¿Qué habría dicho la policía si no hubiera imágenes de la agresión al menor?
Barcelona"Les queremos convocar a todos a una movilización permanente", decía el entonces presidente de Òmnium, Jordi Cuixart, subido al techo de un coche de la Guardia Civil el 20 de septiembre de 2017. Sus palabras quedaron incorporadas al informe policial que sirvió de base para su encarcelamiento y el de Jordi Sànchez (ANC) unas semanas más tarde. Según la policía, ellos dos controlaban a los miles de personas que estaban concentradas ante la consellería de Economía para protestar contra las primeras detenciones del Procés y "jamás" usaron este control para desconvocar la concentración. El informe policial obviaba que, segundos después, subido al mismo coche y con el mismo megáfono en la mano, Cuixart pedía acabar con la manifestación: "Les pedimos, en la medida de lo posible, de manera tranquila, que en pocos momentos disolvamos esta convocatoria". Las imágenes, grabadas por manifestantes, se visualizaron durante el juicio en el Tribunal Supremo.
Como agentes de la autoridad, los policías gozan de presunción de veracidad. Se presume que lo que dicen sus atestados no está sesgado ni responde al interés del agente o del cuerpo de manipular los hechos para que se parezcan más a lo que quieren que acabe pasando, como una condena judicial. Lamentablemente –para la sociedad y también para la imagen de la policía, sea el cuerpo que sea–, no es difícil encontrar ejemplos de mala praxis en la redacción de los informes, a menudo en casos de cargas policiales –también en la frontera de Ceuta y Melilla–, en que la actuación de los agentes está especialmente sujeta al criterio de proporcionalidad. Y aquí es donde las imágenes pueden condicionar el resultado.
La proliferación de los smartphones, todos equipados con cámaras de alta calidad, reduce el margen interpretativo que puedan recoger los atestados. De la agresión de la Policía Nacional a un menor el domingo pasado ante el estadio del Elche han trascendido numerosos vídeos que permiten reconstruir los hechos. En uno se ve cómo, antes de ser agredido, el aficionado del Barça camina entonando Els segadors o cánticos de apoyo al equipo, junto a un amigo suyo que lleva una estelada. También se ve cómo, desde la lejanía, grita y hace gestos contra la afición del Elche, que también grita y hace gestos contra la afición del Barça, sin que en ningún momento ninguna de las dos genere momentos de tensión.
Más adelante, los agentes de policía sacan al joven de la multitud y él los acompaña sin enfrentarse a ellos. Recibe dos empujones por la espalda y al menos dos golpes de porra, antes de volverse intentando golpear a un policía. Es entonces cuando otros agentes lo reducen a base de golpes de porra. Y, una vez en el suelo, después de que un agente pida calma al resto, todavía hay uno que le propina un golpe de codo en el ojo. Cuando se lo llevan esposado sin que se esté resistiendo, recibe el impacto de otro puñetazo en la cara que lo habría derribado si no fuera porque lo sujetaban varios agentes.
El independentismo al completo y también los comunes y el Gobierno han condenado la agresión al menor. Incluso el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, no ha salido como en otras ocasiones a defender la actuación policial, y ha remarcado que se deberá determinar si la actuación fue proporcional. Pero el principal sindicato de la Policía Nacional, el SUP, ha salido a cerrar filas con los agentes.
Un portavoz del SUP asegura que "la verdad" de lo que pasó es que "el individuo" fue detenido por usar la estelada –que llevaba un compañero– "como excusa para provocar, sembrar odio y pronunciar cánticos racistas". Según él, la intervención de la policía fue "ejemplar" porque, dice, el joven agredió a dos policías cuando se le requirió la documentación. Es más, por más que las imágenes desmonten esta versión, añade que, desde el suelo, se dedicó a dar patadas, escupir e insultar a los agentes que lo estaban reduciendo. Otra portavoz del SUP apunta, además, que el aficionado del Barça intentó agredir a un aficionado rival y también a varios policías mientras estaba dentro del grupo de aficionados azulgranas –algo que las imágenes también desmienten– y que, "en todo momento", ofreció "resistencia". La estelada, explica también esta portavoz, era exhibida "como símbolo de odio".
Si esta es la versión que dan teniendo numerosas grabaciones de los hechos, ¿qué habrían dicho si no hubiera imágenes de lo que pasó? La Policía Nacional tiene abierta una investigación interna, según ha confirmado el ministro del Interior, y probablemente los hechos acabarán llegando a los juzgados. La incógnita será saber si, ante el juez, bastará con la realidad para acabar con la presunción de veracidad de los policías.