El hecho de que el fútbol catalán sea tan reconocible en la convocatoria, las alineaciones y el estilo de juego de la selección española todavía ha hecho más dura nuestra ausencia del Mundial con la selección catalana. Qué gran papel que habríamos hecho (como también pasa en los Juegos Olímpicos), y en cambio, el domingo volveremos a ofrecer nuevas glorias futbolísticas a España, que, si me piden pronóstico, creo que serán glorias de oro.Argentina tiene a Messi, que es lo mejor que le podía pasar, porque aporta inteligencia, técnica y pausa al descontrol emocional de una Argentina que ha disputado cada partido llegando tarde y a la desesperada, como si más que tener una cita con el rival tuviera una cita con el destino y los encargados de dejarla pasar no encontraran su nombre en la lista de clasificados, hasta que al final descubren que la victoria estaba escrita. Y allá donde no llega la pizarra de Scaloni comienzan los refuerzos sobrenaturales de Dios, la mano de Dios y su hijo futbolístico en la Tierra, Diego Armando Maradona, acompañado de la narración de Víctor Hugo Morales "¿de qué planeta viniste?”. Messi, además, aporta un propósito a todo un equipo que lo estima, que es el de ayudarle a engrandecer la leyenda y hacerlo de nuevo campeón del mundo y aspirante a un noveno Balón de Oro, con 39 años.Y, con todo, si alguien puede hacer bajar a Argentina de esta locura religiosa con la que se ha plantado en la final es España, con su fútbol racional, sólido y entendido, donde todos saben lo que tienen que hacer y lo hacen como los campeones. El Mundial de Cubarsí y de Olmo ha sido impresionante. El mundo entero ha vuelto a mirarse la foto de Joan Monfort y Oriol Canals para el Sport con Lamine Yamal en la bañerita, en la que Messi parece imponerle las manos. Es el triunfo de La Masia, de donde han salido las dos estrellas del campeonato. Esto ya lo tenemos, y es mucho.