Justicia

Agresiones en las prisiones: cinco veces más a funcionarios y el doble entre internos

A pesar del refuerzo de la plantilla, el número de trabajadores no ha crecido al mismo ritmo que la población penitenciaria

Entrada al centro penitenciario de Brians 2, en Sant Esteve Sesrovires, en una imagen de archivo.
Lola Medina Cirera
29/08/2026 - 08:03 h.
4 min

BarcelonaLas agresiones dentro de las prisiones catalanas se han disparado en los últimos diez años, en paralelo al aumento de la población penitenciaria y a una plantilla que no crece al mismo ritmo. Según datos del departamento de Justicia a los que ha tenido acceso el ARA, 265 trabajadores han sido agredidos desde principios de año, mientras que durante el 2025 se registraron 677 agresiones –699, según los sindicatos–, cinco veces más que hace una década. En el mismo período, los incidentes también se han duplicado entre los internos hasta los 1.983 el año pasado (véase gráficos).

Hace una semana, unas 200 personas de la Asociación Marea Azul Prisiones se concentraron a las afueras del centro penitenciario de Brians 2 exigiendo mejoras de seguridad para los trabajadores después de que una visitante al centro presuntamente amenazara de muerte, agrediera y mordiera a una trabajadora de comunicaciones. “No puede volver a pasar”, gritaban. Pero aquel mismo día, un interno agredió a tres trabajadores en el patio del centro. Ambos incidentes elevan el número de agresiones a funcionarios hasta las 265.

Los hechos en Brians 2 han vuelto a poner sobre la mesa un tema que inquieta a los trabajadores de centros penitenciarios: su seguridad. El año pasado se registraron más de 600 agresiones a trabajadores en Cataluña, el máximo jamás registrado. La mitad, concentradas entre las prisiones de Brians 1 y Brians 2. Esta cifra multiplica por cinco el número de incidentes registrados hace diez años (115). Además, se han duplicado las agresiones entre internos: el año pasado, se registraron 1.983, doblando las 986 registradas de 2016.

“Necesitamos un refuerzo de la plantilla de trabajadores”, reivindica Alberto Gómez, responsable de prisiones del CSIF en Cataluña. En los últimos años, ha habido un aumento notable de internos en las prisiones catalanas, pasando de los 7.713 en el año 2022 a los 9.472; es decir, un 23% más. Aunque el número de trabajadores también ha aumentado, lo ha hecho en menor proporción y a un ritmo más lento (+13%). De hecho, el desequilibrio se refleja en la ratio de personal: en 2022 había 2,39 internos por cada trabajador, mientras que en 2025 la proporción había subido hasta los 2,52.

Todo ello, denuncian los sindicatos, aumenta las agresiones y las autolesiones y reduce el control sobre las entradas y salidas. “Tienes menos capacidad para responder ante cualquier incidente”, explica Montse Balaguer, portavoz de la UGT Presons. Según los datos, un factor tensionante también es el cambio de perfil de interno que se ve en los centros: ha disminuido un 5% la proporción de presos de tercer grado –los que tienen un régimen de semilibertad– y ha incrementado un 3% la proporción al régimen ordinario –segundo grado–, es decir, los que duermen en el centro cada día.

Capacidad para 10.000 internos

Según los sindicatos, esta modificación del tipo de interno ha tensionado los centros y contribuye a la sobrecarga de las prisiones, ya que hay un mayor volumen de personas en los módulos ordinarios. “Necesitamos replantearnos hacia dónde van las prisiones”, reiteraba Gómez.

Atendiendo a los datos, sin embargo, las prisiones en Cataluña no están saturadas. De hecho, el sistema podría acoger casi medio millar más de internos, ya que tiene una capacidad de hasta 10.000 plazas. La cuestión, sin embargo, va más allá de las camas: es la necesidad de disponer de profesionales penitenciarios, desde vigilantes hasta psicólogos y trabajadores sociales. A parecer de Balaguer, el número óptimo de internos en Cataluña oscila en torno a las 8.000 plazas. “Todo lo que pase de aquí es tensionar los equipos de tratamiento y de vigilancia”, subraya.

El Govern es consciente de la problemática y subraya que en 2024 se aprobó la incorporación de 407 funcionarios de interior, mando penitenciario y vigilancia a los centros. Aun así, solo se han absorbido dos tercios del aumento de presos desde 2022. Es decir, la plantilla está creciendo, pero no lo suficientemente rápido para absorber el ritmo del aumento de la población penitenciaria. “Necesitamos dimensionar las plantillas en tiempo real”, argumenta Balaguer.

El ejecutivo también ha puesto en marcha un refuerzo de las medidas de seguridad de los trabajadores, especialmente después del asesinato de Núria, la cocinera de la prisión de Mas d'Enric en 2024. En enero de este año se aprobó una ley en el Parlament que convirtió a los funcionarios de prisiones en agentes de la autoridad; una medida que les otorgaba presunción de veracidad, así como la misma protección judicial que la de los policías.

Además, el gobierno puso en marcha en octubre programas de detección de drones e inhibidores de telefonía y escáneres corporales para reforzar la seguridad de los trabajadores que se han empezado a implementar este año como parte de un proyecto que durará hasta 2028. “Somos conscientes de que se deben reforzar programas y que trabajamos en esta línea”, admiten en el ARA fuentes del departamento de Justicia.

Se triplican las autolesiones

Otro de los datos gubernamentales especialmente delicados es el aumento exponencial de las autolesiones dentro de las prisiones. Desde principios de año, se han registrado 606 autolesiones leves y 36 graves; un incremento del 50,4% y del 305%, respectivamente, desde 2021. Según explica Balaguer, lo que hay dentro de las prisiones es un reflejo de “la sociedad en la que vivimos”, y que igual que en el exterior han aumentado los problemas de salud mental, también lo han hecho “dentro de los centros penitenciarios”.

De hecho, en junio de 2024, el gobierno puso en marcha el RECVI y la UIC, dos programas temporales para abordar conductas autolesivas y la incidencia de los internos con un riesgo extremo de conducta violenta en las prisiones. Aunque tanto Balaguer como Gómez ven con buenos ojos los programas piloto, continúan mencionando las cifras alarmantes de internos con trastornos mentales y la persistente falta de recursos para hacerles frente. “El interno psiquiátrico no está bien atendido”, concluye Balaguer.

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