15 soluciones plausibles contra el fatalismo global
El ARA reúne al CCCB expertos para debatir sobre cómo superar el pesimismo y pasar a la acción
BarcelonaAnte unas democracias liberales asediadas desde dentro y desde fuera por la onda expansiva del trumpismo, ante la evidencia de la crisis climática –y del negacionismo– y ante las crecientes desigualdades con la vivienda como principal causa, el ARA ha dado voz durante dos días al foro de las soluciones Enfoquem, celebrado por el CCCB, celebrado en el CCCB, celebrado en el CCCB, celebrado en el CCCB. Detallamos 15 en los tres ámbitos.
Democracia
El trumpismo como estímulo para la emancipación europea
El diagnóstico queda claro y existe coincidencia: "Europa –en palabras de la periodista francesa Sylvie Kauffmann– no está preparada para hacer frente a Trump y Putin". Ni en términos militares ni en términos tecnológicos (IA, digitalización). Y, por si fuera poco, es una evidencia de que las democracias liberales del Viejo Continente están siendo penetradas por el virus del populismo ultra o autoritario. No nos pelearemos por el nombre. "Lo más fácil es ser pesimista", remacha Mark Bray, historiador y autor deAntifa, que se vio forzado a marcharse de EEUU y ahora vive en Madrid.
Y ante esta situación, ¿qué hacemos? ¿Qué soluciones existen? Resumiendo, los expertos proponen cinco: despegarnos de EEUU, buscar nuevas alianzas, recuperar el estado del bienestar, unidad política selectiva (no de los 27) y empatía con la diversidad.
Cristina Gallach, periodista y alta funcionaria internacional durante décadas (OTAN, UE, ONU), propone tres vías de salida. Primera: "Una ruptura inteligente de la actual relación transatlántica de vasallaje que no suponga una ruptura total de Europa con EEUU. Esto significa inversiones, y aquí hay que ver si el tejido económico europeo responde. Y significa ir hacia un cambio del patrón dólar por el patrón euro". Segunda: como ha dicho a Davos el primer ministro canadiense, Mark Carney, "flexibilizar a las alianzas para hacerlas a la vez pragmáticas e inclusivas [con la inmigración]". Y tercera: "Volver a los básicos de protección de los ciudadanos para evitar que sigan creciendo las desigualdades: sanidad, educación, infraestructuras". Para ello, habrá que "tomar riesgos" y que los europeos entendamos que "hay que hacer sacrificios".
La mirada económica
Los economistas Xavier Vives y Toni Roldán avalan a Gallach y añaden la necesidad de impulsar los eurobonos con el argumento, sobre todo, de la defensa –"EEUU ya no nos garantizará el bien público de la seguridad"– y de la digitalización. En lo político, coinciden con avanzar hacia una gobernanza de los países más comprometidos. Vives, además, hace énfasis en derribar más barreras internas al comercio y en la necesidad de ayudar a la oposición al trumpismo dentro de EEUU (tanto la demócrata como la interna de los republicanos): "Hay muchos estadounidenses razonables".
La investigadora social Blanca Garcés apuesta por una Europa "más integrada, más basada en el bien común, más valiente", una Europa que hable "en positivo" y que busque el diálogo "entre diferentes", es decir, que no criminalice la inmigración y la diversidad. Y, sin descartarlo, dice que no es suficiente hablar de regreso a la socialdemocracia o llamar a la movilización social.
Sin esconder las dificultades de este programa de empoderamiento europeo frente a la pinza Trump-Putin y la amenaza china, entre los expertos circula la idea de que el trumpismo puede ser un estímulo. Habrá que ver si lo aprovechamos.
