Prisiones

Siete suicidios y un crimen: ¿qué está pasando en las prisiones catalanas?

Los centros penitenciarios acumulan en pocos días incidentes graves mientras se acercan al límite de su capacidad

26/09/2026 - 16:42 h.

BarcelonaEn los últimos días las prisiones han encadenado diversos incidentes graves. La semana pasada un interno de Mas d'Enric condenado por asesinato huyó durante una salida programada a Tarragona. Un preso de Quatre Camins mató a su compañero de celda y otro interno de la misma prisión se suicidó. Su muerte es la séptima por suicidio en las prisiones catalanas este año, una más que en todo el año pasado. Todo ello, en un momento en que la población penitenciaria va al alza y los centros se acercan al límite de su capacidad.

Fuentes del departamento de Justicia admiten preocupación por la situación, si bien remarcan que los incidentes de los últimos días no están interconectados. Desde el departamento también explican que el hecho de que haya más internos implica más tensiones en los centros, aunque aseguran que no ha crecido el número de agresiones de presos a funcionarios, a diferencia de lo que se desprende de los datos del departamento publicados por el ARA, que señalan que durante el 2025 se registraron 677 agresiones, cinco veces más que hace una década.

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Según el catedrático de psicología de la violencia Antonio Andrés Pueyo, la sobreocupación no es causa directa de ningún incidente en concreto. "Cuando son tan graves son extremadamente infrecuentes. Los crímenes en prisión se cuentan con los dedos de una mano y no necesariamente van asociados a un empeoramiento general, aunque muchas veces se mezclan con problemas de funcionamiento de menor gravedad", valora. El experto indica que el diagnóstico no es un problema en concreto, sino que se suman muchos factores que provocan "un incremento de malestar, de peleas a pequeño nivel, pero que incomodan mucho, sumado a la falta de recursos". Una situación, sin embargo, que se cuece dentro de las instalaciones, que es poco visible para la ciudadanía y que, a estas alturas, no ha adquirido una dimensión política equiparable a la tensión que se vive en ellas.

Pueyo también advierte que la solución "es la pescadilla que se muerde la cola y que nadie sabe muy bien cómo resolver". A su parecer, deberían estar implicados cambios legislativos para favorecer que las condenas pequeñas se cumplan en semilibertad, cambios en la atención a los internos con adicciones y problemas de salud mental y que los tribunales dictaran más condenas que no impliquen entrar en prisión. "Son cambios lentos, y es un triángulo que se retroalimenta. Siempre se han acabado aumentando las penas, haciéndolas más largas, y esto acaba colapsando los sistemas penitenciarios. Ahora estamos aquí y no es fácil de resolver: estas medidas se tienen que planificar antes, no cuando tienes la tormenta encima".

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Más presos y más roce a roce

Desde Justicia aseguran que ahora también hay menos agresiones entre internos, tanto casos graves como leves: si en 2022 las agresiones graves eran 3,1 por cada 1.000 internos, el año pasado la tasa fue de 2,5; y la tasa de agresiones leves entre internos ha pasado de 7,5 en 2022 a 4,1 por cada 1.000 presos el año pasado. Las mismas fuentes apuntan que en las prisiones se estudian mucho las posibles incompatibilidades entre los presos para evitar que compartan espacios o celda, y recuerdan que el gobierno trabaja para ampliar las plazas en las prisiones, con más módulos que estarán disponibles a partir de 2028. De hecho, el aumento de población en las prisiones está incluso por encima de las previsiones que había hecho el departamento, según fuentes de Justicia.

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Pero el departamento también señala un aumento de las autolesiones: desde principio de año ha habido 36 casos graves, más del doble que en 2025, y 606 casos leves, que también superan los 510 del año pasado. Según Pueyo, el hecho de que el día a día en los centros sea o no más complejo depende de factores como "la configuración de la población y la realidad diaria de sobreocupación, que no solo significa falta de espacio sino también mucho roce". Aunque fuentes de Justicia descartan que exista una correlación entre la tasa de suicidios y el número de internos, Pueyo considera que la situación de sobreocupación "termina en situaciones en las que la violencia aumenta y todo esto tiene consecuencias sobre los internos y los funcionarios": "No solo provoca que tengan que dormir dos o tres presos en una misma celda, que todavía no es así, sino también muchas dificultades en el día a día".

El director del Observatorio del Sistema Penal y Derechos Humanos de la Universidad de Barcelona, Iñaki Rivera, coincide en que hay un aumento de las tensiones en los centros. "Hace tiempo que alertamos de que estamos ante un grave deterioro de las condiciones carcelarias", dice quien también es portavoz de la Red Derecho y Prisión, una plataforma que aglutina a una decena de entidades de derechos humanos. Entre los factores a los que atribuye esta escalada de tensión están las contenciones mecánicas, los cambios para conseguir un trabajo dentro de la prisión, y el aumento de la población reclusa.

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Rivera también alerta de un "endurecimiento de las medidas de carácter regimental pedidas por los sindicatos" tras el asesinato de 2024 de una cocinera de la prisión de Mas d'Enric. Como reclamaban en las protestas tras aquel crimen, los funcionarios también han alcanzado este año la condición de agentes de la autoridad, que les da presunción de veracidad en los procedimientos administrativos como las sanciones a internos y les da más protección legal ante una agresión.

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Multirreincidentes y presos preventivos

Entre los factores que contribuyen a una tensión más elevada dentro de los centros, Pueyo también apunta a un cambio de perfil de los internos. En este sentido, cree que ha influido "el éxito del plan de choque contra la multirreincidencia", como también el cambio legal que facilita la prisión preventiva por acumulación de hurtos leves. "Los multirreincidentes que antes no iban a prisión ahora van. Es un perfil de preso que no es comparable a un homicida o un violador, por ejemplo, pero tienen las mismas necesidades residenciales y atención por parte de los funcionarios", plantea.

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Además del tipo de delitos que los han llevado a prisión, el psicólogo también señala la incidencia del hecho de estar en prisión preventiva y no cumpliendo una condena. Según Pueyo, un penado tiene cierta conformidad con la prisión, porque sabe cuánto tiempo de condena tiene por delante y en qué condiciones está. "Esto los preventivos no lo tienen y generalmente tampoco siguen los programas de tratamiento propios de las prisiones", concluye.