"En Ceuta costará que vuelva la normalidad"
Una hormiguera de jóvenes migrantes recorren cabizbajos el paseo marítimo, la mayoría sin saber dónde pasarán la noche
CeutaLos últimos rayos de sol en Ceuta calientan como si fueran los del mediodía. Caminar por el paseo marítimo, bordeando las playas de la Ribera o el Chorrillo, es notar cómo la humedad del mar se pega a la piel. Al fondo, la luz del día se va ocultando tras la silueta de Marruecos. Enseguida, sin embargo, también es ver un hormiguero de jóvenes migrantes, chicos en su inmensa mayoría, caminando cabizbajos. Otros contemplan el mar por el que han llegado a Ceuta. En los ojos de la mayoría se lee el cansancio de quien no duerme bien desde hace días. De quien no sabe dónde dormirá. La vestimenta que llevan es prácticamente idéntica: chanclas, pantalón corto o bañador y una camiseta. Los más afortunados llevan un móvil o una botella de agua en la mano. Otros no llevan nada. Casi todos, sin embargo, estuvieron entre 3 y 4 días sin comer desde que llegaron.
Es el caso de Mourand, originario de Marrakech. Tiene 19 años. Llegó nadando el jueves pasado, el mismo día que miles de personas –mayoritariamente marroquíes– cruzaron la frontera de Marruecos hasta territorio español. Está sentado en el muro del paseo marítimo, contemplando el mar y los últimos bañistas del día; ciudadanos de Ceuta que intentan recuperar su rutina, también turistas que buscan tranquilidad, aunque sea cosmética, después de días de tensión. No domina mucho el inglés ni el francés. Tampoco el español. Optamos por recurrir a un traductor en línea catalán - dariya, el dialecto del árabe que se habla en el norte de Marruecos, para entendernos. Así puede explicar que cruzó la frontera espoleado por los mensajes que inundaban las redes sociales, pero que estuvo tres días sin comer. "Fueron tres días horribles", explica.
Ahora se ha podido recuperar un poco. Fue uno de los pocos afortunados que pudo llamar a su madre para decirle que estaba bien con un teléfono prestado. Pero no tiene intenciones de rehacer el camino a casa: confía en poder ir a España para buscar “un contrato de trabajo”. Pero todavía no sabe cómo hacerlo. Lo único que tiene claro es que no quiere volver a Marruecos, donde asegura que es imposible ganarse la vida. Que el sueldo en su país es bajo. De momento, se siente solo. En Ceuta no tiene mucho círculo porque, dice, la mayoría de migrantes vienen de Castillejos, Tetuán o Tánger, ciudades más próximas a la ciudad autónoma.
“En Ceuta costará que vuelva la normalidad”, me dice Rayan. Pasea con su amiga Mariem. Se van a la playa para acabar el día. Son ceutíes de padres marroquíes. “Es imposible dar todo lo que necesitan. No tenemos recursos”, denuncia. Las jóvenes explican que en algunos barrios se han organizado haciendo grandes ollas de comida para repartirla entre los jóvenes; también que algunas casas incluso han abierto las puertas para que puedan ducharse o ir al lavabo. "No hay lavabos públicos, ¿dónde tienen que hacer sus necesidades?", se pregunta –justo ahora las autoridades han empezado a instalar duchas en las playas.
Le entristece ver jóvenes deambulando, perdidos, sin saber a dónde ir dentro de su ciudad. De momento, el gobierno español y el de Ceuta solo han habilitado un colegio donde habrá 100 niñas y está previsto que este viernes se abra el segundo. El tiempo, sin embargo, ya corre si se tiene en cuenta que el curso escolar empieza en septiembre. Muchos otros menores no acompañados, que se encuentran sobre todo en el barrio de El Príncipe, esperan ser acogidos. “La frontera era un lugar donde entrabas y salías diariamente. Ibas a Marruecos y volvías. Hoy es algo muy diferente”, lamenta. La realidad lo avala: todavía cada pocos metros hay un coche 4x4 de la Guardia Civil patrullando o miembros de la Policía Nacional y el ejército paseando.