La gobernabilidad en el Estado

Rumbo a Andalucía: marcha la "mujer con más poder de la democracia"

María Jesús Montero deja el gobierno español sin resolver el sudoku de la financiación autonómica

La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, este miércoles en el Congreso.
25/03/2026
5 min

Madrid"Siempre le gusta recordar que es licenciada en medicina". Es uno de los rasgos que recuerda un exdiputado catalán en el Congreso encargado de los temas económicos cuando se le pregunta qué destacaría de la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ahora que sale del gobierno de Pedro Sánchez. La verdad es que la trayectoria de Montero está marcada por la Sanidad. No solo es médica de formación, sino que los primeros pasos profesionales los dio como gestora de hospitales. Esta, de hecho, fue su puerta de entrada a la consejería andaluza de Salud en el año 2002. Y quizás por eso, Montero vuelve ahora a su tierra natal anunciando que si gana las elecciones –es la candidata del PSOE–, una de las primeras medidas será aprobar un plan para "salvar" la sanidad pública andaluza.

Pero Pedro Sánchez fichó a Montero en el año 2018 no porque dirigiera el ministerio de Sanidad, sino una de las carteras troncales de cualquier ejecutivo español: Hacienda. El caso es que entonces Montero era consejera del ramo en Andalucía –gobernaba Susana Díaz (PSOE)–. La candidata socialista supo cuadrar las cuentas autonómicas a pesar de los estragos de la crisis financiera, pero lo hizo, precisamente, tocando los números de su departamento predilecto, Sanidad, cosa que le supuso recibir fuertes críticas y movilizaciones de los sectores afectados. Más allá del guiño con el susanismo, Sánchez la fichó para hacer lo mismo: controlar el presupuesto del Estado.

"Estoy muy satisfecha [de estos ocho años]", afirmó Montero este miércoles desde el Congreso, durante su última sesión de control al gobierno. La titular de Hacienda ha destacado en reiteradas ocasiones la capacidad de hacerlos sostenibles, sin que ello haya supuesto sacrificar políticas sociales. "Me llevo muchas cosas de estos años", reiteró Montero en declaraciones a los medios de comunicación. La socialista ha puesto el énfasis en la capacidad de diálogo dentro del gobierno (sobre todo durante las etapas de coalición), pero también fuera, con los diferentes partidos políticos. Eso sí, no ha dudado en recriminar la dureza del PP: "Espero que abandone el tono de bronca y deshumanización". "Me voy mucho más sabia", reiteró.

También se marcha habiendo aglutinado mucho poder, como ha destacado ella misma. Además de ministra de Hacienda, Sánchez la nombró portavoz, después vicepresidenta primera, y por tanto número dos del gobierno, y mientras tanto ha escalado posiciones dentro del PSOE. "Quizás ha sido, sin duda, la mujer con más poder en el conjunto de la democracia", ha definido Montero en tercera persona sobre ella misma. Unas palabras que le han costado, de nuevo, los dardos de la derecha: "No es la mujer con más poder, sino la más soberbia de la democracia [...] y la peor ministra de Hacienda", le ha dedicado la portavoz del PP en el Congreso, Ester Muñoz, este miércoles.

Cuadrar las cuentas públicas

A pesar de las crisis sobrevenidas, empezando por la pandemia de la covid-19, el gobierno español ha cerrado el 2025 con un déficit de un 2,5% del PIB, cumpliendo así con su objetivo, pero también con las reglas fiscales europeas. Mientras la deuda pública cerró el año al 100,8% del PIB, el nivel más bajo desde el año antes del coronavirus. Sin embargo, sobre la mesa continúan retos como el de atar las cifras de la caja de la Seguridad Social –el gasto en pensiones continuará al alza los próximos años–; reducir la deuda pública en términos absolutos –también en diciembre registró un máximo histórico de 1,7 billones de euros– o acabar del todo con los agujeros que tiene el sistema tributario español y que académicos y fiscalistas han señalado en reiteradas ocasiones. Aunque ha sacado adelante impuestos extraordinarios a las energéticas, la banca y las grandes fortunas, de momento la revolución fiscal se hace esperar.

Todo ello es trabajo de la cartera que ha pilotado Montero. Por ello hay quien parafrasea la famosa frase de que un gobierno siempre es de coalición –aunque solo lo forme un partido– entre el ministerio de Hacienda, que debe controlar el presupuesto, y el resto de ministerios, que piden recursos. Durante estos años, Montero no solo ha tenido que cuadrar los números para atar los votos de los partidos políticos en el Congreso, sino que también ha tenido que negociar las exigencias de sus compañeros de ejecutivo. Con Podemos y después Sumar, por ejemplo, el incremento de algunas prestaciones, como las de crianza, han supuesto más de un choque.

Con todo, Montero puede decir que ha conseguido contentar a unos y otros en tres ocasiones: desde que Sánchez llegó a la Moncloa en 2018 se han aprobado presupuestos generales del Estado (PGE) en 2021, 2022 y 2023. Las prórrogas presupuestarias han sido, sin embargo, el escenario habitual y Montero se marcha sin haber presentado el proyecto de unas nuevas cuentas para el 2026, tal como se ha comprometido Sánchez.

La financiación autonómica, un sudoku imposible

Pero esta no será la única carpeta sin resolver que le queda a la ministra. Si Sánchez se fijó en Montero también fue para intentar encarrilar una reforma de la financiación autonómica. Para la socialista no era una materia desconocida, sobre todo porque fue Susana Díaz como presidenta andaluza quien en el año 2018 abrió el fuego de la negociación con el entonces presidente del gobierno español, Mariano Rajoy (PP).

En el año 2021 hizo un primer intento con la presentación de un nuevo cálculo de población ajustada, un elemento clave del sistema de financiación a la hora de repartir los recursos. No salió bien y lo ha intentado de nuevo este 2026 impulsada, eso sí, por el acuerdo entre ERC y los socialistas para investir a Salvador Illa. Más allá de tener en cuenta la "singularidad" de Cataluña, la propuesta, que aún no ha llegado al Parlament, supone en términos generales más recursos y peso de las comunidades en IRPF y IVA. Pero Montero ha conseguido contentar a los republicanos a medias: el pulso para que Cataluña recaude todo el IRPF de momento lo ha ganado ella.

Finalmente, en esteall in que confiaba hacer la socialista antes de volver a Andalucía también estaba la condonación de una parte de la deuda autonómica vinculada al FLA, y que ahora se está tramitando en el Congreso. La medida también se acordó con ERC a cambio de investir a Pedro Sánchez. El gobierno español siempre ha cargado contra el PP por rechazar una propuesta que, dice, beneficia también a aquellas comunidades que preside. Andalucía es el territorio mejor parado en términos absolutos (se le perdonarían 18.791 millones), cosa que Montero no dudará en usar como carta en la campaña electoral.

stats