Sociedad

Nosotros con nosotros: Cadaqués se une para preservar su hablar salado

El aislamiento geográfico del pueblo ampurdanés ha mantenido viva su particular variante dialectal, pero hoy está en peligro de extinción

El pueblo de Cadaqués se une para preservar su hablar salado.
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CadaquésAdmirado por su belleza singular, el pueblo de Cadaqués se resiste a perder uno de los rasgos distintivos más preciados por los vecinos y que les hace sentir más orgullosos: su particular habla salada, con un vocabulario y unas expresiones tan genuinas que es considerado una variedad dialectal con nombre propio: el cadaquesense. A pesar de que es uno de los pueblos marineros del litoral gerundense donde más se ha conservado el habla salada gracias en buena parte a su aislamiento geográfico, Cadaqués tiene cada vez más difícil la preservación de su singularidad lingüística por culpa del poder uniformizador de las redes sociales, de la presión del turismo, de la inmigración y de los cambios demográficos. "Si el catalán está en peligro, ¡imagínate el cadaquesense!", alerta el filólogo Pep Vila, autor del libro Paraulari de Cadaqués.

Intentar salvar el habla de Cadaqués es una lucha de David contra Goliat, pero, a pesar de saberse en el bando más débil, los vecinos del pueblo no dan la batalla por perdida. Desde hace unos años, el pueblo se une para preservar el patrimonio lingüístico que han heredado de padres y abuelos, reforzando el secular espíritu del "nosotros con nosotros", que en este pueblo de tan difícil acceso los vecinos han cultivado para ayudarse mutuamente ante los peligros y las adversidades.

"Yo también hablo cadaquesenc"

Con este espíritu nació el grupo de Facebook "Yo también hablo cadaquense", con más de 1.200 usuarios, donde se debate sobre el significado de palabras como barrofar o se pueden leer descripciones como esta, de la cadaquense Marga Duran: "En ca la Daniela, una vez matamos una gallina. Mi abuela también vivía en la calle Unión. Cogimos una gallina del patio y fuimos a ca la Daniela. Una vez allí, en medio de la tienda, sacó una cesta, una aguantaba la gallina y la otra le cortó el cuello. Guardaron la sangre para hacer tortillas. Yo era muy pequeña y me quedé muerta". Es uno de los valiosos retazos de memoria lingüística (y también de una forma de vida) en vías de extinción que se recogen en la red social de este grupo. 

Cartel en una casa de Cadaqués donde se reivindica el hablar propio de la población.

Un paseo por el pueblo, conversando con los responsables de los establecimientos de toda la vida, entre ellos el Casino L'Amistat, punto de congregación tanto de vecinos como de forasteros, permite constatar que el cadaquense no ha apagado su voz, a pesar de que es habitual que los hablantes lo sustituyan por el catalán estándar cuando se dirigen a alguien que no es del pueblo por miedo a que no les entiendan. No es el caso de vecinos que ejercen de cadaquenses de forma militante y reivindicativa, como el activista cultural Pere Vehí, propietario del mítico Bar Boia, hoy cerrado, o el patrón del velero Sant Isidre, que muestra el cabo de Creus a los turistas a través de una ruta a lo largo del litoral. "Soy un cadaquense de pura cepa y os hablaré en salado", advierte a los participantes en la travesía.

El Casino L'Amistat de Cadaqués.

Un concurso para transmitir el cadaquense a los niños

Que no se pierda este orgullo de "ser y hablar cadaquense" entre la población más joven es el objetivo de iniciativas como Gent salada, el programa de Ràdio Cap de Creus (la emisora local de Cadaqués) que desde hace once años convoca a los niños de la villa a un concurso en el que se premia al equipo que más sabe sobre Cadaqués y su variante lingüística. En colaboración con la Escola Caritat Serinyana, el programa consigue cada año la participación de una cincuentena de niños de cuarto a sexto de primaria, a los cuales, desde el curso pasado, se han sumado los de segundo y tercero de primaria. "Fueron ellos los que nos lo pidieron, y se lo han tomado con tanta ilusión y empuje que han quedado por delante de algunos equipos de niños más grandes", explica Lluís Gispert, que conduce el programa junto con Marga Duran y Lídia Kontos.

Participantes en la edición de este año del concurso 'Gent salada'.