Energía y cambio climático
El diálogo como instrumento para responder a la gran crisis planetaria
"Nos encontramos quizás en la década más importante de la historia de la humanidad; lo que hacemos marcará nuestro futuro en los próximos siglos". Este diagnóstico del divulgador y ambientólogo Andreu Escrivà es una invitación a superar la inacción que promueven tanto quienes niegan la evidencia de la crisis climática como quienes se dejan vencer por la desesperación de creer que no hay nada que hacer. Ante esto, ¿qué se puede hacer? Los expertos aportan cinco soluciones.
"Hay que romper el silencio climático, crear espacios para abrir el diálogo y darnos cuenta de que no estamos solos en nuestra preocupación por lo que está pasando", opina el propio Escrivá. "Reconectar con la naturaleza, implicarnos emocionalmente en la idea de que el cambio todavía es posible", arenga al público este experto en el cambio climático, que invita a los presentes a sumarse, por ejemplo, a alguno de los muchos grupos de ciencia ciudadana que funcionan en Catalunya. Además, subraya que la unión de los ciudadanos es el paso previo para actuar: “Lo que no tiene ningún sentido es trasladar la responsabilidad a las personas, decirte que depende de ti, de si tienes ganas de ir en bicicleta. no acabaremos atomizando a la sociedad", añade.
Mirando hacia las instituciones y gobiernos, la emergencia climática debería guiar cada inversión pública que se haga. El economista especializada en economía de la energía y cambio climático Mar Reguant propone priorizar políticas que ataquen al mismo tiempo la mitigación y la adaptación. "Si ahora rehacemos Cercanías, ¿cómo lo hacemos para que sea un medio de transporte eficiente, que no lo es, sino también resiliente? O bien, ¿dónde ponemos placas solares que eviten la evaporación del agua en canales de regadío o, incluso, en pantanos? ¿Recordemos que hemos pasado una sequía histórica no hace mucho', sugiere. Y hablando de resiliencia climática, Reguant recuerda el gran apagón masivo que sufrió la península Ibérica el año pasado y lanza el reto: debemos pensar la resiliencia climática no para afrontar un apagón en el mes de abril a 20 grados, sino en agosto ya 40. "Es un tema también de justicia social y de justicia social.
Sin abandonar el campo práctico, la electrificación de la economía es uno de los caminos estratégicos en los que deben centrarse esfuerzos. "Comprar un vehículo eléctrico es el más transformador que podemos hacer hoy", sugiere a modo de ejemplo Daniel Pérez, experto en transición energética y director general de la Energética (empresa pública de renovables de la Generalitat). La tecnología para culminar este cambio de modelo energético ya existe y, además, sale a cuenta en el bolsillo: "Al contrario de lo que ocurre en la alimentación, en energía lo ecológico es más barato, y eso es inapelable. No hay Donald Trump que lo pare", afirma. De hecho, Pérez hurga en la oportunidad de que incluso una época "oscura" como el trumpismo actual puede abrir oportunidades para Europa: "Hará que la transición energética vaya más acelerada: el año pasado España instaló más potencia de energía solar que toda la nuclear instalada". Para Pérez, ahora es el momento de saber comunicar que estamos ante la crisis más grave que afronta la humanidad. "No podemos abandonar la guerra del relato cultural, es necesario dar información clara para que la tesis que se imponga no sea la negacionista".
Anticiparnos es salvar vidas
Y mientras se buscan vías de acelerar este cambio de modelo profundo, energético y también cultural, la crisis climática pide también ser consciente de los riesgos que ya tenemos encima. La física y meteoróloga Gemma Puig celebra que con los años se ha aprendido a predecir "mucho mejor las situaciones de riesgo", e insiste en que éste es un camino que no se puede abandonar. "Anticiparnos es salvar vidas y recursos", concluye, y pone de ejemplo los sistemas de alerta que últimamente ya recibimos todos en los móviles cuando las condiciones climáticas son de alto riesgo.
