Los guardianes de la calle de los meados

Vecinos de La Barceloneta se organizan contra el incivismo de los botellones

Barcelona“¡Pst! ¡A seguirlo!”, dice Nuri Escurriol, sin levantar mucho la voz, al grupo de siete vecinos que hacen guardia en la acera. Les señala un joven que anda por el medio de la calle con un vaso de plástico en la mano. “Todos pasan con el vaso. Meará y no se le caerá”. Los vecinos murmuran y están a la expectativa: antes de dar ningún paso se esperan para ver cuál de las tres calles de la mano derecha coge el chico del vaso. Pero él se da cuenta de que lo están observando y decide marcharse. “Al final no. ¡Pero a eso iba!”, asegura convencida Escurriol. Ella se ha erigido en la portavoz de los vecinos de tres calles de la Barceloneta que, según explican, desde mayo sufren el incivismo de los botellones, sobre todo las meadas en el portal de casa y el ruido.

Son la una y media de la madrugada del sábado, pero el dispositivo de hoy no es una excepción. Cada noche bajan a la calle a partir de medianoche y hasta “las dos o las tres”. Se reparten las guardias en grupos de 10 o 12 vecinos que viven en las calles Sant Miquel, Sant Elm y del Mar. El objetivo principal es “vigilar que no vengan a mear”. El funcionamiento es sencillo: los vecinos se sitúan en el extremo de las tres calles que llevan a la playa de la Barceloneta –lo denominan el punto cero–para controlar la gente que se acerca. Cuando ven a alguien sospechoso de entrar en una de las calles para ir a mear, defecar, vomitar o drogarse, los vecinos lo siguen. “¡Esto no son wáteres!”, le exclaman.

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La respuesta que obtienen no acostumbra a ser agradable. “Un inglés de dos metros le dijo psicópata a mi marido”, recuerda una vecina. A otro vecino, que desde el balcón había increpado a unos que meaban, le lanzaron las bolsas de basura que sacaron de un contenedor. “Pocos piden perdón. La mayoría te insulta y te hace frente. Incluso nos han pegado”, afirma Escurriol. También les han lanzado botellas y les han roto interfonos: “La impotencia es muy grande”. Los participantes de los botellones, que “no saben pasar por la calle sin gritar”, van cargados con bolsas de plástico donde llevan la bebida y de vez en cuando también pasan con globos del gas de la risa. “Beben tanto” que no paran de mear, dice Escurriol, que los denomina “zombis” que se mueven en grupo.

“Sucio y abandonado”

Algunos de los vecinos de la Barceloneta que bajan a la calle cada noche son del barrio “de toda la vida”. Escurriol nació hace 58 años y asegura que este verano ha sido “extraordinario”. Llorenç, que hace 52 años que vive en el barrio, lo ve “insoportable, sucio y abandonado”. “Es turismo de botellón y no se puede dormir, porque se quedan hasta las cinco o las seis de la madrugada”, añade. Los vecinos explican que, a pesar de que algunos participantes son “de aquí”, a la playa van muchos turistas extranjeros: franceses, ingleses y alemanes. Los franceses también se desplazan en coche y lo aparcan sin ningún pudor en las plazas reservadas para los residentes. Por todo ello echan de menos más patrullas policiales, puesto que lamentan que no ven.

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Fuentes del Ayuntamiento de Barcelona admiten que son conscientes de las molestias y que por eso han reforzado el número de agentes, tanto uniformados como de paisano, en la Barceloneta. El consistorio defiende el dispositivo conjunto entre la Guardia Urbana y los Mossos d'Esquadra en las zonas de la ciudad donde hay más botellones. Las fuentes municipales recuerdan que no es un fenómeno nuevo y dicen que el operativo policial se irá graduando los próximos fines de semana. Los vecinos, que también se quejan de la delincuencia nocturna –sobre todo los robos–, confían que el consumo de alcohol en la playa acabe disminuyendo. “Ya ha bajado un poco en septiembre”, reconoce Escurriol, que aun así está sorprendida por el hecho de que en octubre los botellones se mantengan tan intensos.

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“El verano del año pasado fue gloria en la Barceloneta”, recuerdan los vecinos, que en los meses de después del confinamiento más duro disfrutaron de una tranquilidad inusual que se ha desvanecido. Ahora esto contrasta con las galerías de fotos de jóvenes meando que coleccionan en el móvil: “Nos está afectando. Son muchas noches”.

Fecha de regreso de las discotecas

Mientras continúan los botellones, todavía no está claro a partir de qué día las discotecas podrán reabrir del todo en Catalunya. Se ha especulado que sea este viernes, 8 de octubre, a pesar de que las patronales del ocio nocturno están a la espera de tener una reunión con el Govern en la que se concrete la fecha, y también cómo se tendrá que pedir el certificado covid. La Generalitat ha insistido que la reapertura obligará exigir el pasaporte covid –para saber si se está vacunado– para entrar en las discotecas, un sistema de control que el Govern ultima y que necesitará la autorización del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC).