Caroline de Bendern (izquierda), en las manifestaciones de Mayo del 68, en la revista 'Paris Match' y Marina Ginestà (derecha) en la azotea del Hotel Colón de la plaza Catalunya de Barcelona, el 21 de julio de 1936.
06/02/2026
Filósofo, pedagogo y ensayista
3 min

Caroline de Bendern, una aristócrata inglesa ligeramente rebelde, bohemia, joven y cuya belleza parecía una síntesis de la sensualidad de Jane Birkin y la androginia de Twiggy, apenas pasaba por allí y entró en la historia sin quererlo.

En 1967 vivía en Nueva York intentando hacerse un hueco como modelo. Frecuentaba el entorno de Andy Warhol, experimentó con anfetaminas y vivió –dicen– una aventura amorosa con Lou Reed, que le dedicó la canción Caroline says.

Viajó a París para participar en una película, pero en Mayo del 68 se cruzó en su camino. El día 13 participaba de forma entusiasta, por primera vez en su vida, en una manifestación. Le acompañaba el artista visual Jean-Jacques Lebel, que se prestó a llevarla a hombros porque le dolían mucho las ampollas de los pies.

Lebel llevaba varias banderas y le pidió a Caroline que hiciera ondear una, la que eligiera. Como no sentía simpatía ni por la roja comunista ni por la negra anarquista, enarboló la de Vietnam, recordando las protestas pacifistas de los jóvenes estadounidenses. Vietcong parecía despertar simpatías unánimes. Al empezar a agitarla, su reflejo de modelo olió la presencia de los fotógrafos que le estaban enfocando. Se enderezó, puso cara seria y buscó un gesto solemne, ofreciendo la pose dramática que la situación requería. Quería ofrecer una imagen –una pose– digna del momento teatral que estaba viviendo. No sabía que el fotoperiodista Jean-Pierre Rey la seguía desde hacía un buen rato con la confianza de que esa chica tan fotogénica le daría la foto del día. Y le dio una de las fotos de Mayo del 68. Nada más pulsar el disparo, supo que había atrapado la nueva Libertad guiando al pueblo. A su alrededor los jóvenes sostenían pancartas con eslóganes como "Prohibido prohibir", "Corre, camarada, el viejo mundo está detrás de ti", "El poder se encuentra en la punta del fusil", "Sean realistas, pidan lo imposible"... Nicizas efímeras ante el símbolo que Caroline encarnaba.

Al terminar la manifestación, se fue a comer a La Coupole, uno de los restaurantes de más renombre de París.

La fotografía apareció el 24 de mayo en la revista estadounidense Life, y de sus páginas saltó a los medios de comunicación de todo el mundo, que no tardaron en referirse a él como "La Marianne del Mayo del 68". Caroline la vio por primera vez en Roma en la portada del diario Il Tempo. A partir de ese momento su vida quedó atrapada en esta imagen, y se convirtió exactamente en lo que intentaba aparentar. Y sufrió sus consecuencias.

Su familia no era una familia cualquiera. Su tío abuelo era Lord Alfred Douglas, el tumultuoso amante del escritor Oscar Wilde. Su abuelo, Maurice Arnold, conde de Bendern, era un aristócrata británico apasionado por el bridge que se tomaba muy en serio lo de "manners before moralesSiguiendo este principio, desheredó fulminantemente a su hijo, el padre de Caroline, porque se atrevió a casarse con una plebeya. Pero tenía depositadas grandes esperanzas para el porvenir de su fortuna en su nieta.

Caroline tenía delante un buen futuro como modelo, pero la foto fatal se cruzó en su camino y dio la vuelta a su destino. La mañana que su abuelo, sentado en el salón de su villa de Biarritz, descubrió, en la bandeja de su desayuno, la portada del Paris Match con la imagen de su limpia con la bandera del Vietcong cogió un cabreo olímpico y, por tanto, devastador. Era mucho más de lo que estaba dispuesto a transigir. Convocó a Caroline en la villa y le espetó, en cuatro palabras, toda su decepción: "You're cut off!"

Las casas de moda le vetaron la entrada. No querían quedar contaminadas por su imagen. El único trabajo de modelo que encontró fue para una revista erótica. Henry Miller recortó su desnudez y la añadió al montón de fotos eróticas de su baño.

La fotografía que la hizo famosa no le reportó ningún beneficio económico. Perdió las batallas legales por su imagen porque los tribunales consideraron que ilustraba un evento histórico. ¿Y qué es la biografía frente a la historia?

"Esa foto me ha perseguido toda la vida y arruinó mi carrera como modelo", le reconoció a un periodista. Y del 68, ¿qué recuerda? "Era cool –resume Caroline–. Había más libertades que ahora. De hecho, a veces me pregunto si algún día terminaremos atrapados en la prohibición".

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