Según Gispert, entre los participantes hay niños que ya hablan en casa, pero otros que desconocen incluso el catalán porque acaban de llegar de fuera de Cataluña, muchos de ellos desde Bolivia, origen de una de las comunidades de inmigrantes que más crecen en Cadaqués. "Todos se toman el concurso con gran interés. Compiten como si fuera la Champions y cuando pierden algunos lloran a lágrima viva", reconoce Gispert. Para él, la tarea de preservación del cadaquesense que se hace a través del programa es importante porque se dirige al segmento de la población que debería tomar el relevo de padres y abuelos y evitar que el hablar de Cadaqués tenga los días contados. "Estamos ganando una batalla, pero me temo que la guerra la tenemos perdida. Si el catalán está en peligro, el cadaquesense tiene aún menos posibilidades de sobrevivir", admite.

Desde la escuela, la maestra Ester Faixó, de 50 años, no es mucho más optimista, pero ella no desfallece y trabaja activamente para hacer presente tanto como puede, en el aula y en el patio, lo que ella llama "nuestro hablar". De 16 alumnos que tiene en clase, solo seis hablan en cadaquense en la escuela, porque es la variante dialectal que utilizan en casa con la familia. "En clase yo hablo a los alumnos en cadaquense porque es mi hablar y me sale así", asegura. Al mismo tiempo que procura que el cadaquense esté presente en la escuela, Ester se esfuerza también por concienciar a todos los alumnos catalanoparlantes de que no cambien al castellano cuando se dirijan a los niños recién llegados, "ya que eso no les ayuda a aprender la lengua del país de acogida".

El salat se usa en la escuela para comunicaciones de los docentes dirigidas a los padres, en la revista de fin de curso, en los Juegos Florales o en carteles para anunciar actividades escolares como el intercambio de libros por Sant Jordi. Es un grano de arena, minúsculo pero necesario, que se suma a los que aportan iniciativas como el programa Gent salada o las convocatorias de la Societat L'Amistat para que los vecinos propongan palabras, expresiones o dichos cadaquenses para imprimir en los sobres de azúcar que se sirven con el café en los establecimientos de la villa.

Una situación muy diferente es la que dibuja hoy el filólogo Pep Vila, autor del

Duran apela también al sentimiento de orgullo de los de Cadaqués a la hora de mantener su hablar cuando se dirigen a personas de fuera del pueblo. "Tenemos que concienciarnos de que nos entenderán igualmente si no pasamos al catalán estándar", dice la concejala, que anuncia para otoño la creación de un Consejo de Sabios para la preservación de la memoria histórica del pueblo, incluido su patrimonio lingüístico.

La opinión de los filólogos

Estudiada y recogida por la filóloga Ernesta Sala en diversos volúmenes, entre ellos el titulado El parlar cadaquesenc, el habla cadaquesenca no tiene una normativa gramatical y una misma palabra puede tener diversas variantes habladas o escritas según quién la use.

En su libro, Ernesta Sala documentó miles de palabras y expresiones del cadaquesense extraídas de la expresión oral. Cuando se publicó el libro, en 1983, Sala aseguraba que estaba convencida de que la manera de hablar de Cadaqués "no está a punto de desaparecer, sino que continúa bien viva". "Lo que sucede es que cuando los hablantes se dirigen a un forastero ya no lo utilizan o, más bien dicho, lo asimilan al empordanés, debido, como ya se sabe, a la a menudo absurda reacción, la mayoría de las veces burlesca, de tantos forasteros que se extrañan de oír una manera de hablar diferente de la suya", escribía Sala.

Una situación muy diferente es la que dibuja hoy el filólogo Pep Vila, autor del Paraulari de Cadaqués, donde recoge unas 2.000 palabras recogidas de la expresión escrita. Para Pep Vila, que trabaja ya en un segundo volumen que complementará el primero, el hablar propio de este pueblo está herido de muerte por la fuerza homogeneizadora de la tecnología, la televisión y otros medios de comunicación, por la inmigración y por la falta de normativas de protección del catalán y de sus variantes dialectales. Según Vila, el cadaquesense sufre, además, la pérdida de vocabulario asociado a la pesca y la agricultura, en clara regresión ante la apuesta por el turismo. Vila elogia las iniciativas que han surgido en el pueblo para preservar su hablar, pero asegura que son del todo insuficientes en un contexto en el que incluso el catalán está en peligro. "Los vecinos de Cadaqués quieren vivir en cadaquesense, y yo quiero vivir en Girona en catalán, pero desafortunadamente no puedo", lamenta.

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