Supermacados

Leemos en el ARA que la Guardia Civil, la Policía Nacional y la Guardia Urbana han desarticulado, en una operación conjunta, 24 supermercados de Barcelona que pinchaban la luz de las farolas y tenían "básculas de pesaje manipuladas", pero que en cambio no tenían "medidas sanitarias frente al tabaquismo", ni tampoco "licencias" y, por supuesto, "explotaban personas". Como decíamos antes: echa un pedazo al wok.

Escribimos "supermercados", sí, pero todos tenemos en mente de qué tipo de "supermercados" se trata y de qué tipo no se trata. No hay que imaginarse al señor BonÀrea o al señor BonPreu pinchando la luz de las farolas. Tenemos en la cabeza —yo, al menos— aquellos establecimientos donde la fruta está tan macada y magullada que entiendes que no está para que la compren, sino para distraer, porque quizá te quieren vender otras cosas ocultas. Establecimientos que ponen alfombra roja a los jóvenes menores de edad que van a comprarse, sin problema, los elementos del botellón cada jueves a las tres de la madrugada. A saber: una botella de espumoso Úlcera Non Plus Ultra (de dos euros), una botella de vodka Difosfuro de Tricinco (a seis y medio) y limonada La Pájara (seis latas por dos euros), con hielo Manantial del Uranio descongelado y vuelto a congelar, y cañas de regel.

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Paseando por la ciudad vemos, cada día, como papelerías, ferreterías, mercerías de toda la vida cierran. Y vemos, también, cómo aquellos locales son sustituidos, siempre, por estos "supermercados". Te preguntas: "¿Cómo lo hacen? ¿Cómo puede que resistan ellos y los demás no?" La respuesta la tenemos hoy. Ellos sí que han entendido por completo el concepto "emprendimiento".

¡Ay, que no tengo limas! Bajo un momento al...