LA GOBERNABILIDAD EN EL ESTADO
Política 21/03/2021

Una semana de efecto dominó que ha sacudido el tablero español

Una moción de censura sin éxito en Murcia origina una concatenación de cambios políticos irreversibles

6 min
Isabel Díaz Ayuso en una imagen de archivo

MadridEn la historia de la política española ya quedará por siempre jamás como precedente que no hay que tumbar la primera ficha del dominó para que caigan las que van detrás, sino que basta con tocarla. La moción de censura del PSOE y Cs en Murcia con la que empezó una semana casi de ciencia-ficción no ha dado frutos, pero ha generado una reacción en cadena irreversible en todo el Estado. Y el tablero político ha quedado sacudido. En ocho días se han concentrado toda una serie de movimientos necesariamente improvisados -que Pablo Iglesias de el salto a la Comunidad de Madrid, por ejemplo-, a pesar de que seguramente algunos se habrían producido a medio plazo, como el relevo en el liderazgo de Podemos o el derrumbe de Cs. Lo que ha hecho la crisis murciana ha sido precipitarlos. Incluso se ha visto salpicada la ultraderecha, que está a un paso de entrar por primera vez en un gobierno, en la consejería de Educación de Murcia.

Se abre la veda

El PSOE y Cs escenifican el acercamiento en Murcia

Todo empieza con la moción de censura que el PSOE y Cs registran en Murcia, bajo el pretexto de la vacunación de un miembro del ejecutivo del PP. En paralelo, hay un motivo de fondo estratégico: huir de la fotografía de Colón. Después de la debacle en Catalunya el 14 de febrero y de no haber podido pactar los presupuestos del Estado, la formación naranja escenifica el acercamiento al PSOE, también deseado por el partido de Pedro Sánchez. Un win-win. Además, Cs obtendría la primera presidencia de una comunidad autónoma. Para poder decir que es un partido que pacta con derecha e izquierda, Cs blinda los gobiernos con el PP de Castilla y León y Andalucía.

La oportunidad de Ayuso

Avanza elecciones, la izquierda reacciona y la justicia decide

No era ningún secreto que a Isabel Díaz Ayuso le molestaba su vicepresidente, Ignacio Aguado, de Cs, ni que su estilo trumpista disfruta de buena prensa en Madrid. El contexto de pandemia frenaba la tentación de avanzar las elecciones pero llegó la excusa perfecta: el miedo más o menos fundamentado de una moción de censura con que el PSOE ha amenazado a lo largo de la legislatura. Ayuso pulsa el botón con el aval de Pablo Casado y disuelve el Parlamento autonómico. Más Madrid y el PSOE reaccionan registrando dos mociones de censura y la justicia acaba decidiendo que prevalecen los comicios. El 4 de mayo, a las urnas.

Hervías y la guerra PP-Cs

Vuelve el transfuguismo con el tamayazo murciano

La fractura entre el PP y Cs, a pesar de aguantar en Andalucía y Castilla y León -donde los naranjas no apoyan la moción de censura del PSOE-, es evidente. La maquinaria de Génova empieza la operación de absorción: el mismo miércoles, 10 de marzo, Teodoro García Egea abre las puertas del PP a los “decepcionados” con Arrimadas. Fran Hervías, hombre fuerte en la antigua dirección de Albert Rivera, cambia de barco tres días después. Antes, el viernes 12, tres diputados de Cs en Murcia hacen revivir el tamayazo y anuncian que se quedan en el gobierno de Fernando López Miras. La moción de censura fracasará.

El transfuguismo vuelve a la primera línea de la política estatal, de nuevo protagonizado por el PP, que ha intentado negarlo y ha dado la culpa a Cs por haber intentado derrocar el gobierno murciano. Con la ruptura entre los dos partidos, la triple derecha deja de ser un bloque compacto y, definitivamente, este espectro político pasa a ser terreno del PP y Vox. El 4 de mayo será un primer asalto en el que Ayuso parte con ventaja, pero planteará un dilema a Casado: ¿formará gobierno con la extrema derecha después de satanizar a Santiago Abascal en el Congreso?

Arrimadas, en el precipicio

La dirección de Cs resiste pero empieza un goteo de bajas

Lunes arranca con el foco puesto en la calle Alcalá de Madrid, donde está la sede central de Cs, que ya le va grande. La autocrítica de Inés Arrimadas por el fracaso en Murcia y la pérdida de la cuota de poder en la Comunidad de Madrid se limita a pequeños retoques en la dirección: Carlos Cuadrado y José María Espejo dejan de ser vicesecretarios pero se mantienen en el comité permanente, que se amplía con la incorporación de líderes territoriales como Begoña Villacís, Ignacio Aguado, el andaluz Juan Marín y Edmundo Bal, entre otros. La idea es que lo haga también el valenciano Toni Cantó, que se queda solo pidiendo la dimisión de la cúpula y una coalición con el PP el 4 de mayo. Si no es posible, como mínimo que Ignacio Aguado no sea el candidato. Indignado, se va de la reunión y anuncia que abandona el partido y el escaño en las Cortes Valencianas, donde el grupo de Cs agoniza.