Esta anticipación es la que nos debe llevar a prepararnos para situaciones que si bien no nos afectan ahora nos afectarán en el futuro, como ha ocurrido recientemente: "Volverá otra sequía, no sabemos cuándo, pero sabemos que va a pasar. Por tanto, las infraestructuras para guardar el agua que ahora es sabido que también son una tarea prioritaria inundables", sostiene la meteoróloga del 3Cat.
Todas las soluciones no pueden obviar, sin embargo, que el contexto pide cierta celeridad en la respuesta a una crisis que ya enseña los dientes en muchos rincones del planeta, también en Cataluña. "Necesitamos rapidez, pero no debemos perder la esperanza". El mensaje lo ha lanzado Francisco Javier Vera, activista climático colombiano de 16 años, que ha llamado a la juventud movilizada. "En los espacios de poder y de toma de decisiones tenemos a personas de edad muy avanzada, como Putin, Xi Jinping o Trump, que tienen unos 80 años. En cambio, los jóvenes tienen una preocupación más a largo plazo sobre qué pasará con el mundo".
A su lado, en la mesa de debate sobre activismo y comunicación climática, la bióloga y conservacionista Evelyn Segura ha enviado una advertencia a los gobernantes: "Tenemos toda la información, todas las evidencias, pero eso ya no va de pequeñas acciones, sino de cambios estructurales que deben hacer los que tienen el poder".
Vivienda
Más colaboración público-privada para resolver el reto más urgente
Para solucionar la crisis de la vivienda no existen recetas sencillas: la prueba es la polarización política en este tema y la dificultad de llegar a grandes consensos. Y ahora parece que se ha llegado a uno muy concreto: la necesidad de construir. Es la primera de cinco soluciones para expertos.
"Para construir vivienda necesitamos tres cosas importantes: suelo, techo y dinero", dice Jordi Valls, teniente de alcaldía de Economía y Vivienda de Barcelona, que ve muy claro cómo debe ser el futuro de la ciudad: con un 15% de vivienda pública. Y por eso hace falta inversión pública –al menos mucha más de la que ha habido en la última década–, pero también "dinero privado".
"Debemos encontrar mecanismos de concertación con los privados de modo que el escudo social sea compartido con la administración", dice Carme Trilla, presidenta de la Fundación Hábitat3, sobre la manera de implicar a pequeños y grandes propietarios y la administración a la hora de crear incentivos para aumentar la oferta de alquiler, que es el principal. Este enfoque público-privado es el denominador común, por tanto, para afrontar los dos grandes retos que tiene el país en materia de vivienda: hacer crecer el parque de viviendas y regularlo.
Es cierto que en este último ámbito hay aún menos consensos, pero lo necesario es celeridad para aquellos que tienen problemas para pagar el alquiler o la hipoteca o acceder a un piso. Para Trilla, se puede resumir en otras cuatro soluciones de impacto: acabar con los desahucios –el año pasado en Catalunya hubo 5.500 de alquileres y 1.200 de hipotecas–, llamar a la inversión de los privados para que aporten viviendas asequibles al parque, controlar las compras especulativas –el elemento está ya sobre la mesa– y este elemento está ya sobre la mesa y último lugar, realizar alojamientos de emergencia para dar salida a la gente que vive en habitaciones o "barraquismo vertical".
Para hablar de todas estas soluciones, Valls y Trilla han querido establecer dos premisas: "Barcelona no es una ciudad controlada por los especuladores, aunque hay especulación", ha dicho Valls, teniendo en cuenta que las cifras del catastro sitúan a la mayoría de viviendas y propietarios como pequeños tenedores. "No comparto la separación entre grandes y pequeños propietarios", remachó Trilla. "Esto es un error de origen. Las formas de concertación deberían ser las mismas para todos", ha defendido.
Por tanto, para ella, la solución para aumentar la oferta de alquiler asequible implica asumir todo lo contrario. Y como incrementarla significa más concertación: ¿debe ser con grandes tenedores? "Son los imprescindibles para aumentar la oferta", concluyó.