Política 07/12/2020

Quién es y cómo piensa la extrema derecha independentista

El Front Nacional de Catalunya quiere limitar la inmigración y hacer del catalán la única lengua oficial

Xavi Tedó / Cesc Maideu
6 min
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Barcelona / RipollPatriotas. Nacionalistas. Frontistes. Así se presentan los miembros del Front Nacional de Catalunya (FNC). Conceptos que incomodan JxCat, ERC y la CUP, que se han mostrado partidarios públicamente de bloquear cualquier relación con una ideología que consideran de extrema derecha. El partido que usurpó las siglas de la histórica formación creada en 1940 en París por exiliados de Estat Català rehúye la etiqueta de racista y se presenta como identitario. "El FNC nació como un movimiento antifascista, patriota y liberador del pueblo catalán y nosotros mantenemos el mismo espíritu", decía la dirección de la FNC el sábado para tratar de desmentir el carácter xenófobo que le atribuyen el resto de formaciones independentistas. Lo hacía después de la polémica generada por la presencia del vicepresidente primero del Parlament, Josep Costa (JxCat), en la cumbre de partidos para explorar una lista unitaria de cara al 14-F en la que también participaron miembros del Front y de Força Catalunya.

"Somos un partido democrático nacionalista, patriótico y transversal que defiende la catalanidad sin complejos, un partido independentista de orden", señala el secretario general del Front, Jordi Casacuberta. Él ya había sido militante del Front y después pasó por Estat Català, ERC, Reagrupament y Unitat Nacional Catalana (UNC), este último cobijo de algunos neonazis vinculados a los Boixos Nois, como remarca el fotoperiodista Jordi Borràs en su 'Diccionari de l'extrema dreta a Catalunya'. "Estuve muy poco, no estaba a gusto y por eso marché", señala el actual líder del Front.

Borràs, experto en los movimientos de extrema derecha, considera que el FNC es "una organización que utiliza la xenofobia como una herramienta política más", pero no se atreve a decir lo mismo de Força Catalunya porque todavía no han presentado su programa electoral. El historiador Carles Viñas cree que a este último partido se lo tiene que considerar "ultranacionalista", pero no como "extrema derecha". Los dos partidos defienden ahora la vía unilateral para llegar a la independencia.

La creación del nuevo FNC ya nació rodeada de controversia. Antiguos militantes de la formación -disuelta en 1990- denunciaron que la ideología del nuevo partido se alejaba de los principios que defendían sus impulsores en el exilio. El nuevo FNC lo habían registrado en 1999 el mismo Casacuberta y Xavier Andreu, vinculado a movimientos neonazis. "No justifico ni me excuso de nada, pero, en todo caso, hay actualmente militantes en otras fuerzas políticas que tienen pasados parecidos", rebate el líder del Front. Entre los fundadores también están Moisès Font, que había sido regidor de Plataforma per Catalunya en Olot.

Recatalanizar Catalunya

En su declaración de principios, el FNC remarca que se opone "a cualquier discriminación por razones de origen, creencia, género u orientación sexual" y que defiende "la libertad de culto de todos los ciudadanos", pero denuncia que "Catalunya, carente de poder político, no tiene capacidad real de integración, y que el modelo de multiculturalidad actual pone en peligro la continuidad de la identidad catalana". Por este motivo, propugna un "proceso profundo de recatalanización de Catalunya en todos los ámbitos" haciendo que el catalán sea la única lengua oficial.

En materia de inmigración, el FNC, además de defender el combate contra la inmigración ilegal, apuesta por una "moratoria en inmigración hasta que no se definan políticas migratorias propias" y, solo en caso de necesidad, defiende que llegue "inmigración cualificada con contratación en origen". También propugna políticas de regreso voluntario a los países de origen.

Força Catalunya también hace bandera de la identidad catalana y se posiciona "contra los totalitarismos de cualquier signo, sean de derechas, de izquierdas o basados en doctrinas religiosas fundamentalistas y extremistas". 'Primer Catalunya' es uno de los lemas que usa la formación liderada por Santiago Espot, presidente de Catalunya Acció. Como el FNC, también rechaza que se lo califique de racista y xenófobo.