La semana negra de Arrimadas avanza con un goteo creciente de bajas. El Español publica jueves una fotografía de un encuentro de Hervías con la senadora navarra Ruth Goñi y los alicantinos Emilio Argüeso -senador- y Marta Martín -diputada en el Congreso -. La primera abandona el partido y el segundo es expulsado, pero ninguno de ellos entrega el escaño y ponen en peligro real el grupo propio de Cs en la cámara alta. Martín sí que devuelve el acta del Congreso, mientras que Pablo Cambronero pasa al grupo mixto. Cs conserva, de momento, nueve diputados en la cámara baja.

El mismo jueves, consciente que el partido todavía se puede adelgazar más, Bal intenta dar un golpe de efecto a la cita del 4 de mayo y anuncia que se presenta: 48 horas antes había asegurado que si Arrimadas se lo proponía, se negaría porque quería continuar en el Congreso. Comparece con Aguado, obligado a dar un paso al lado. En juego está entrar en la Asamblea de Madrid -en 2019, Cs obtuvo 26 diputados- y, de paso, conseguir senadores por designación autonómica claves para mantener grupo propio. El día siguiente, el expresidente Ángel Garrido, ex del PP, anuncia el adiós.

Iglesias revienta la partida

Se presenta para el 4-M y designa a Yolanda Díaz como sucesora

La idea de cambiar la política española por la madrileña -a pesar de que la proyección de la figura de Ayuso ha difuminado la frontera- no es original de Bal. Si lunes ya se habían movido suficientes piezas, Pablo Iglesias las hace saltar por los aires anunciando que deja la vicepresidencia española para rescatar Podemos en Madrid. En 2019 la lista encabezada por Isa Serra -el Supremo la podría inhabilitar pronto- obtuvo un 5,6% de los votos y entró por los pelos a la Asamblea de Madrid. Como Cs, las encuestas ahora auguraban dificultades a Podemos para superar la barrera del 5% necesaria para obtener representación.

En principio, la apuesta de Iglesias tendría que servir para algo más que para salvar los muebles, pero el líder de Podemos quiere ganar la batalla de la izquierda y propone a Más Madrid construir una lista única. Si superara el PSOE de Ángel Gabilondo -ratificado como cabeza de filas-, podría aspirar a la presidencia, pero el partido de Íñigo Errejón se niega y presentará a su candidata, Mónica García.

Donde es recibido con entusiasmo el paso de Iglesias es en la Puerta del Sol. Ayuso se roza las manos y da la bienvenida al candidato a la cursa electoral cambiando el lema de “socialismo o libertad” a “comunismo o libertad”. Lunes los dos se acusan de “criminales” y marcan el tono de una campaña que se espera altamente crispada y polarizada. Además, Ayuso se vanta de haber conseguido sacar a Iglesias de la Moncloa.

Una de las noticias políticas del año en España coge al jefe del ejecutivo, Pedro Sánchez, homenajeando al presidente de la Segunda República, Manuel Azaña, en Montalban junto con Emmanuel Macron. En el vídeo en que anuncia la decisión, Iglesias designa quién quiere que le sustituya en el cargo de vicepresidente segundo: la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, a quien encarga también el liderazgo de Unidas Podemos. “Creo que puede ser la futura presidenta del gobierno español”, asegura. En un primer momento, Sánchez acepta que a su socio le corresponde la vicepresidencia segunda, pero martes se acaba pactando que Díaz sea vicepresidenta tercera para que su cartera -de perfil económico- no esté por delante de la titular de Economía, Nadia Calviño.

El control de Sánchez

El presidente erra en Murcia y el 4-M pospone los pactos con el PP

Todo apunta a que los cambios reducirán el ruido de las tensiones internas y, si Iglesias no mueve hilos en la sombra, el peso del PSOE en el gobierno se notará. A raíz de estos días de vértigo, el escenario electoral madrileño probablemente hará aplazar grandes pactos con el PP para renovar el CGPJ y “modernizar” la Corona, así como la reapertura de la agenda catalana. Además, el adelgazamiento de Cs complica la geometría variable en el Congreso. Habituado a la política como partida de ajedrez, Sánchez ha tenido que contemplar cómo se escapaba de su control el efecto dominó originado por el toque de la pieza murciana.

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