Francesc Magrinyà: "Cerdà propondría extender los ejes verdes por toda la ciudad"
Ingeniero de caminos y autor del libro 'Teoría Cerdà'
BarcelonaFrancesc Magrinyà (Barcelona, 1963) es ingeniero de caminos y el principal experto del país en Ildefons Cerdà. Una figura sobre la cual, dice, se ha impuesto durante años un relato incompleto. Para intentar darle la vuelta y coincidiendo con la conmemoración del 150º aniversario de su muerte, acaba de publicar el libro Teoría Cerdà (Universitat Politècnica de Catalunya), un trabajo magno que acerca la obra, pero también el pensamiento, el entorno y la historia del creador del Eixample. Magrinyà es también el comisario de una exposición sobre Cerdà que se podrá ver pronto en Centelles, Barcelona y Madrid.
¿El país estaba en deuda con Cerdà?
— Cuando en 1959 se celebra el primer Congreso Nacional de Urbanismo se pone en evidencia que de ciudades planificadas como Barcelona hay tres o cuatro en el mundo. A partir de entonces se pone mucho en valor el objeto del Eixample y se analiza mucho, pero el problema es que se hace desvinculado del personaje. Faltaba un poco esta mirada de divulgar el pensamiento de Cerdà.
Uno de los estigmas es que el Ensanche de Cerdà es un proyecto impuesto por Madrid.
— Lo que no se dice es que los de Madrid entonces eran catalanes. El momento en que los catalanes tienen más presencia en España es el Sexenio Revolucionario. Hay una generación en la que están Cerdà, Pascual Madoz –navarro, pero diputado por Lérida durante muchos años– y Laureà Figuerola, que son gente que se mueve en la masonería y que tiene la ambición de transformar la sociedad. Es una generación de catalanes vinculada con el proyecto de modernizar España. Estos personajes quedan arrinconados porque por el relato de la Lliga esto no cuadra.
Milà i Fontanals o Puig i Cadafalch son detractores furibundos de Cerdà.
— Pau Milà i Fontanals se dedicaba a desprestigiar Cerdà. En el caso de Puig i Cadafalch, vive la frustración de no poder construir en el Ensanche de la Barcelona burguesa. El proyecto internacional, que encarga a Jaussely la creación de grandes bulevares en el Ensanche al estilo de París, no se llega a aplicar nunca porque lo que se mantiene vigente es la cuadrícula de Cerdà. Esto Puig i Cadafalch lo vive muy mal.
¿Hay una especie de cruzada de los arquitectos contra Cerdà?
— Antes eran los ingenieros militares y los arquitectos quienes decidían la ciudad. En 1851, sin embargo, se crea el ministerio de Fomento, que está todo controlado por ingenieros y que es quien a partir de 1858 y hasta 1868 define la planificación de la ciudad. Para los arquitectos es como si les secuestraran el diseño de la ciudad durante una década.
No lo llevan bien.
— Cerdà es un mecanicista. Él juega al Tetris y los modernistas quieren hacer arte. Son dos contraposiciones del urbanismo. Después también está la crítica de la burguesía.
¿Por qué?
— Porque no ha podido hacer una vivienda de casita con jardín como querría, sino que se la ha colocado en esta estructura de la cuadrícula.
¿Qué hace innovador el Eixample?
— Es el primer tratado moderno del urbanismo mundial. Cerdà diseña la unidad mínima de vivienda: la vivienda como primer elemento fundador de la urbanización y los servicios como causa de esta urbanización, porque la gente se junta porque tiene servicios. Establece unos instrumentos como la cuadrícula, que separa el espacio de la independencia del espacio de la movilidad. Y otra cosa es que hace el sistema de reparcelación.
Sorprende que él, que no llegó a conocer los coches, piense en unas calles de 20 metros de ancho.
— En aquella època el carrer més ample de la ciutat vella és el carrer Ample, que tenia 12 metres. Ell fixa que un carrer mínim n'ha de tenir 20. Ell creu que la locomotora acabarà urbanitzant-se, i vol preparar la ciutat perquè aquest transport convisqui amb el carro, la diligència i el vianant.
Hay quien dice que los ejes verdes son una traición al Ensanche de Cerdà.
— Estos que dicen que la de Cerdà es la ciudad del coche no son seguidores de Cerdà. Porque él no se moja por una forma, se moja por unos principios. Y los principios es que cada nodo de transporte tenga su espacio. Él quería urbanizar lo rural y ruralizar lo urbano, y eso implicaba introducir el verde en la ciudad. Yo creo que hoy Cerdà propondría extender la red de ejes verdes por toda la ciudad.
¿Qué más haría Cerdà hoy?
— Cerdà volvería a plantear sus principios al orden del día de hoy. Por lo tanto, lo que diría es que hagamos una legislación para que haya vivienda. Porque la necesidad primera para la urbanización es tener vivienda. En resumen: reorganizar el sistema de vivienda y hacerlo accesible; reorganizar el transporte y hacerlo accesible, y tener acceso al verde.
¿Aumentaría la densidad en el Ensanche?
— Es un error continuar creciendo. Tenemos que reorganizar la ciudad, pero no a escala municipal sino a escala metropolitana o regional. Y a partir de aquí hacemos una política de este territorio. Nosotros tenemos que rehacer sobre lo existente. Antes era la reparcelación para extender, ahora tenemos que hacer contribuciones para reordenar los espacios y dar los mínimos necesarios para la buena convivencia, para tener vivienda y para tener equipamientos distribuidos de manera fractal –otra de las grandes aportaciones de Cerdà– con sistemas de comunicación. Si Barcelona es hoy una de las ciudades importantes de Europa es porque tiene el Ensanche, que hace que haya comercio, haya talleres y haya residencia.
¿Esto está en riesgo?
— Yo creo que el Eixample está al final de una época. Las políticas extractivas y de desposesión ponen en peligro que aquellas condiciones mínimas de la calidad de vida, que es un buen aislamiento y una buena capacidad de relación con equipamientos, se puedan continuar dando. Hoy la vivienda se ha convertido en un bien de intercambio. Esto es lo que desestabiliza las ciudades de todo el mundo.