Los trabajos que no queremos hacer

Cuando decimos “necesitamos a los inmigrantes porque hacen los trabajos que nosotros no queremos hacer”, yo no me siento cómoda. Los trabajos que nosotros no queremos hacer se ve que son siempre limpiar. Alguien te dice que prefiere prostituirse a limpiar y cuidar ancianos (a los cuales hay que limpiar). Yo quiero no “necesitar” inmigrantes. Quiero que la sociedad pueda acoger inmigrantes de manera que hagan todo tipo de trabajos. Mi modelo es la literatura inglesa. Kazuo Ishiguro, Hanif Kureishi, Vikram Seth, hijos de inmigrantes y autores brillantes en la lengua de acogida, forman parte del dream team de las letras británicas.

Pero estos chicos que ahora las comunidades autónomas se reparten —los unos protestando, los otros tocando el violín— seguramente tampoco querrán hacerlos, estos trabajos, porque no han aceptado una llamada funesta para ir a limpiar. Son todos chicos. De chicas, no hay. Y son todos jóvenes. No aspiran a traer a las esposas y los hijos, porque no los tienen. Sus hermanas se han quedado allí. Quiero decir, pues, que esto tensa la demografía. De manera no natural, hay más chicos jóvenes, sin ataduras.

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Son unos chicos jóvenes que han sido engañados. No sabemos por quién. Algunos, no pocos, por culpa de esto se han muerto ahogados, y hoy sus pobres padres buscan sus nombres en las listas. Es muy fácil engañar a los jóvenes, porque ellos, que son jóvenes, se piensan que no serán engañados. La rabia de todos los que se han escondido en Ceuta, hambrientos y sucios, y de los que se “repartirán” pasará a sus hijos, si los tienen, y a sus nietos. Será una rabia eterna y furiosa. El que pueda salir de esta y tenga un trabajo que no sea limpiar, enseguida se hará de Vox y considerará que se deben cerrar las fronteras.