La oferta de puñetazos en la boca está bastante saturada. La sociedad está llena de ellos, de los reales y de los metafóricos, en las calles y en las redes, de manera que ya estamos servidos y no necesitamos más. Si hablamos de combate político, el puñetazo es mejor que los argumentos porque te quedas descansado (aunque dolorido), pero los argumentos tienen la ventaja de que son renovables: los puede repetir todo el mundo en todas partes y, en los tiempos que corren –y para sostener la lucha en defensa de la democracia–, son más útiles los valores que los impulsos.
Con todo y eso, que Jair Dominguez haya tenido que ir a juicio por haber dicho por la radio que al "fascismo" y a los "nazis" se les combate con un "puñetazo en la boca" ya son ganas de encausar a alguien. Primero, porque la frase queda perfectamente amparada por la libertad de expresión. Y después, porque si Vox se siente aludido, no hay más preguntas, señoría.
La extrema derecha es un peligro para la convivencia y el sistema democrático. Con respecto a Catalunya, la extrema derecha española representa una amenaza explícita a la lengua, la cultura y el poder político del país, por supeditado que esté al ordenamiento del Estado. Esos puñetazos sí que no han sido metafóricos, precisamente. Esto sin olvidar la prevalencia de la ideología ultra en los aparatos de un Estado que todavía, medio siglo después de la muerte del dictador, no ha conseguido disolver la Fundación Francisco Franco.
A base de puñetazos en la boca podemos quedarnos sin dientes, pero sin defender lo que somos podemos quedarnos sin país. Puestos a encontrarle metáforas, esto es lo que me queda de la frase contundente que, oh sorpresa, ha ido a juicio esta mañana.