Proponen que los alumnos catalanes no hagan inglés de manera intensiva hasta los 8 años
Un informe de Equitat.org alerta que el nivel alcanzado durante la escuela se desploma en la secundaria, sobre todo en centros complejos
BarcelonaDesde hace ya unos años, saber inglés se ha convertido socialmente en una competencia clave, no solo para relacionarse, sino para tener más oportunidades educativas y laborales. La preocupación porque los niños puedan llegar a tener un buen dominio del idioma ha provocado incluso que se vaya adelantando la edad en que comienzan a aprender inglés hasta el inicio de la escolarización, cuando tan solo tienen tres años. "La investigación nos demuestra, sin embargo, que el hecho de empezar antes no comporta automáticamente una ventaja significativa", explica la profesora e investigadora en lingüística aplicada, Elisabet Pladevall Ballester. Este es el balance que hace el informe Por qué nos cuesta tanto el inglés? de Equitat.org –el nuevo nombre de la Fundació Bofill–, que expone que el mejor escenario sería poder intensificar la enseñanza del inglés a partir de los ocho o nueve años, y no antes.
Pladevall Ballester, que ha liderado el estudio, detalla que el factor determinante no es el número de años que lleva un alumno estudiando el idioma, sino que cuando lo empiece a hacer cuente con las bases lingüísticas necesarias para poder progresar. "Un buen aprendizaje de las lenguas primeras, como es el catalán en nuestro caso, ayuda después a consolidar otras", señala la investigadora, que añade que "es mejor que sea a partir de ciclo medio que se alcancen los primeros objetivos lingüísticos con el inglés y que se intensifiquen a partir de ciclo superior con un equilibrio del aprendizaje teórico y el habla".
Según Pladevall Ballester, es cuando no se tienen en cuenta estos factores que la manera de aprender se convierte en poco efectiva, a pesar de llevarse a cabo desde una edad muy temprana. En este sentido, el informe concreta que entre 6º de primaria y 4º de ESO, el alumnado con bajo rendimiento casi se ha duplicado, y ha pasado de un 14% a un 25%. "El hecho de que el modelo de aprendizaje sea reiterativo cuando llegan a la ESO genera un cansancio en el alumnado a la hora de aprender la lengua", apunta Pladevall Ballester. Un factor que recogen de la misma manera los resultados de las pruebas de competencias básicas del curso 2024-2025, que demuestran que, aunque el alumnado cursa de media diez años de inglés, Cataluña suspende en esta lengua al final de la ESO, con 69 puntos. Para dar por lograda la competencia, hay que alcanzar como mínimo 70 puntos.
Brecha socioeconómica
Además, Equitat.org alerta que los resultados de los centros complejos son más bajos y que la diferencia del nivel de inglés según la complejidad de la escuela se amplía con el tiempo. En cuanto a las competencias básicas, los centros de alta complejidad sacan 15 puntos menos en primaria y 17 puntos menos en secundaria respecto de los de baja complejidad. "Cuando acaban la ESO, un 20% de los alumnos obtienen la calificación de no alcanzado, pero esto aún sorprende más cuando se ve que, por el contrario, más de un 25% del alumnado obtiene una calificación de excelente", destaca Pladevall Ballester.
Así, la investigadora que lidera el informe detalla que existe una desigualdad en el aprendizaje del inglés. Según datos del estudio, cerca de un tercio de los niños hacen extraescolares de inglés, la mayoría de oferta privada, lo que genera una brecha socioeconómica en el acceso a actividades para aprender la lengua fuera del horario lectivo. Por ello, la entidad propone poder impulsar un programa público de extraescolares de inglés para centros en entornos vulnerables que genere igualdad de oportunidades.
De hecho, la iniciativa es una de las siete medidas que Equitat.org plantea para garantizar que todo el alumnado alcance los niveles estándares europeos, y que supondrían una inversión estimada de hasta 58 millones de euros anuales a desplegar gradualmente. Además del programa para reducir la brecha socioeconómica, también prevén poder actualizar el sistema de evaluación actual, definir un documento con objetivos y estándares curriculares para la lengua inglesa o ampliar los auxiliares de conversación, entre otros.