Más síntomas de enfermedad en el mercado de la vivienda

Una joven mira la oferta de viviendas en un portal en internet.
25/05/2026
2 min

Cuando el acceso a la vivienda es difícil o imposible para una buena parte de la población, como ocurre desde hace tiempo, surgen fenómenos que nos pueden transportar al pasado. El ritmo de crecimiento de las rentas mensuales en los alquileres y unas entradas para comprar un piso que muchos ciudadanos ven astronómicas, especialmente los jóvenes pero también muchos asalariados a los que los ingresos mensuales se les quedan cortos, incrementan la desigualdad. La dificultad de acceso a la vivienda ha devenido el principal problema para reducir los desequilibrios sociales. Al contrario, el constante encarecimiento de los pisos no hace más que ampliar el número de expulsados del mercado.

En este contexto aparecen los infra-viviendas, que hasta hace unos años podíamos considerar como un producto del pasado, o bien el alquiler de habitaciones e incluso de sofás, balcones o barcas, como ocurre en algunas zonas de las Baleares. Sin que haya constancia de una actuación por parte de las administraciones, que se resisten a facilitar datos, afloran loftso estudios en plantas bajas sin cédula de habitabilidad y con precios por encima de la media del mercado. Y todo ello a pesar de que este documento –la cédula de habitabilidad– es imprescindible para acreditar que un espacio cumple unos mínimos requisitos para vivir en él y es obligatorio para inscribirlo como tal en el Registro de la Propiedad. O para conseguir una hipoteca, a menos que se haga simulando que es para montar un negocio. Y también para venderlo o alquilarlo.

La cuestión es que esta es una realidad que los intermediarios del sector consultados por el ARA reconocen que crece. No es un fenómeno aislado. El motivo es la escasez de oferta de vivienda en Barcelona y también el cierre de comercios que se ha producido en los últimos años. Aprovechar estos locales que quedan vacíos para vivir en ellos es un fraude. Existe la posibilidad del cambio de uso, que es la vía legal, pero que muchos miran de eludir. Otra es simular que se tiene un local comercial cuando en realidad vive una persona o una familia, sin que se cumplan muchos de los requisitos que debe tener una vivienda en materia de salubridad, higiene y solidez para ser utilizada como residencia.

Esta oferta no va dirigida solo a colectivos vulnerables, sino también a clases medias. Suele encontrarse en calles secundarias y en algunos casos se anuncia sin ocultar que no se tiene la cédula de habitabilidad. En otros casos quienes ofrecen estos bajos tienen mucho cuidado de referirse a ellos sin usar palabras como vivienda o piso.

Desde algunas instancias se ha propuesto transformar locales en viviendas como vía para aumentar la oferta, uno de los déficits que hace que los precios no paren de subir. Es un síntoma más de un mercado enfermo, casi enfermo crónico, que necesita terapias efectivas para abaratar la oferta. Terapias que van desde crear más promoción pública hasta aprobar normativas que permitan, en determinadas circunstancias y con limitaciones y garantías de habitabilidad, transformar plantas bajas en viviendas.

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