Magnus Brunner, comisario europeo de asuntos internos y migraciones, el 4 de junio en Luxemburgo.
13/06/2026
Filósofo
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León XIV ha venido a España a desplegar un discurso de inclusión y respeto, “la resistencia a la imposición de un solo sentido”, como decía Jan Patocka, aunque sea difícil de creer en boca de la máxima autoridad de una institución fundada en la creencia y el dogma, es decir lo indemostrable, y todo lo que se deduce tanto en la teoría como en la práctica. Pero León XIV es un papa que se implica en lo que pasa en el mundo, más allá del debate religioso. Lo ha demostrado desde que llegó construyendo su figura –en el paso de la escena americana a la mundial– con una manifiesta oposición a Trump y su frivolidad delirante.

De visita en España, más allá de la retórica litúrgica y teológica, podríamos decir que en política el Papa ha centrado su discurso contra la discriminación de las personas y la desconsideración del adversario, con una reiteración de las apelaciones a la reconciliación y al respeto a todos, al reconocimiento de la dignidad del otro. Y con insistencia en dos conceptos que en este momento marcan la confrontación política: la prioridad nacional y la inmigración, dejando así un poco descolocada a la derecha española. Ahora mismo el PP está cerrando los acuerdos con la extrema derecha, es decir, dando un paso más hacia el autoritarismo postdemocrático que hasta ahora había estado negando. Es más, la visita papal ha coincidido con la negociación para que Vox se incorpore a la mayoría que debe reelegir a Moreno Bonilla, el que tenía fama de representar el ala más moderada del partido, como presidente de Andalucía.

Pero todo esto va todavía más allá. No es solo la derecha española, es la misma Unión Europea la que se está lanzando impetuosamente contra los parias que vienen de fuera, con el comisario austriaco Magnus Brunner liderando con suficiencia autoritaria su “proyecto de poner en orden la casa europea”, que para él significa centros de internamiento de inmigrantes, deportaciones masivas, retornos pactados con los países de origen. “Solo el 20% de los que ven denegada la solicitud de asilo vuelven a su país”, dice el comisario. Por algo será. Pero Europa se cierra a la realidad, prefiere negar lo que es evidente. Y así continúa el desplazamiento hacia el autoritarismo postdemocrático al paso que están marcando los neofascismos europeos en todo el continente. Algo falla cuando el Papa viene a interpelar a los políticos europeos por su demagogia deshumanizadora de las personas que les estorban. Y Bruselas sigue apretando la tuerca: amenazando a los que llegan, con impunidad para las bandas que los explotan.

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