Donald Trump en Manhattan, en una imagen de archivo.
20/01/2025
Periodista
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1. Este lunes, con quince grados bajo cero en Washington, tendremos un déjà-vu. Donald Trump volverá a jurar el cargo como presidente de Estados Unidos. Para asumirlo por el lado optimista, el mundo tiene, hoy, dos buenas noticias: ya queda un día menos para que este populista de manual deje el cargo y, además, el acto de hoy ya no podrá repetirlo una tercera vez . La cuenta atrás ha comenzado. Quien no se conforma es porque no quiere. Al fin y al cabo, todos juntos ya sobrevivimos a un primer mandato de Trump y, pese a la avalancha de riesgos y peligros, no se pudo cargar el planeta. Todo ocurre. Lo que hoy es noticia, pasado mañana es historia y pronto será una nota a pie de página del que día pasa año empuja de Wikipedia. Eso sí, el rastro que Trump deja por el mundo es sumamente tóxico. Más egoísta, más machista, más racista, más LGBTI-fóbico, más religioso, más desigual y más dividido entre buenos y malos. Nada nuevo, pues. Se vislumbra una tormenta contra los derechos, las libertades, las oportunidades y las ilusiones de las personas que se afanan por vivir en unas condiciones mejores de las que les han tocado. Con Stormy Trump se adivinan cuatro años de rayos y truenos y granizada seca. Pero también lo vamos a superar.

2. Este lunes, Estados Unidos entronizará al primer presidente que llega a la Casa Blanca como delincuente. Todo el mundo mirará hacia el otro lado, como si nunca hubiera pasado nada, pero la realidad es que la justicia le ha condenado por comprar el silencio, justo antes de las elecciones del 2016, de la actriz multipremiada Stephanie Clifford. La estrella del porno, conocida como Stormy Daniels, cobró 130.000 dólares por negar haber tenido una relación sexual con Trump diez años antes. Éste es su talante. Utilizar a la gente por sus intereses y, después, pagar por silenciarlo, no sea que un lío extramatrimonial le estropeara la ambición presidencial. El juez de Manhattan que le declara culpable podía haberle enviado cuatro años a prisión por los 34 delitos cometidos en este caso, pero, mira por dónde, dicta una sentencia simbólica, de descargo incondicional, "para no invadir el cargo más alto en la tierra". Y Trump ha vuelto a caer de pie.

3. El pasado mes de noviembre le votaron 77.303.573 personas. Votaron a Trump sabiendo que creía que los inmigrantes haitianos se comen los gatos y los perros de la buena gente, sabiendo que montó el asalto al Capitolio para no aceptar la derrota electoral del 2020, y sabiendo que considera que a las mujeres, si eres famoso, "las coges por el higo y puedes hacer lo que te dé la gana". En esa misma conversación de autobús del 2005, Trump le decía esto a Billy Bush: "Me atraen las mujeres guapas, automáticamente. Las empiezo a besar, es como un imán, no me puedo esperar". En esa misma grabación difundida por el Washington Post, se siente como cuenta, con orgullo, otro episodio con una mujer que encontró irresistible. "Me abracé sobre ella, me la intenté follar, pero no lo conseguí. Y estaba casada". Muchos de estos millones de votantes, precisamente, le debieron votar por ese alud de virtudes de un hombre que vive y manda en contra de los tiempos y de la decencia. Y le votaron, también, para que no ganara a una mujer, como Kamala Harris. Se han amado más loco conocido que mujer por conocer.

4. Poco antes de las elecciones de 2016, Bob Woodward, el periodista que derribó a Nixon por el Watergate, entrevistó al candidato Donald Trump. Entonces sabíamos poco de lo que hemos ido descubriendo en la última década. Woodward le preguntó qué es el poder. Y Trump dio una respuesta significativa: "El poder real es –me cuesta incluso utilizar el término– el miedo". Y estamos aquí. En la cuenta atrás de cuatro años que, al por mayor, dan miedo. Lo iremos pasando como podremos. Día a día. Sin resignarnos.

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