La extrema derecha entra en la lucha de la vivienda asequible
Donald Trump es la cara más visible de una estrategia abrazada por Vox y su familia política
BarcelonaLos intereses de la extrema derecha y del gran capital suelen ir de la mano. Bajar los impuestos, subir los beneficios empresariales, privatizar las pensiones y, en definitiva, adelgazar el Estado forman parte de su código deontológico. Pero hay veces que estos intereses chocan, especialmente cuando hay medidas proteccionistas de por medio. Es en este marco donde debe entenderse la última gran estrategia de la extrema derecha a nivel internacional: hacer asequible el acceso a la vivienda, uno de los principales problemas de la población. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abre camino con medidas intervencionistas que declaran la guerra a los grandes inversores. La más llamativa: la prohibición anunciada de la compra de viviendas unifamiliares a las grandes corporaciones como método para conseguir la rebaja de los precios de alquiler. En España, Vox es un alumno aventajado, aunque hasta ahora, ha sido la connivencia con grupos que se encargan de desocupar viviendas lo que más ha caracterizado a la extrema derecha española. Ahora, en una nueva vía para captar voto obrero, en Cataluña y en todo el Estado, Vox se suma a esta corriente internacional, que también siguen otras formaciones integradas dentro de los Patriotas por Europa, que cuentan en sus filas con figuras destacadas de la extrema derecha como la francesa Marine Le Pen, el húngaro Viktor Orbán y el italiano Matteo Salvini.
Lejos del ultraliberalismo preconizado por el presidente argentino, Javier Milei, este conglomerado ha apostado por la unión de ideas liberales con otras intervencionistas, aderezado de una retórica contra los fondos de inversión internacionales que también emplea la izquierda populista. En conversación con el ARA, el cerebro en vivienda de Vox y portavoz adjunto en el Congreso, Carlos Hernández Quero, apunta a que todavía no hay tantos gobiernos de su familia política que hayan optado por poner límites tan claros a los fondos de inversión. Y justifica la vía trumpiana: "Es una cuestión de entender el objeto de las políticas. Tener la propiedad lo más distribuida posible es lo mejor", afirma. Su premisa es que "vivir en un hogar de propiedad" es lo más deseable y que para ello "hay que combatir la competencia desleal de los grandes fondos o del capital extranjero". Es decir, abogan por intervenir el mercado, pero al mismo tiempo "favorecer la construcción y apostar por una baja fiscalidad". Un enfoque "poco dogmático" como el de Estados Unidos con el objetivo de "disuadir la compra por parte de actores internacionales", lo que "calenta el mercado y sube los precios". "La gente vive en casas, no las corporaciones", dijo Trump para justificar los anuncios de las últimas semanas.
Horizonte internacional
Aunque el ejemplo americano es importante, Vox y sus aliados tienen otros. Por ejemplo, Hungría gobernada por Orbán, que ha impulsado créditos blandos para adquirir la primera vivienda –préstamos lanzados por el ejecutivo estatal con condiciones muy favorables, del 3%– además de avales públicos y ayudas para la familia como la exención de impuestos por la renta a partir de los tres hijos–. También la política de impuestos para comprar la primera vivienda en familias y jóvenes en Portugal –con gobierno de centroderecha–, donde los menores de 35 años están exentos de impuestos como transmisiones patrimoniales. O en Suiza, con la ley Koller, que Quero apunta a que "de facto, convierte en imposible la compra de vivienda por parte de extranjeros".
El alegato contra los fondos internacionales es propio del lepenismo, con el discurso "contra la especulación", empleado en su defensa de un impuesto de patrimonio que excluyera a la clase media. Al final, defienden que los nacionales tengan prioridad en el acceso a la vivienda, una medida clave para Vox y compartida por los italianos Giorgia Meloni y Matteo Salvini. Todo ello, con planes masivos de construcción como el italiano de 100.000 pisos con precio asequible en la próxima década. Vox también quiere dar prioridad a los españoles a la hora de comprar viviendas, incluir recargos en el impuesto de transmisiones hasta doblar el precio –para evitar la especulación de forasteros– y, como viene siendo habitual en la extrema derecha, reforzar el control de fronteras y "deportar" a cientos de miles de personas cada año, medidas que aseguran que las aseguran.
Ideologías
El distributismo al que se refiere velada Quero es una doctrina clave del conservadurismo económico del siglo pasado con un acento social. Avalado por la Iglesia con el papa León XIII, autor de la encíclica Rerum Novarum, donde intentó esbozar una respuesta a los problemas sociales con un ojo puesto en la lucha contra el comunismo creciente –Unió fue un gran exponente en Catalunya–. Vox le combina con el liberalismo tributario y desregulador y la tesis antiinmigración.
Por otra parte, la lucha contra el "gran capital" también formaba parte del corpus de la Falange, que defendió, sobre el papel, una revolución nacionalsindicalista, que parte de la defensa de la propiedad privada. De ahí se entiende que con la mezcla al menos estética de "patria y justicia social" también se adentren en el discurso contra los fondos internacionales. Una cantinela que ha adoptado Núcleo Nacional que, desde su talante neonazi, lo mezcla con el odio contra los judíos. Por eso, este sábado este grupúsculo neonazi hace una manifestación contra el fondo Black Rock, tras el lema "muera el capital" y con un vínculo con "la usura" con simbología antisemita.