08/04/2022

El PP y la degradación democrática

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Feijóo se hace un lío con la violencia machista

BarcelonaEl PP ya fue en su día el primer partido en ser condenado por corrupción como organización política, y este viernes se ha confirmado su tercera condena. Las tres por el caso Gürtel. En este caso se juzgaba la trama que funcionó en el municipio madrileño de Boadilla del Monte, donde entre el 2001 y el 2009 se hicieron adjudicaciones públicas de la trama de Francisco Correa a cambio de comisiones que se repartían los cargos del PP y también el partido. La sentencia certifica que con este dinero se pagó parte de las campañas de las elecciones municipales del 2003 y el 2007, y por eso condena al PP como responsable a título lucrativo y lo obliga a pagar una multa de 204.000 euros. Entre los condenados destaca la pena impuesta al exalcalde de la localidad Arturo González Panero: 36 años y 11 meses.

La sentencia llega pocos días después del relevo al frente del PP, de forma que cada una de las tres sentencias ha cogido a los populares con un líder diferente. La primera provocó la moción de censura que acabó con Mariano Rajoy. La segunda, la de la caja B, estalló cuando Pablo Casado intentaba afianzar su liderazgo y, de hecho, lo llevó a prometer que el partido abandonaría la sede de la calle Génova, puesto que las obras de remodelación de la sede se habían pagado con dinero negro. Y ahora el caso de Boadilla del Monte, una población del extrarradio de Madrid que es el lugar donde empezó todo. En total, y sin contar las que están pendientes en el País Valenciano, en la Audiencia Nacional todavía quedan cuatro piezas más por juzgar, de forma que el fantasma de la corrupción continuará persiguiendo a Núñez Feijóo.

A pesar de que parece que el electorado del PP ha perdonado todos estos escándalos después de que durante un tiempos muchos de sus electores se refugiaran en Ciudadanos, la democracia española todavía no ha hecho una reflexión seria sobre dos aspectos. En primer lugar, cómo se afronta la realidad de un partido político que en sí mismo era una organización corrupta, como es el caso del PP. Y en segundo, cómo se asume que la mayoría de las elecciones que se han producido en el periodo democrático estaban dopadas por el dinero opaco del que disponía el PP. Sin una respuesta clara a estos dos interrogantes, la democracia española continuará siendo defectuosa.

En cuanto a Núñez Feijóo, sería bueno oír una condena clara de la corrupción y una limpieza a fondo del partido. Pero difícilmente lo hará porque justamente los que lo han ayudado ahora a ser el nuevo líder fueron cargos en la época de Mariano Rajoy, y, por lo tanto, corresponsables de la época más oscura del partido. Cuando el PP se pregunta por qué una parte de su electorado lo ha abandonado y se ha refugiado en la extrema derecha, tendría que responder que la corrupción del partido es uno de los motivos determinantes. Si la extrema derecha puede hacer hoy un discurso anti establishment y antipolítico es porque antes ha habido políticos que han saqueado las arcas públicas. El PP también es, en esta cuestión, responsable de la degradación democrática.

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