¿Qué se ha hecho de la generación del 1-O?
Nueve años después del 1-O, los jóvenes que también defendieron las urnas han rebajado su independentismo y la movilización
BarcelonaEn octubre de 2017, miles de jóvenes que entonces tenían entre 18 y 22 años vivieron su gran bautismo vital y político defendiendo las urnas en la calle. Hoy, la "Generación 1-O", nacida entre 1995 y 1999, llega a la treintena, ha abandonado el refugio estudiantil y ha empezado a toparse con la crudeza de la precariedad laboral y la grave crisis de la vivienda. Pero, ¿cómo ha evolucionado su mirada en esta década?
El resumen lo podemos ver barómetro a barómetro en los registros del Centro de Estudios de Opinión (CEO). Con el paso de los años, esta generación ha experimentado un giro profundo: hoy muestran un apoyo menor a la independencia, se han desmovilizado respecto a la intensidad de las manifestaciones de hace ya unos años, se han desplazado hacia posiciones más conservadoras o pragmáticas en el eje ideológico, y han redirigido sus prioridades hacia problemas materiales como la vivienda, alejándose del foco soberanista inicial.
El deseo de independencia
Durante el otoño de 2017 y principios de 2018, la generación del 1-O vivió su auténtico éxtasis soberanista, disparando el apoyo a la independencia hasta rozar un pico histórico de casi el 58% en el barómetro del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de abril de aquel año. La construcción de una república era el horizonte de la mayoría, que creía que el cambio estaba al alcance de la mano. Hoy, la perspectiva del tiempo muestra una erosión profunda y altamente volátil. El apoyo de esta cohorte ha caído drásticamente con fuertes oscilaciones durante la década, tocando fondo con el 32% —como en el verano de 2023— y hasta repuntar hasta el actual 43,44%.
Pero este desencanto con el proyecto independentista no es exclusivo de aquellos jóvenes. Sin tantas sacudidas, el resto de catalanes también ha ido reduciendo el apoyo al sí, que llegó a marcar un máximo del 48,68% en octubre de 2017 y en marzo de 2019 (con el no en un 44%), y que ahora se sitúa en el 45%.
¿Y qué pasa con los jóvenes que hoy tienen entre 18 y 22 años? La última oleada del CEO los coloca en un 46,9% de apoyo a la independencia, un aumento de más de 10 puntos respecto a octubre del año pasado (36,09%), siendo, de los grupos de edad, el que más crece.
La tendencia a manifestarse
La movilización en la calle fue el gran hábitat donde la generación del 1-O se hizo fuerte y visible. Conformó el núcleo duro e incansable de las protestas, y mostró un activismo juvenil que en aquel momento batió récord: más de la mitad se manifestaban activamente los años 2018 y 2019. Hoy, los datos son más modestos, y la asistencia de aquel grupo a actos de protesta ha caído notablemente, hasta el 35,7% en 2025.
Con todo, el dato esconde una resistencia: la épica ha bajado, pero el grupo demográfico continúa movilizándose más que el resto. Si comparamos el descenso con la media del resto de Cataluña, observamos que la desmovilización general ha sido, de hecho, mucho más pronunciada y vertical. Mientras que en 2018 el resto de catalanes también salía masivamente —47,6%—, su desgaste se ha desplomado hasta el 28% en el último año (llegó a tocar fondo con un 23%). Solo hay que fijarse en las manifestaciones de la Diada, que desde hace quince años son el termómetro de la movilización de los catalanes, para entender que la desmovilización del movimiento es más que relevante.
Y los jóvenes de hoy en día, aunque lejos de la generación del 1-O, son los más dispuestos a manifestarse en las calles, rompiendo el mito de una juventud desconectada: un 31,6% afirman que se manifiestan, lejos de aquel 51% de hace una década, pero por encima de la media catalana.
El eje izquierda-derecha
La evolución ideológica de la generación del 1-O ha sido una auténtica montaña rusa. Arrancó en 2017 en posiciones claras de izquierda —un 3,7 en una escala donde 0 es extrema izquierda y 10 extrema derecha— y se radicalizaron hasta el 2,98 en 2019, coincidiendo con el juicio y las sentencias del Procés. Ahora, rozando la treintena, tiran más hacia el centroizquierda, alrededor del 4.
En contraste, la media del resto de catalanes ha vivido un lento desplazamiento hacia la moderación: partieron de un 3,9 en 2017 y han ido girando hacia el centro hasta cerrar hoy en el 4,2, ligeramente más a la derecha que los jóvenes del Procés. Aún más a la derecha, en el 4,37, se sitúan hoy los jóvenes actuales.
Urnas y problemas
En las urnas es donde se plasma definitivamente este desencanto. Hace nueve años, el voto de la generación del 1-O iba casi en bloque hacia las fuerzas independentistas. Ahora, la ruptura de expectativas ha atomizado este grueso de apoyos y buena parte ha marchado hacia formaciones de izquierdas alejadas de la carpeta nacional. Una imagen compartida con el resto de la ciudadanía catalana adulta, que también ha redistribuido preferencias y ha castigado a la vieja política. Asimismo, las opciones de extrema derecha surgidas en los últimos años han visto incrementado su apoyo, especialmente entre la generación del 1-O y los jóvenes de 18 a 22 años actuales, con un apoyo de casi el 25% en ambos grupos.
La evolución de sus principales preocupaciones también evidencia el cambio de ciclo. En 2017, el encaje de Cataluña acaparaba completamente los desvelos de la generación 1-O. Hoy, el eje soberanista ha desaparecido de las prioridades para dejar paso a la angustia laboral y a la crisis de los alquileres, una preocupación que también comparte la actual juventud de 18 a 22 años. La tónica es similar a la que ha vivido la media de los catalanes, que han abandonado las preocupaciones soberanistas para centrarse en la vivienda y la inseguridad.