcionar necesitan sobre todo provocar respuestas estomacales.

Las denuncias contra Julio Iglesias por esclavitud sexual nos ponen ante unos hechos espantosos y, a la vez, poco sorprendentes viniendo de quien vienen. Por lo general, no deben cargarse a los hijos las maldades de los padres, pero es inevitable recordar el papuchi Iglesias Puga, ídolo de Forocoches, un personaje siniestro que presumía que su trabajo (era ginecólogo) le había dado acceso directo a miles de entrepiernas femeninas. Su hijo, el cantante del que ahora todo el mundo habla, también solía cuantificar en miles a las mujeres con las que había tenido relaciones sexuales. La pregunta no es tanto de dónde salen este tipo de fantasmas y rapaces, sino el gentío que les aplaude y les ríe las gracias. Y, llegado el caso de que se les pidan responsabilidades por su indignidad, por qué hay dirigentes que les defienden apelando a la cultura o la dignidad nacional. No ocurre sólo en España: hace poco, Macron defendía a pie ya caballo el mugriento Depardieu.

La guerra cultural sobre Irán parte de un presupuesto aún algo más retorcido: como Irán es enemigo de Israel, la derecha y la derecha sobreinterpretan que la izquierda quiere pasar por alto las atrocidades del régimen teocrático de los ayatolás, sobre todo en relación con las mujeres. "¿Dónde están las feministas? ¿Dónde están los wokes?", brama el fachum desde sus tuits, podcasts, artículos y tertulias. "Con Trump sí se atreven, con Jamenei, no". Pobrito Trump, solo e indefenso ante las hordas wokistas.

La ofuscación, la mala fe y el delirio en espiral son las aguas desbocadas en las que corren los restos de la libertad de expresión, degradada en divulgación continua e impune de mentiras y detritus mentales. Hay quien es capaz de condensar todo esto en el espacio migrado de un tuit. Será también una disciplina artística, como la que hizo de Julio Iglesias el español que enamoró al mundo.

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