Política  /  Govern 21/05/2022

Primer año de adaptación de un Govern que lo tiene todavía todo por hacer

El ejecutivo ha puesto en marcha la mayor parte de las principales medidas que se ha comprometido a sacar adelante, pero no ha completado ninguna

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Reunió del consejo ejecutivo del Gobierno  a Sala Tàpies del Palau de la Generalitat en una imagen reciente.

BarcelonaPere Aragonès fue investido 132.º presidente de la Generalitat el 21 de mayo de 2021, 66 días después de las elecciones y sudando para firmar dos acuerdos, uno con la CUP y otro -el más difícil- con Junts, que le tenían que servir para vencer las reticencias de sus socios de legislatura. Al cabo de unos meses, aquellos documentos sirvieron de base para que la nueva Generalitat presentara el plan de Govern que el ARA se ha propuesto supervisar durante los próximos años. Hoy, en la primera entrega del ARA Control -que se irá actualizando en streaming en la web-, el Govern cierra los primeros doce meses con un 28,2% de cumplimiento en cuanto a sus principales medidas.

Ninguna se ha materializado del todo, pero hay algunas como la T-Mobilitat, el refuerzo de los inspectores de trabajo, el plan de salud mental o la posibilidad de acudir a los mercados para endeudarse, que ya están en la fase final de ejecución. Son solo cuatro de las 70 políticas que el ARA evalúa, pero es cierto que solo se ha consumido poco más del 30% de la legislatura. Precisamente el estadio avanzado de la T-Mobilitat, que empezó a proyectarse mucho antes de que llegara este Govern, impulsa la conselleria de Políticas Digitales, que lidera el vicepresidente, Jordi Puigneró, hasta el porcentaje de cumplimiento más alto en este primer año de legislatura. Entre su 40% y el 15% con el que se estrena el conseller de Educación, Josep González-Cambray se sitúan el resto de las conselleries.

Rendición de cuentas

La tradicional ausencia de accountability -el rendimiento de cuentas- en las decisiones políticas hace que a menudo los gobernantes se escuden en la confianza renovada en las urnas para legitimar mandatos anteriores, independientemente de si han cumplido o no con aquello que se habían comprometido a hacer. Hay propuestas que coleccionan presencias en los programas electorales o en los planes de gobierno. La ley electoral, la profesionalización de los directivos públicos o el incremento del presupuesto de cultura hasta el 2% son solo tres de los muchos ejemplos que el ejecutivo ha vuelto a incorporar esta vez.

El grado de cumplimiento de las principales medidas que este Govern se ha comprometido a sacar adelante ofrecerá a final de la legislatura una foto más nítida de hasta dónde ha llegado. ERC se ha puesto el listón muy alto hablando del primer gobierno republicano desde los años 30 y Aragonés no se ha quedado corto visualizando durante su presidencia hasta cuatro “revoluciones” en clave social, feminista, verde y democrática. El tiempo dirá si cumplen las expectativas.

Dificultades para avanzar

Hasta ahora, los problemas que se ha encontrado el nuevo ejecutivo han sido, más o menos, los mismos que habían tenido que gestionar los anteriores, empezando por las tensiones entre los socios de gobierno. Las disputas entre JxCat y ERC han protagonizado varios de los capítulos de este primer año de legislatura. Los dos partidos han chocado por temas como la ampliación del aeropuerto del Prat, la mesa de diálogo, la consulta de los Juegos Olímpicos, la retirada del escaño de Pau Juvillà o ahora mismo por la respuesta al TSJC para proteger la inmersión lingüística. Pero también ha habido problemas con los médicos o con los maestros -o los taxistas-, que se han manifestado repetidas veces.

Con el Gobierno español también son tradicionales los litigios, los más habituales por falta de financiación: en buena medida de esto dependerá del éxito de algunas de las promesas de la Generalitat, como la ampliación en 5.000 millones de euros del presupuesto de Salud que, por ahora, parece vinculada a los fondos extraordinarios por el covid.

Y en el plano político, el escándalo de espionaje que la Moncloa ya intenta dar por cerrado a pesar de las exigencias del independentismo ha sucedido los problemas que siempre ha habido para hacer funcionar la mesa de diálogo, el instrumento pactado con el Gobierno español teóricamente para hacer avanzar el país hacia la autodeterminación. A esta cuestión y también al inminente estreno de la T-Mobilitat dedicamos los artículos en profundidad que acompañan el repaso a medida de la tarea de cada conselleria durante este primer año.

Pelearse con imprevistos

Como gobernar también implica reaccionar ante situaciones imprevistas, no sería justo evaluar la eficacia de un gobierno limitándonos al examen de los compromisos de inicio de mandato. Con el ARA Control evaluaremos el cumplimiento de las promesas más destacadas para el ejecutivo, pero el análisis de todo aquello que llegue de forma repentina lo encontraréis en el resto de las páginas del diario, como por ejemplo cuando recientemente habéis podido leer que la empresa surcoreana ILJIN Materiales, fabricante de componentes de baterías, abrirá una fábrica en Mont-roig del Camp que dará trabajo a medio millar de personas con una inversión de 600 millones de euros. Inversiones de este tipo sí que forman parte del plan de gobierno, pero son difícilmente evaluables porque se sitúan bajo un epígrafe genérico: “Reactivar el tejido empresarial e industrial para captar un mayor volumen de inversión”.

La guerra de Ucrania es un claro ejemplo de lo que significa tener que reaccionar a imprevistos, como en su día fue el estallido de la pandemia de covid-19. La inflación desbocada, la llegada de refugiados o el incremento del precio de la energía han impactado directamente en la vida de los ciudadanos. Y, a pesar de que la Generalitat no tiene la mayoría de las competencias para hacer frente, también ha tenido que adaptarse a la nueva realidad con dos decretos.

Finalmente, no se tiene que olvidar que el cumplimiento del programa está relacionado intrínsecamente con la permanencia en el gobierno durante los cuatro años de legislatura. Una situación que ninguno de los últimos cuatro ejecutivos ha podido ni siquiera soñar.

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