Respeto y agradecimiento
23/05/2026
Directora del ARA
3 min

Este artículo es de respeto y agradecimiento a nuestros lectores. Un jurado muy diverso y cualificado, convocado por la Generalitat, ha otorgado el Premio Nacional de Comunicación en la categoría de prensa a la directora del ARA. Pero este es un premio para todos los que hacemos el diario y especialmente para nuestros lectores, que son nuestra razón de ser. Ciudadanos libres, interesados por el mundo que les rodea, implicados en su sociedad y en su tiempo y que consideran que vale la pena apoyar a un medio de comunicación en tiempo de tormenta y pagar por la información que publicamos. 

Si este premio tiene sentido no es como reconocimiento a una voz sino a una manera de hacer compartida por un gran número de personas. Una idea muy simple, pero exigente, del periodismo.

Nuestro deber es descubrir y publicar la verdad, sin miedo ni favoritismos. Esto es todo. No es una declaración retórica. Es una práctica cotidiana, hecha de decisiones pequeñas, de dudas constantes y de disciplina. También de humildad, conscientes de que probablemente el objetivo nunca se cumple completamente pero se ha de perseguir con decisión.

Nuestro trabajo es someter cada afirmación a prueba. Verificar, contrastar, revisar. Es aceptar que, a veces, los hechos no confirman lo que esperábamos y que también así hay que publicar.

Y esto implica también entender qué no es el periodismo. No hacemos sermones. No hacemos propaganda. No hacemos activismo. No somos la oposición de unos u otros. Somos una organización independiente dedicada a informar. Esto nos obliga. Porque nos exige explicar los hechos tal como son, también cuando incomodan, también cuando van contra la ola mayoritaria. Muy a menudo nuestro trabajo no es espectacular. Es lenta, exigente e ingrata. Pero es aquí donde se construye la credibilidad de esta redacción.

El buen periodismo se mantiene sobre todo con buenos periodistas. Pero no solo con buenos periodistas. Necesita estructura de mancha de aceite en las decisiones. Necesita periodistas y editores que protejan los estándares cuando es más fácil relajarlos. Un diario es, en el fondo, un sistema de decisiones. Necesita gobierno interno. Y en los momentos difíciles, lo que marca la diferencia no es lo que decimos, sino cómo decidimos y actuamos. Todos, incluido el accionista mayoritario, Ferran Rodés, el consejo de administración y el consejo editorial que preside Josep Ramoneda.

En un diario, los hechos, por sí solos, no siempre son suficientes. Tenemos que explicar qué ha pasado, pero también por qué importa. Tenemos que ayudar a entender, sin simplificar, sin forzar conclusiones que los hechos no sostienen. Este es el equilibrio que define el trabajo de periodistas en todo el mundo: rigor en el método y claridad en la interpretación. 

Hoy el contexto es complejo. Las plataformas tecnológicas han transformado profundamente la manera como circula la información. Deciden qué ve la gente, en qué orden y con qué intensidad. Han asumido funciones editoriales sin asumir responsabilidades editoriales.

Al mismo tiempo, han debilitado el modelo económico que sostenía el periodismo tradicionalmente. Han capturado gran parte de los ingresos publicitarios. Y, más importante aún, han fragmentado –quizás destruido– el espacio compartido de hechos en el que se basa el espacio de consenso imprescindible de las sociedades democráticas. Hoy, la verdad verificable compite en igualdad de condiciones con el rumor, la distorsión y la manipulación.

Ante esto, la tentación puede ser adaptarse. Ser más ligeros, más contundentes, más emocionales. Pero sería un error. El valor del periodismo es ofrecer criterio, responsabilidad y rigor a lectores dispuestos a pagar por estar informados.

Esto nos obliga a ser más exigentes, no menos. A reforzar los procesos, no a relajarlos. A garantizar, incluso en un entorno fragmentado, que la información continúa siendo fiable.

Nos apasiona este trabajo. A pesar de que vivimos momentos en que la verdad es cuestionada, en que la prensa es desacreditada y en que el lenguaje se deforma. En estos momentos, lo más importante es hacer lo que sabemos hacer: verificar, explicar y dar claves para intentar comprender.

Gracias a los periodistas y a la propiedad del ARA que continúan haciendo este trabajo con rigor, con la convicción –quizás poco espectacular, pero esencial– de que la verdad y la honradez en el ejercicio del oficio importan. Gracias, sobre todo, a nuestros suscriptores y lectores, que nos dan la oportunidad de hacer periodismo serio, libre y dedicado especialmente a aquello que creemos que importa a los ciudadanos. Básicamente, explicar la sociedad a través de la realidad pero con la mirada larga y utópica de construir una sociedad culta, desvelada y feliz. 

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