Cine

'Una rubia muy legal': un oasis feminista en los ominosos años 2000

Una escena de la película de Robert Luketic estrenada el año 2001.
24/07/2026 - 07:02 h.
1 min

Hay muchas películas que no he visto. Para que os hagáis una idea de la magnitud de la tragedia, hasta el confinamiento no había visto Dirty dancing (qué maravilla) ni Pretty woman. He querido aprovechar esta serie de artículos para llenar de manera eficaz algunas de mis lagunas cinematográficas. En una época de oferta audiovisual masiva y atomización absoluta de los canales, yo curo mi FOMO en diferido. Ben-hur, Blade runner o E.T. Seguimos mi viaje estival para llenar mis lagunas cinematográficas. He visto Una rubia muy legal por primera vez en la vida y estos son mis apuntes (tomados con un boli con pompón):

Anotaciones que escribo mientras miro por primera vez 'Una rubia muy legal' (2001) esta semana:
  • La típica historia: chica se piensa que se casará con chico. Chico la deja porque es una cabezota y necesita alguien con más capital social. Chica entra a hacer derecho a Harvard para demostrarle que se equivoca. Chica pierde el interés en este poca cosa y se realiza profesionalmente. Por el camino (lleno de esfuerzo y fe en ella misma) hace amigas, justicia social, da múltiples lecciones prácticas de sororidad, denuncia al cerdo de uno de sus mentores por abuso, no cambia su esencia a pesar de las críticas y rompe con prejuicios y estereotipos misóginos según los cuales si vistes de manera femenina tienes el coeficiente intelectual de un mejillón de roca. ¿Qué es esta maravilla? ¿Por qué no la vi en 2001? (Pues porque pensé, como todos, que Elle era idiota.)
  • Mis vecinos me debieron oír gritar These gays are trying to murder me! cuando apareció Jennifer Coolidge. Qué ilusión. La pondría en todas partes: en cada película, en los partidos del Mundial y presentando el 3/24. Qué gusto verlas, a ella y a Reese Witherspoon. Mención especial al momento en que le ayuda a recuperar al perro que le había quitado el desgraciado de su expareja. Reparación de violencia vicaria con final feliz. Lloro.
  • Tiene partes poco realistas, sí. Ni de coña un chihuahua se puede llevar tan bien. Son minidemonios.zip. Recuerdo al diabólico Nino: no tenía suficiente apertura de mandíbula para morderme la pierna y quedaba colgando del pantalón; era como si me atacara una grapadora. Punto (extra) a favor de los perros actores: no te sorprenderán con ninguna declaración sionista o denuncia de violencia de género.
  • Cuando Elle estudia a destajo para destacar en la carrera me recuerda a Mulán entrenándose de noche. No abundaban los referentes audiovisuales que te animaran a superarte física o intelectualmente; todo iba más bien de ser tan guapa y buena y sufrir tanto que acababas atrayendo la atención del príncipe que te rescataría. Un plan sin fisuras.
  • Caída en la línea de meta: me pensaba que veríamos un ejemplo de buen mentor con quien NO se establece una relación romántica, pero al final un intertítulo nos explica que llevan dos años saliendo y que esta noche él le pedirá matrimonio. Bueno, no podía ser tan bonito. Al menos tienen la decencia de no explicarlo con imágenes en la película.
  • Interesante cómo a la hora de traducir el título de Legally blonde (un título perfecto) se optó por Una rubia muy legal (no tan bueno, pero dudo que se pueda hacer mejor). Aún no he podido sacarme de la cabeza White chicks (tremenda), que en España se tradujo como Dos rubias de pelo en pecho y en Cataluña como Dues rosses amb pebrots.

Veredicto: no es perfecta, pero es una bocanada de aire fresco que sorprende aún más en su contexto. Las comedias románticas de esta época son tan machistas y grassofóbicas que se deben mirar con EPI. Un ejemplo de lo que digo: Love actually. Una honorosísima excepción: Ten things I hate about you.

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