Pedro Sánchez y el barro digital

El anuncio, por parte de Pedro Sánchez, de que el gobierno de España prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de dieciséis años ha producido lo que el presidente español quería: un debate público encendido, con opiniones enfrentadas, rodeado de una gran polvareda. Después de más de siete años de hacerlo todos los días, Sánchez se ha convertido en un maestro consumado a la hora de centrar la atención sobre sí mismo y sobre su acción de gobierno, ya tomar, por tanto —o, como mínimo, disputar—, el protagonismo a sus adversarios, que, de hecho, prefieren presentarse como enemigos ensañados.

Dentro de esta polvareda, de repente ha flotado el viejo reproche del supuesto gusto de la izquierda por las prohibiciones frente a la libertad, no menos supuesta, que pregonan las derechas extremas y ultraextremas de aquí y de todas partes. En realidad, más que del enfrentamiento clásico entre los dogmáticos de la izquierda y los liberales de la derecha, lo que tenemos hoy es un pulso entre la socialdemocracia clásica, reclamada y defendida enconadamente por un Thomas Piketty o un Rob Reiner, y el libertarianismo ultraderechista que representan a Elon Musk, Mark Zuckerberg y de expresión, esconde una idea del poder profundamente reaccionaria, basada en la explotación de las desigualdades entre los poderosos y la ciudadanía.

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La ganancia más valiosa de la socialdemocracia es la salvaguarda de las libertades y los derechos de los ciudadanos, una salvaguarda que se hace posible —nada paradójicamente— mediante la aplicación de normas. Dejar que cada uno haga lo que le rote es la forma más rápida y más obvia de asegurar la preeminencia de los más ricos, de los más fuertes, de los más desaprensivos. Las normas a veces se traducen en reglamentos, otras en códigos, en sistemas complejos o en repositorios de conocimientos. En ocasiones, las normas deben consistir en prohibiciones. No siempre, pero en ocasiones es necesario. En una socialdemocracia debe estar prohibido atentar, por ejemplo, contra el medio ambiente o contra la salud pública. Del mismo modo, si estamos de acuerdo en que la pornografía digamos tradicional no debía ser accesible a los menores de edad, con más motivo tampoco deben ser unas redes sociales que permiten que los niños accedan a audiovisuales, reales o generados con IA, que son perturbadores y que pueden erosionar la salud mental tanto de niños como de adultos: baja a causa de depresiones y otros trastornos causados ​​por el visionado diario y masivo de contenidos extremos.

Volviendo a Sánchez: anunció la medida de las redes sociales en un foro internacional, buscando consolidarse como el líder mundial que se enfrenta abiertamente a los MAGA, al trumpismo ya la ola autoritaria. La respuesta insultante que recibió de repente de Elon Musk no le perjudica, sino que confirma el acierto de su táctica. Sigue mostrando una inteligencia táctica muy superior a la de quienes desean su muerte política.