Espot hace pivotar su discurso contra la minorización de la lengua catalana. Su tercer intento de hacer el salto a la política catalana, después de probar suerte con el Partit Espinaltià y con Solidaritat, se ha gestado erigiéndose en defensor de los derechos de los catalanoparlantes. Por ejemplo, convocando a sus seguidores en un CAP para reclamar el despido de una médico de guardia por exigir a una paciente que se dirigiera a ella en castellano y, espoleado por el eco de la iniciativa, denunciando a una dependienta del Corte Inglés por no atenderlo en catalán.

En julio, después de que la ex consejera de Cultura Mariàngela Villalonga criticara que en el Parlament se hablara demasiado castellano en referencia a Ciutadans, Espot opinó que en la cámara catalana "se tiene que hablar solo en catalán". "Hay que dejar de entender el castellano en el Parlament, y si los colonizadores de Cs, PP y PSC quieren abandonar el hemiciclo, ningún problema. Que se vayan a la Rioja o a Melilla", espetó Espot, que en 2010 presumía de haber denunciado

Roger Mallola, miembro de la ejecutiva de Força Catalunya, rechaza la etiqueta de partido identitario y xenófobo: "No lo somos, simplemente defendemos lo que hacen todos los países occidentales que son soberanos, que es imponer unas normas, como por ejemplo Holanda, que exige que un profesor aprenda holandés en dos años para poder ejercer", añade. Mallola deja claro, en cualquier caso, que abogan por redactar una ley si Catalunya llegar a ser independiente para regular la inmigración. "Tenemos que fijar el porcentaje que Catalunya puede asumir", concluye.

El cordón sanitario en Ripoll

De estos dos partidos, hasta hace muy poco solo el FNC tenía representación en las instituciones, en el Ayuntamiento de Ripoll, a pesar de que el pasado mes de marzo la regidora Sílvia Orriols y el resto de la sección local abandonaron la formación por discrepancias con la ejecutiva: consideraban que la posición sobre los temas nacionales e inmigratorios era demasiado moderada. Orriols ha fundado su propio partido, Aliança Catalana, y explica que "el pasado oscuro de algunos miembros del Front" también le llevó a romper el carné.

En las elecciones locales del año pasado, Orriols consiguió recoger 503 votos y fue la primera y única cargo electo del FNC en Catalunya. Unas semanas antes de las elecciones, JxCat, ERC, CUP y PSC en Ripoll ya establecieron un frente común contra la extrema derecha y se comprometieron por escrito a no pactar con FNC para gobernar. Un año y medio después, nadie se ha desdicho de aquel acuerdo y el cordón sanitario ha vallado muchas propuestas del Front. Algunas de las mociones más polémicas han sido querer prohibir a las trabajadoras contratadas por el consistorio llevar hijab en horario laboral o pedir al gobierno local que no permitiera abrir una tercera mezquita.

El FNC sí que ha conseguido el apoyo de ERC o de JxCat en algunas cuestiones menores. Los republicanos, por ejemplo, votaron a favor de celebrar en la calle la llegada del tió y JxCat apoyó a ofrecer comida sin gluten en los actos oficiales del Ayuntamiento. El alcalde de Ripoll, Jordi Munell (JxCat) apunta que votaron 'sí' a la medida porque la iniciativa "ya se aplicaba al consistorio" sin estar reglamentada. El portavoz de ERC, Roger Bosch, afirma que se ha "de vallar el paso a la ultraderecha", pero cuando son políticas que pueden favorecer el municipio, "no podemos taparnos las orejas y no escuchar". Un argumento que no satisface la CUP, que ha optado para votar siempre en contra de las mociones de la FNC: "Todo lo que venga de ellos es un insulto hacia la población", apunta Aitor Carmona, portavoz de Alternativa per Ripoll, la marca de los cupaires en el municipio.

El Front Nacional de Catalunya sabe que la fuerza de la extrema derecha independentista ha sido, hasta ahora, residual en Catalunya, y que sin polémicas como la de la reunión con Costa -con ERC reclamando la dimisión del vicepresidente del Parlament- no aspiran a tener ningún tipo de exposición mediática.

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