El peligro de la estrategia de Sánchez e Illa contra la extrema derecha

La confrontación directa contra Vox y Alianza puede ser contraproducente y beneficiarles electoralmente

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El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, en la Fiesta de la Rosa de este año.
02/11/2026 - 07:04 h

BarcelonaNo existe ningún manual infalible para luchar contra la extrema derecha y, a pesar de las diferentes recetas que se aplican, continúa creciendo en casi todas partes. Como en medicina, y tal y como avisan los mismos prospectos, cada caso es diferente y los remedios tienen un punto de imprevisible según el contexto. Ahora bien, los politólogos consultados por el ARA coinciden en que la estrategia de Pedro Sánchez y Salvador Illa de confrontar constantemente a la extrema derecha y autoerigirse como la única alternativa a Vox y Aliança Catalana puede tener graves efectos secundarios, tanto para su propia salud política como para la democracia en general.

El PSOE y el PSC repiten como un mantra que en las próximas elecciones españolas solo hay dos opciones posibles a elegir: Pedro Sánchez o la extrema derecha. Obvian los matices y meten al PP y a Vox en el mismo saco, además de alertar constantemente de los riesgos que puede provocar un desembarco de la extrema derecha en la Moncloa. Uno de los dirigentes socialistas que está explotando más este planteamiento es el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, que lo hace tanto a escala nacional como, sobre todo, contra Aliança Catalana. Mantiene un tono duro contra Sílvia Orriols y a menudo entra al choque –y lo publicita por las redes sociales– contra el partido de la alcaldesa de Ripoll, que ahora solo tiene dos diputadas en el Parlament, pero al que las encuestas le auguran un gran ascenso.

El profesor de Ciencia Política en la UB Xavier Torrens explica que el mensaje del miedo no es nuevo en política y que es habitual que los líderes busquen ganar electores alertando de lo que puede pasar si llega o continúa en el poder otro partido. De hecho, el experto recuerda que el PSOE ya había optado por esta estrategia antes del nacimiento de Vox, entonces dirigida contra el PP, pero advierte de que el “problema” es cuando se aplica contra la extrema derecha, porque estas formaciones viven de la “confrontación” y la “polarización”, principalmente en las redes sociales. "Se crea un efecto bola de nieve que les alimenta y acaba beneficiándoles", apunta el autor del libro Salvar Catalunya (Pòrtic).

Torrens asegura que "en un principio puede parecer que es una estrategia que funciona a la hora de movilizar votantes", pero que a largo plazo es "contraproducente". "La gente se puede activar la primera vez [que se alerta de la llegada de la extrema derecha], pero ya no la segunda, la tercera o la cuarta", añade el politólogo. En este sentido, la investigadora del think tank europeo CEPS Sophia Russack constata que "no es suficiente" con criticar y "mostrarse contrario" a la extrema derecha, sino que "hay que proponer y defender medidas propias". Así, la experta considera que la mejor estrategia para las fuerzas progresistas, aunque "estén muy débiles y perdiendo poder", es recuperar la iniciativa y "no actuar de manera reactiva" ante la extrema derecha.

Por otra parte, Torrens califica de "errónea" la idea de que el crecimiento de la extrema derecha afecta solo al PP y a Junts, y que puede beneficiar a partidos de izquierdas porque debilita a los rivales políticos de la derecha tradicional. El experto señala que, especialmente en casos de un crecimiento tan fulgurante como el del partido de Orriols, estas formaciones beben de votantes de todas las fuerzas, también del PSC. Torrens pone de ejemplo que cuando Orriols ganó en Ripoll fue en parte gracias a que se comió electorado tradicionalmente socialista, incluso de zonas de la ciudad mayoritariamente castellanohablantes.

De Mitterrand a Lula

Uno de los casos más claros en este sentido que expone el director del centro de investigación europeo Future Policy Lab, Javier Carbonell, es el del expresidente de Francia François Mitterrand. El dirigente socialista llegó a cambiar la ley electoral para beneficiar a Jean-Marie Le Pen y dividir a la derecha. Mitterrand facilitó que la extrema derecha obtuviera representación en la Asamblea Nacional y, aun así, perdió las elecciones legislativas ante la derecha tradicional. Al poco tiempo, cuando Jacques Chirac llegó al Elíseo volvió a recuperar la anterior normativa electoral. Este es un caso histórico que fuentes del mismo PSC ponen de contraejemplo de lo que se debe hacer para luchar contra la extrema derecha.

En cambio, el ejemplo a seguir que ponen los politólogos es el de la estrategia de Lula da Silva, que acaba de ganar las elecciones en Brasil contra la extrema derecha. El líder del Partido de los Trabajadores ordenó a sus filas evitar la confrontación directa con la extrema derecha en las redes sociales, aunque consideraran que se trataba de comentarios fuera de lugar o de noticias falsas. El objetivo era no darles más difusión de ninguna de las maneras y, por contra, potenciar los canales que no están bajo los algoritmos de X, Facebook o TikTok. Una estrategia con la que el equipo de Sánchez ya se ha fijado e incluso se ha puesto en contacto con el diputado socialdemócrata André Janones para que le asesore para las próximas elecciones españolas, según informa el medio brasileño Metrópolis.

Así, Carbonell califica de "clave" en las elecciones brasileñas que Janones pusiera en marcha un canal de WhatsApp a favor de Lula que ha tenido mucho éxito y ha superado los diez millones de seguidores. El experto destaca que con esta estrategia digital, el líder del Partido de los Trabajadores logró "incrementar el control" sobre la agenda mediática de campaña y evitó ceder este poder a la extrema derecha. "Ganó en gran parte por haber evitado la confrontación y la polarización que beneficia a la extrema derecha", concluye Torrens.

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