Turismo
Sociedad  /  Barcelona 20/05/2022

El crucero más grande del mundo (y 12 más), este fin de semana en Barcelona

La ciudad ya ha recuperado el tránsito prepandemia y Colau abre el debate sobre una posible limitación

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BarcelonaLas nueve de la mañana de este viernes y llega, puntual, el cuarto crucero que quedará amarrado hasta el anochecer en Barcelona. Mañana, desde primerísima hora, habrá cinco. Y el domingo uno menos, pero la cantidad de viajeros que bajarán podrá ser incluso más alta, porque se espera que el Wonder of the seas, el crucero más grande del mundo (tiene capacidad para 7.000 pasajeros y 2.300 tripulantes), haga una de las 26 salidas que tiene programadas este año desde el puerto de la ciudad. En total, trece cruceros en un fin de semana. La actividad crucerista empieza a recuperar las cifras prepandemia, cuando menos en cuanto a los barcos que vienen y van diariamente, a pesar de que, según fuentes del Puerto, todavía no llegan tan llenos como lo hacían años atrás (Royal Caribbean, que es quien opera el barco más grande, puntualiza que ahora la ocupación se sitúa en torno al 75% y que se confía llegar al 100% entre julio y agosto). Los 13 que pasan este fin de semana por el puerto de la ciudad suman una capacidad máxima de 58.000 personas entre pasajeros y trabajadores.

La cifra concreta de cruceristas que pisan Barcelona no está disponible hasta un mes después y, hasta finales de abril, la ciudad había recibido 220.316, menos de la mitad de los que lo hicieron el último año prepandémico en el mismo periodo. Pero la temporada alta apenas empieza este mes: durante mayo se prevén 125 escaleras, una veintena más de las que hubo en el mismo mes de hace tres años (104).

La sucesión de estas grandes embarcaciones en el puerto y las imágenes del humo saliendo de sus chimeneas (sobre todo, esta semana que se debatían medidas como un posible peaje para circular por Barcelona ) también han reabierto el debate sobre la sostenibilidad de este tipo de turismo, que antes del covid traía a unos tres millones de personas al año a la ciudad, que es líder europea del sector.

Barcelona recupera el ritmo de cruceros

La otra cara de esta posición son la contaminación y las aglomeraciones turísticas en puntos no muy alejados del mar; sobre todo, el Gótico. Según un estudio precovid de la ONG Transport and Environment (T&E), Barcelona es la ciudad europea más castigada por la contaminación derivada de los cruceros: el puerto europeo con más azufre, óxidos de nitrógeno (los temidos NOx, que tienen en su punto de mira los vehículos diésel) y también micropartículas contaminantes. Y esto vuelve a hacer sentir con fuerza las voces de los que creen que la ciudad podría prescindir de este tipo de turismo –que, según defendía la exconcejala de Ciutat Vella, Gala Pin, depreda el espacio público como una "plaga de saltamontes"–. Y a la vez también vuelven las opiniones que indican que el problema no es el cuánto sino el cómo, y apuestan porque haya más cruceros de los que empiezan y acaban en la ciudad (ahora son el 60%) y menos de los que hacen parada y solo dan unas horas a los turistas para andar por Barcelona, que es lo que también aprobó el pleno del Ayuntamiento.

Discrepancias internas

Y, como siempre cuando se habla del turismo, el de los cruceros no es un tema que genere consenso entre socios de gobierno en el Ayuntamiento. La alcaldesa de la ciudad, Ada Colau, ha elogiado la limitación que aplica Palma, donde desde este año no pueden coincidir más de tres cruceros en un solo día y solo uno con capacidad para más de 5.000 pasajeros, y ha avanzado en una entrevista a Ràdio 4 que planteará una regulación de este tipo para Barcelona a la Generalitat y el Estado. Consultado por este diario, el regidor del área de Turismo, el socialista Xavier Marcé, se opone a medidas de decrecimiento y defiende estrategias centradas en priorizar a los cruceristas que empiezan y acaban el viaje aquí: "A la ciudad no le interesa del mismo modo alguien que pasa seis horas y prácticamente no gasta ni hace vida que el turista que se aloja en un hotel y pasa más días en la ciudad antes de embarcarse". Y también hay, asegura, que ni bajan del barco, pero que quedan incluidos en el cómputo final.

Pasajeros esperando para embarcar, ayer por la tarde.
La terminal de cruceros del Port de Barcelona.

El regidor de Turismo defiende un plan de actuación con tres líneas: priorizar los cruceros que usan la ciudad como puerto base, gestionar mejor las visitas que hacen los cruceristas que deciden bajar del barco con la idea de proponerles atractivos fuera del centro o garantizar que no van a lugares sin tener la entrada y plantear cambios en las paradas de los buses que los recogen para que no los dejen en la parte baja de la Rambla sino en puntos menos céntricos como Montjuic o la Estació del Nord. Lo mismo que repite para el conjunto de la estrategia turística: descentralizar .

