Incendio
Sociedad 12/12/2022

Malvivir en una trastienda: "Mi vida se ha quemado, lo he perdido todo"

La familia de María, con dos menores, perdió el piso en un incendio hace 15 días y pide un alquiler social

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La Maria y su nieta  al local donde viven

Barcelona"Todas las desgracias me pasan a mí". Es la sensación que tiene María después de un mes fatídico. Llegó de Bolivia hace 16 años y era "feliz". Tiene 48 años, trabaja con un contrato laboral atendiendo a personas mayores y tiene a su familia en casa, hasta ahora en un piso en la calle Rosselló de Barcelona. Su hijo, su nuera, sus dos nietos y una prima. Se tenían que apretar el cinturón para llegar a final de mes, pero iban tirando. Por el camino había habido obstáculos, como una dura separación con su ex pareja, pero estaba bien. El primer mal presagio de este cúmulo de desgracias fue una moto. Un ciclomotor que la atropelló hace un mes y que le ha dejado fuertes dolores. Fue este dolor lo que le hizo levantarse a las cinco de la madrugada del martes 29 de noviembre. Buscaba calmantes y vio fuego, unas llamas que ya cubrían una cómoda del comedor y se expandían rápidamente.

María nos muestra su carné de identidad, una de las pocas cosas que pudo recuperar del incendio

Lo intentó todo. Agua, trapos mojados... pero las llamas solo crecían y a María cada vez le dolía más el brazo, todavía resentido del atropello. Llamó a los bomberos y pidió auxilio. "Gritaba muy fuerte por la escalera, pero nadie contestaba". Normalmente eran seis en casa, pero aquella noche solo estaba su nuera, Cati, y su nieta Kimberley. Las fue a buscar y las sacó del piso. "Busqué extintores en las zonas comunes, pero no había", relata. Quiso ir a su habitación a buscar sus gafas porque no veía nada, pero le cayó una lámpara en llamas encima. "Me caí al suelo y no me podía mover. Pasé mucho miedo". Se pudo levantar y salir. Solo quedaba esperar a los bomberos.

La trasladaron al hospital para tratarla por la inhalación de humo. El escenario que se encontró al volver a casa era desolador. Cenizas y más cenizas: "Mi vida quemada. Lo he perdido todo", explica sin poderse aguantar las lágrimas. Se desmorona cuando habla de los álbumes de fotografías que no podrá volver a hojear, una virgen de Urkupiña a la que no podrá volver a rezar y unos vestidos tradicionales de Bolivia que nunca más se podrá volver a poner. También se le habían quemado los ahorros, que guardaba en efectivo. Le quedaba la familia, estaban todos bien, pero sin un lugar donde ir y con una corta lista de conocidos a los que llamar.

Solidaridad en la escuela

Los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona les ofrecieron un albergue. María explica que no podía llevar a sus dos nietas de siete años, que no habrían estado bien. Además, añade, solo se podían quedar tres días. Su hijo trabaja en Mercabarna y su jefe tiene varias fruterías. Les dijo que en uno de estos locales había unos bajos vacíos que habían sido unas oficinas. Han pasado allá las últimas diez noches –una noche no podían abrir la puerta y se acabaron dispersando por algunos pisos de conocidos–. A final de mes tienen que irse. No es un espacio habitable, ni mucho menos. Cuando llegaron solo había cuatro sillas, algunas pizarras blancas todavía con los últimos apuntes de los que habían ocupado las oficinas antes de la mudanza y una decena de estanterías vacías. Es grande y frío, difícil de calentar y sin camas. La colaboración de los padres de la escuela de sus nietas ha sido fundamental: gracias a ellos vuelven a tener ropa, colchones, comida y algunos electrodomésticos, entre los cuales tres calefactores que colocan cerca de la cama cuando van a dormir.

María frente al local donde vive

Esto no ha impedido que estén todos resfriados. Sobre todo Kimberley, que los últimos días casi no tenía voz. Cuando llega del pediatra, coge unos folios y se pone a dibujar. ¿Quién es? "Es la protagonista de una serie para adultos". ¿Quién? "Miércoles Addams". ¿Y puedes ver la serie? "Solo con mi madre". De vez en cuando se levanta y va a una cómoda, que abre con delicadeza. Hay muchas muñecas. Se las han dado sus compañeros de clase, porque las suyas se quemaron. Igual que el calendario de adviento que hacía días que quería comenzar. Ahora tiene uno nuevo que corona la cómoda.

Contratos

Al cabo de unos días, María volvió al piso quemado. La inmobiliaria la acabó de hundir: "Me dijeron que debía 6.000 euros. ¡Yo lo he pagado siempre todo!", exclama enfadada. Y le ofrecieron un acuerdo: ella firmaba la disolución del contrato y le perdonaban esta deuda, que ella reitera que no existe. A disgusto lo aceptó, pero se encontró, de nuevo, con otro despropósito: "Me dijeron que tenía que contratar un contenedor para vaciar todo el material quemado. Yo, con un dinero que no tengo. ¿Cómo lo hago?", se pregunta indignada.

Cati, la nieta de María, en el dormitorio

Mientras tanto, las gestiones se le acumulan en la mesa y da vueltas por todas las inmobiliarias de Barcelona preguntando por pisos baratos. En el Ayuntamiento ha pedido un alquiler social, pero de momento el consistorio ha aprobado tramitar ayudas de alimentación y de ropa. María explica que solo les han llamado una vez, para ir a buscar conservas. Los días pasan y le come la angustia porque teme que cada vez se le hará más difícil encontrar una salida.

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