Presupuestos: perder la ocasión
La política tiene a menudo razones que la razón no entiende. Parece que PSC y ERC están de acuerdo en intentar pactar unos presupuestos que el país necesita después de tanta frustración. No debería haber discrepancias fundamentales en el contenido, pero Junqueras pone una condición que depende del gobierno español: la transferencia de la gestión del IRPF al gobierno catalán. Una vieja y razonable aspiración que además de valor económico no deja de tener valor simbólico, que el PSC parece compartir, y que genera irritación en las comunidades autónomas hispánicas.
Hasta aquí todo está claro: cada uno juega sus cartas. Y ciertamente tener al gobierno central como actor, aunque sea secundario, en la negociación del presupuesto catalán tiene sus riesgos. La cuestión se ha ido trampeando entre ambigüedades que hacían previsible el desenlace. El gobierno central, utilizando las elecciones andaluzas como coartada, ha dicho no. Y Esquerra ha marcado perfil: o sí o nada. El gobierno aplaza los presupuestos, con el entendimiento de que no se cierra ninguna puerta: se dan unos meses de propina para negociar dando por sentado el no del gobierno español. E Esquerra insinúa que la exigencia del IRPF como condición para la aprobación no es taxativa en una negociación que abra nuevas perspectivas.
El caso es complejo. Y en cualquier negociación ambas partes lógicamente buscan un rédito. Ahora Esquerra marcará otros objetivos, mientras que intentará seguir luchando por el traspaso del IRPF, que parece que el PSC comparte pero no tiene peso para imponer en Madrid. Se abren, por tanto, unos meses imprevisibles en los que evidentemente la oposición tratará de obtener rendimiento. Sort tiene, en este sentido, el gobierno actual, que Junts está en estado de confusión por la pérdida de ubicación y sentido estratégico, y que la extrema derecha, del PP en Vox pasando por Aliança Catalana, cohesiona a los adversarios en contra. Pero en este panorama, ¿hacía falta ahora esa dilación? ¿No era más racional cerrar un presupuesto que permitiera avanzar y al mismo tiempo seguir trabajando por la cesión del IRPF, haciendo realmente un objetivo compartido que sería un triunfo para Esquerra y, al mismo tiempo, empoderaría al presidente? Con la solución adoptada todo el mundo sale algo debilitado. Isla no pudo aportar el apoyo de Madrid y, al mismo tiempo, Junqueras se queda a mitad de la apuesta. No claudica, pero tampoco gana.
El aplazamiento es para Esquerra un ritual necesario para hacerse oír. Tener el presupuesto aprobado es un factor de cohesión y eficiencia que exige la responsabilidad de gobierno. Y compartir la reivindicación del IRPF podría formar parte del pacto. Cuesta entender que en la lucha por el factor diferencial, marcar el territorio propio, se llegue a situaciones como ésta, en las que el acuerdo de buscar una mayoría de gobierno atasque en un sí pero no. La rigidez, previsible, del PSOE, que condiciona al PSC y mujer coartada en Esquerra, paraliza la construcción de una mayoría estable que parece bastante razonable en la actual coyuntura y empoderaría a toda la izquierda. ¿Vale la pena perder la ocasión en un tiempo en que la corriente reaccionaria acelera con las extremas derechas cabalgando sobre las derechas, como si el autoritarismo posdemocrático ya fuera un destino?