Déjame decirte

La izquierda, los sindicatos y la vivienda

La manifestación del 1 de mayo del pasado viernes.
02/05/2026
4 min

MadridEsta vez hemos tenido un Primero de Mayo más representativo comparado con algunos de los años precedentes. En los actos convocados por los sindicatos se ha tocado mucho la fibra sensible, en unas movilizaciones que responden a una determinada situación política y social y que contienen un mensaje claro. La celebración principal se hizo en Málaga por diversas razones, empezando por el hecho de que Andalucía vota el próximo 17 de mayo. La convocatoria ha permitido ver una imagen de cierta unidad de la izquierda que ya sabemos que no existe en términos políticos. Sin embargo, ha quedado claro que sí que hay puntos de coincidencia esenciales, susceptibles de convertirse en ideas motor de futuras iniciativas, sobre todo a medida que se acerquen más las elecciones generales. Que María Jesús Montero y Yolanda Díaz coincidieran en la manifestación de Málaga no reduce sus diferencias, pero sí que refleja un común denominador sobre cuestiones clave.

Se ha dicho que otra razón para elegir Málaga es la evolución del problema de la vivienda en esta ciudad y su entorno. Seguro que este factor ha influido. Pero no hay que rascar mucho para darnos cuenta de que, si bien la izquierda puede coincidir a la hora de lamentar esta situación, en cambio discrepa profundamente sobre cómo encontrar y definir los posibles remedios de una manera eficaz. El PSOE y la mayoría de formaciones que poco o mucho le han ayudado durante esta legislatura quisieron aparecer junto a los sindicatos en el acto principal de la jornada, y esta aparición conjunta es la cuestión principal de cara a las próximas elecciones.

A todas estas organizaciones, lo que más les interesa es no perder espacios de poder e influencia. Así, el acto de Málaga se puede interpretar como una reacción al movimiento iniciado por el centroderecha del mapa político, con los pactos entre el PP y Vox para gobernar en Extremadura y Aragón, y con la negociación en marcha en Castilla y León. Los parlamentos pronunciados por toda España por parte de los representantes sindicales consistieron en una advertencia general a la población sobre el retroceso que podría significar, en materia social, el inicio de un nuevo ciclo político del mismo signo en el conjunto de España. Junto a esto, tanto Pepe Álvarez (UGT) como Unai Sordo (CCOO) reivindicaron una mejora de los salarios para afrontar la subida de los precios.

Consciente de que los pactos con Vox recibirían una respuesta desde la izquierda, el PP se esfuerza en plantear una contraofensiva basada en una lectura alternativa de la situación social y laboral en el país. Vale la pena tener muy en cuenta sus argumentos, porque forman parte de su discurso desde el último congreso de los populares y estarán muy presentes en los futuros meses de larga precampaña electoral. Feijóo, este Primero de Mayo, ha difundido mensajes que claramente quieren llegar a un electorado menos ideologizado y muy preocupado por su bolsillo. Un manifiesto impulsado por el PP afirma que "en España tiene que volver a valer la pena trabajar y esforzarse". Y el mismo líder popular, en sus redes sociales, ha dicho que "trabajar tiene que servir para vivir, no solo para pagar". Es obvio que la política fiscal y los impuestos estarán muy presentes en el debate preelectoral de los próximos meses, pase lo que pase en Andalucía este 17 de mayo. Los sindicatos también tienen que estar muy atentos a este frente. Muchas veces se les ha acusado de ocuparse básicamente de los que tienen trabajo como asalariados, y menos del resto –por ejemplo, de los autónomos–, y aquí también hay un gran saco de votos en juego.

En todo caso, el debate esencial sobre estos capítulos se tiene que tener en el Parlamento, tanto o más que en la calle, y entre patronal y sindicatos. Y ya se ve con cuántas dificultades y predominio del tacticismo tiene lugar la discusión –y las votaciones parlamentarias– sobre las materias de este capítulo. La división del gobierno en cuanto al problema de la vivienda, por ejemplo, es un mal negocio para la izquierda en general. Este enfrentamiento ha ido demasiado lejos y ha dado espacio al planteamiento de otras disidencias. Con Junts hay un problema enquistado desde hace tiempo, por la falta de efectividad plena de la ley de amnistía. Pero esta situación no es responsabilidad del gobierno. Por otra parte, se me hace difícil asumir la idea de que la expresión "las tres derechas" –utilizada para referirse a la coincidencia de voto del PP, Vox y Junts– suponga una descripción acertada de la realidad. Es como cuando Podemos acusa a los juntaires de racistas por sus reivindicaciones de competencias sobre inmigración.

Demasiada distancia

En cualquier caso, el gobierno debe hacer un esfuerzo por aproximar posiciones con Junts, en términos generales y muy concretamente en materia económica y de vivienda, el control de precios de los alquileres y las posibles compensaciones fiscales a los propietarios. El realismo siempre es más útil que las proclamas populistas. No podremos resolver el problema de la vivienda si se plantea como una batalla entre explotadores y explotados. Junts debe entender, en paralelo, que tampoco sacará provecho de ir escorándose a la derecha. Del mismo modo que el PP no sacará un gran beneficio de identificarse con el discurso de Vox –por ejemplo, despreciando la gran probabilidad de inconstitucionalidad de la norma de "prioridad nacional" en el acceso a los servicios sociales–, a Junts tampoco le conviene situarse en un plano que pueda alterar la percepción de sus posiciones de fondo, sea en cuestiones económicas o sobre los derechos de los inmigrantes.

Una última palabra sobre el papel del Parlament en este panorama. Hay que reivindicarlo como escenario y filtro de todos los debates. Lo digo por la respuesta que el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, dio a la portavoz del PP, Ester Muñoz, en la última sesión de control al Congreso. Le vino a decir que no pierda mucho tiempo con él, porque está centrado en la gestión de su departamento y no en cuestiones sobre corruptos, juicios y otras cosas de esta índole. Hay que hablar de todo, y más si se han de dar explicaciones, es obvio. Pero el PP debe buscar el camino adecuado, y no malgastar munición. Modos como los de Vito Quiles persiguiendo por las calles a Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, no son los que debe defender un partido de derecha democrática y liberal.

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