“Entre el puerto, la ciudad y la industria turística local hemos sabido crear las condiciones para atraer de nuevo el mejor turismo de cruceros de la Mediterránea en Barcelona", elogia el presidente del Puerto, Damià Calvet, en cuanto a las perspectivas de recuperación. Desde el Puerto también aseguran que se están haciendo pasos para hacer más sostenible la convivencia con los cruceros. Por ejemplo, acoger cruceros más nuevos (la mitad de los que atracarán en la ciudad tienen menos de diez años), desestacionalizar las llegadas e intentar que los cruceristas contraten excursiones que los lleven más allá del centro, o cumplir el acuerdo firmado con el Ayuntamiento en 2018. Según este pacto, se concentrarán todas las terminales de cruceros en el muelle adosado, que está más lejos de la ciudad, y se permitirán dos de nuevas y más grandes para sustituir las que quedaban junto al World Trade Center: una de las nuevas es la que tiene que construir MSC y la otra la que quiere asumir Royal Caribbean.

Un problema de cantidad

Pero las entidades vecinales y ecologistas, como la Asamblea de Barrios por el Decrecimiento Turístico (ABDT) o la Plataforma por la Calidad del Aire, critican también este plan, porque denuncian que las nuevas terminales tendrán capacidad de acoger barcos más grandes que las antiguas y lamentan que el modelo actual no es sostenible. "No hemos aprendido nada del covid, tendríamos que haber usado este paréntesis para decidir un cambio de modelo y no ha pasado nada de esto. Lo que vivimos ahora es todavía más grave que lo que teníamos antes", dice Dani Pardo, del ABDT, convencido de que no hay ninguna solución que no pase por una "reducción radical de una industria que no se sostiene de ninguna de las maneras".

Pardo argumenta que fomentar los cruceros que tienen el puerto de la ciudad como base es una "trampa más" para no encarar el "problema real", que entiende que es el volumen de pasajeros que llegan cada día: "Esto no va de la calidad del turismo, sino de cantidad y de concentración en un mismo espacio".

Y Maria Garcia, de Ecologistas en Acción, también critica que se proyecten nuevas terminales que podrán acoger barcos más grandes y pone el foco en la necesidad de forzar el cambio hacia combustibles menos contaminantes, cosa que va en la línea de la propuesta de crear en el Mediterráneo una zona de control de las emisiones de óxidos de azufre (SOx) que tiene que discutir la Organización Marítima Internacional (OMI) y que se prevé que entre en funcionamiento el 2025. "La regulación llega muy tarde y creemos que también tendría que incluir las emisiones nocivas de nitrógeno", lamenta. Con todo, en la actual situación de crisis climática, considera que lo que tendría que empezarse a discutir es la eliminación del turismo de cruceros: "Si el replanteamiento del turismo masivo es urgente, el primero que tendría que caer son los cruceros".

Qué perdería Barcelona sin los cruceros

Un estudio hecho desde la Universitat de Barcelona (UB) –a partir de los datos del año 2016– cifró en 1.083 millones de euros el impacto económico de los cruceristas en la ciudad. De este total, 619 millones se atribuyen al gasto directo que hacen los cruceristas, pero también las navieras y la tripulación, y 464 millones son el gasto que se estima que se genera de manera indirecta. La otra gran cifra que recoge el informe es la de los puestos de trabajo que genera este sector: los cifra en 9.056 en el conjunto de Catalunya y 6.809 específicamente en Barcelona.

El estudio determina que el 4% de los creueristes no bajan del barco y que el 21%, a pesar de embarcar o desembarcar aquí, no llegan a visitar la ciudad y hacen un gasto mediano de 25 euros. El 48% sí que hacen la visita, pero no pernoctan en la ciudad – gastan unos 57 euros–, y los que sí que hacen estancia, el 27%, pasan 2,8 noches en Barcelona y dejan 230 euros por persona. Organizaciones ecologistas como la Plataforma por la Calidad del Aire, sin embargo, dan "poca credibilidad" a este estudio, que consideran "parcial" al ser un encargo del mismo Port de Barcelona, y denuncian que la mayor parte de los beneficios se los quedan las navieras.

La regulación de Palma, bajo la lupa

Palma se ha convertido este año en el primer puerto del Estado que limita la llegada de cruceros. Según el pacto que sellaron el Govern Balear y los representantes de las navieras, se permiten un máximo de tres al día y solo uno de estos puede tener un aforo superior a los 5.000 pasajeros. Y el cómputo total de cruceristas no puede superar ninguna semana la media diaria de 8.500. La Plataforma contra los Megacruceros, a pesar de elogiar que fijar este tope es un paso adelante, critica la manera como se ha aplicado y pide decretar una moratoria durante la cual solo pueda llegar un crucero cada día y que sirva para hacer todos los estudios necesarios para poder establecer cuál tendría que ser el límite. "Queremos elementos de juicio reales para poder decidir cuál es el máximo de cruceros que podemos acoger. El tope de los tres nos parece aleatorio", denuncia Margalida Ramis, de la Plataforma contra los Megacruceros, que añade que no ven sostenible en ningún caso acoger grandes embarcaciones como el Wonder of the seas, el más grande del mundo, que ya ha hecho parada este año en Palma. 

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